México, en el marco de conferencias del PO en la casa de Trotsky y la Universidad

La masiva concentración de El Zócalo y la crisis en desarrollo

Foto: FB Grupo de Acción Revolucionaria de México

Hemos tenido el privilegio de participar, junto a la compañera Lidia Sarmenti (también del PO y del Plenario de Trabajadores Jubilados, PTJ) en dos actividades públicas organizadas por el Grupo de Acción Revolucionaria (GAR) en la Ciudad de México.

El domingo 2 de marzo, en el salón del Museo de la Casa de León Trotsky, en una mesa junto a los compañeros Isaías y Arturo Bravo del GAR, ante una cuarentena de compañeros.

Tres días más tarde, el miércoles 5 de marzo, en la Universidad Pedagógica de México (UPM), en una mesa compartida con Diego de la dirección del GAR y la compañera Nikte Segovia, responsable del círculo militante en este frente. Lo hicimos en este caso en un anfiteatro logrado gracias a la gestión del profesor Luis Jorge Alvarez Lozano, quien estuvo presente -e intervino con sus preguntas- en la actividad que contó con la asistencia de casi cincuenta compañeros, con presencia mayoritaria de estudiantes de esta unidad académica.

En ambas actividades encontramos gran apoyo a la lucha que libra el Polo Obrero de Argentina contra los ataques del gobierno de Milei. Gran avidez por conocer cómo es que Milei ganó las elecciones y, más aún, cómo es que se mantiene en el poder, a pesar de los ataques que desarrolla contra las masas trabajadoras y explotadas. En mi intervención expliqué cómo el nacionalismo burgués peronista-kirchnerista allanó con su política de sumisión a los “ajustes” fondomonetaristas contra el pueblo trabajador, el camino al ascenso del régimen mileista. Que es apoyado por la casi totalidad de la clase burguesa (incluyendo el peronismo) en sus ataques a las condiciones de vida de las masas. La burguesía aguanta sus “excentricidades” reaccionarias, porque considera que se trata de una oportunidad histórica de enfrentar y hacer retroceder las conquistas del movimiento obrero y popular. En este apoyo está también la burocracia sindical de las centrales obreras (CGT, CTA), subordinada políticamente al nacionalismo burgués peronista, que ha establecido pactos con el régimen mileista. La resistencia obrera y popular es amplia (con grandes movilizaciones del movimiento docente-estudiantil universitario frente a los ataques de reducción presupuestaria, etc.) pero no logra coordinarse. Explicamos también la lucha que libra nuestro PO por terminar con este régimen reaccionario y de choque contra los trabajadores y la izquierda (¡Fuera Milei!) a través del desarrollo de la acción directa de las luchas obreras y populares, de la huelga general y las manifestaciones políticas de masas.

El centroizquierdismo mexicano representado por el gobernante Morena, liderado por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador y ahora continuado por la nueva presidenta Claudia Sheinbaum, ha venido realizando un trabajo de cooptación entre militantes de la izquierda y los movimientos de lucha (derechos humanos, sindicales, de la mujer, etc.) introduciendo gran confusión entre el activismo, desmoralización y un reflujo de las luchas independientes. Hubo mucho interés en ver cómo el PO había enfrentado en Argentina la labor confusionista y la cooptación del kirchnerismo. También sobre la caracterización del Frente de Izquierda (FIT) que hemos constituido con sectores de la izquierda en Argentina y las diferencias que tiene el GAR con los grupos morenistas que actúan en México. El GAR ha venido evolucionando y se está sumando a las iniciativas contra la guerra imperialista que el PO junto a organizaciones militantes de Europa y América Latina, viene realizando. Participó del plenario online realizado el 25 de enero último. Ahora, en abril, realizarán su congreso partidario y piensan, según manifestaron, votar sumarse al Foro Antirrepresivo internacional convocado para ese mes y a la Conferencia Internacional contra la guerra imperialista que se realizará en junio próximo en Nápoles (Italia).

En próximas notas profundizaremos sobre estas temáticas.

Pero México está entrando en un período turbulento de crisis que preanuncia grandes cambios políticos. La ofensiva del presidente yanqui, Donald Trump, de imponer fuertes aranceles a las exportaciones, golpea fuertemente a la economía mexicana. Peligran  alrededor de un millón de puestos de trabajo de empresas instaladas en territorio azteca que exportan su producción a los EEUU. La gran mayoría de estas empresas son filiales subsidiarias de los monopolios yanquis (en especial en el rubro automotor e informático). El 80% de las exportaciones mexicanas van dirigidas al norte imperialista. México está integrado al tratado de “libre comercio” (T MEC), junto a EEUU y Canadá, que se extiende hasta el 2026. Pero Trump quiere forzar, ahora, una “renegociación” de los términos del mismo. Se trata de una política proteccionista que busca disminuir el desbordado déficit fiscal y de la balanza comercial norteamericana  y favorecer a las empresas instaladas en el propio territorio norteamericano. En materia de comercio internacional, EEUU tiene un déficit de casi 180 mil millones de dólares anuales con México. Con la excusa de la lucha contra las drogas (fentanilo), Trump pretende cambiar esta relación. Extraoficialmente se dice que la actual proporción de “libre comercio” que plantea que los productos deben tener un 75% de producción integrada entre los tres países, Trump pugna por llevarla al 85%, sumándole que el 50% debiera ser directamente yanqui. También se propone terminar con los “desvíos” de las inversiones chinas y europeas a través del llamado nearshoring, instalación de empresas en territorio mexicano para beneficiarse con las cláusulas de libre exportación a través del T MEC hacia los EEUU. Lo que impulsado, oportunamente, por las empresas norteamericanas, ha venido siendo crecientemente utilizado por capital europeo y chino (algo similar está sucediendo con Canadá).

La presidenta Sheinbaum y el Morena han lanzado una campaña a favor de la “Unidad Nacional” para unir a todo el pueblo mexicano junto a su gobierno, en la negociación frente a Donald Trump. Campaña que ha sido apoyada por la burocracia sindical (la charrista y la “progre”), la gran mayoría de los partidos burgueses y las cámaras empresarias, incluyendo a las patronales yanquis instaladas en territorio mexicano. En este marco, Sheinbaum convocó a una concentración popular en el Zócalo, la gran plaza frente a la Casa de Gobierno, para el domingo 9 de marzo. La misma se llenó con alrededor de 300 mil mexicanos, movilizados mayoritariamente por el Morena. Pero si alguien esperaba algún tipo de llamado antiimperialista o de movilización popular, salió decepcionado. El discurso de Sheinbaum fue el de insistir en una política de diálogo” con Trump, que presentó como “triunfante” porque habría llevado al levantamiento del aumento del 25% de los aranceles aduaneros contra la exportación mexicana. “Prevaleció el dialogo y el respeto”, dijo la presidenta. Esta se había allanado a todas las exigencias de Trump de reforzar la presencia militar mexicana (10 mil soldados se sumaron) en la frontera para bloquear el paso de inmigrantes de Centroamérica hacia los EEUU. “Con diálogo respetuoso, siempre se puede lograr respeto”, afirmó, colocándose abiertamente en el campo imperialista norteamericano en la guerra comercial que está desarrollando la potencia norteamericana contra China y Europa. “Estamos en el mejor momento para convertir a nuestra región en la más importante del mundo, y competir así con otras regiones. La gran mayoría de las empresas que exportan bienes de aquí a los EEUU son de allí”, recalcó -y reconoció. La presidenta había anunciado que en caso de no haber acuerdo con Trump, anunciaría en la Asamblea “Informativa” del 9 de marzo, en el Zócalo, las medidas alternativas que iba a implementar su gobierno. Pero consideró, triunfalmente, que se había impuesto el “dialogo” y se auto congratuló por la “unidad nacional” gestada en torno a su gobierno.

Pero… no es así. Fueron las propias empresas yanquis, especialmente las automotrices, las que obligaron a Trump a reconsiderar la aplicación del 25% de arancel a sus envíos al mercado norteamericano. Y el miércoles 12, solo 3 días después, entró en vigencia el arancel para las exportaciones de acero y aluminio de México a los EEUU. El 2 de abril, debiera entrar a regir este arancel a las explotaciones agropecuarias, particularmente de frutas, que en su casi totalidad van al mercado yanqui.

El gobierno sigue negociando con las cámaras patronales qué medidas adoptar ante la imposición efectiva de esta ofensiva trumpista, que pretende imponer su concepción del MAGA (Make América Great Again: Hagamos Grande América Nuevamente). El dirigente de la bancada del derechista PAN, en la Cámara de Diputados, planteó que se están estudiando “medidas de protección a la industria”, para que “existan mecanismos que permitan al Ejecutivo hacer frente a cuando suceda un imprevisto arancel, para poder generar los incentivos al interior del país y que las grandes armadoras no estén cada mes pensando si se van o no de México” (La Razón, 5/3). Se refiere, lógicamente, a subsidios y desgravaciones impositivas del gobierno del Morena, a la disminución de salarios y conquistas del pueblo trabajador y, eventualmente, a una devaluación monetaria, que licuaría aún más el salario y “estimularía” las ganancias de los exportadores.

Hasta aquí, la política “nacionalista” de Sheinbaum es defender a muerte el T MEC, que ha integrado la economía mexicana al diktat de los monopolios yanquis. La crisis del sistema imperialista está empujando a los extremos de Trump, que con la antesala de esta guerra comercial, va gestando las condiciones para una guerra mundial abierta. Las burguesías nacionales de los países no imperialistas se van amoldando a este curso reaccionario. Es lo que hizo la burguesía argentina, con el pacto Roca-Runciman en la década del 30 del siglo pasado, uniendo en el marco de la crisis mundial la economía nacional a la libra esterlina y el rumbo del imperialismo británico. Y lo que pretende hacer Milei ahora.

Sería un grave error para la izquierda subordinarse a la “unidad nacional” que propugna Sheinbaum. No es antiimperialista: su pseudo nacionalismo es el de la burguesía imperialista instalada en México en alianza con la entregada burguesía nacional mexicana, entrelazada a la primera. “No estás sola”, era la consigna impulsada por los agitadores del Morena en el Zócalo. Pero el camino de entrega de Sheinbaum debe ser rechazado: la crisis no la deben pagar los trabajadores, sino el capital imperialista y sus socios nativos. Hay que enfrentarlos en unión con los obreros y campesinos de América Latina, que sufren similares ataques y explotación sobre sus condiciones de vida. Nacionalizar (expropiar sin pago) la industria energética, bajo control obrero; no pagar la deuda externa; etc.

Una declaración que el GAR habría distribuido entre sectores que marchaban al Zócalo el domingo 9, planteaba en su título: “Romper con el T MEC”. Es necesario enfrentar la integración “imperialista” de México en la América del Norte dominada por yanquis y canadienses y luchar, estratégicamente, por la unidad socialista de América Latina, que se forjará en la lucha revolucionaria de los pueblos contra el coloso rector del sistema imperialista. El GAR llama a rechazar la “unidad nacional” con el gobierno centroizquierdista, pseudo nacionalista.

El 18 de febrero, en mitad de la crisis de los aranceles, el gobierno Sheinbaum ha lanzado una reforma antiobrera de la ley del ISSSTE (sistema de salud) aumentando las cuotas que los trabajadores deberán aportar (no así los patrones). Esto ha originado, junto a otros reclamos salariales y previsionales, una oleada de huelgas docentes bastante fuerte (hemos filmado a instancias del GAR un video de apoyo del PO a esta lucha). Este es el camino a seguir. Como dice la declaración del GAR: “luchar, vencer, obreros al poder”.

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