Otan 3.0: El nuevo orden bélico y la supervivencia de Erdoğan-Derya Koca

Cumbre en Ankara

Veintidós años después, la Otan se ha reunido una vez más en Turquía. En el marco de la nueva dinámica creada por el declive histórico de la hegemonía estadounidense, estamos asistiendo al resurgimiento y la reorganización de una alianza que fue declarada "en muerte cerebral" en 2019. Este nuevo periodo requiere socios subimperialistas regionales como Erdoğan, así como un reparto mucho mayor de la carga que supone el aumento del gasto militar.

De la "muerte cerebral" a la reorganización

Los acontecimientos en la escena internacional desde 2019 han permitido a la Otan reorganizarse y protagonizar un vigoroso regreso. El más significativo de estos acontecimientos ha sido la guerra en Ucrania. Gracias al enorme apoyo militar prestado a Ucrania, la guerra se trasladó de hecho al territorio ruso. La expansión de la Otan también continuó: Macedonia del Norte se incorporó en 2020, Finlandia en 2023 y Suecia en 2024. Candidatos más polémicos, como Bosnia y Herzegovina, Georgia y Ucrania, siguen a la espera.

Al presentar la llegada de una guerra abierta a las fronteras de Europa como una campaña política urgente, las clases dominantes europeas han comenzado a restablecer el servicio militar obligatorio. El servicio militar obligatorio ya ha vuelto en Estados de primera línea como Dinamarca, Letonia y Lituania. Polonia también ha incluido su reintroducción en la agenda política, mientras que en Alemania continúan los acalorados debates.

La consecuencia más importante de la guerra en Ucrania ha sido su transformación en un proceso que obliga al imperialismo europeo a restablecer la cohesión y la coordinación internas. Estados Unidos vivió esta misma realidad de forma dolorosa durante la guerra con Irán. Al no haber conseguido el nivel de apoyo que esperaba de los gobiernos europeos respecto a Irán y tras sufrir un revés político, Washington ha llegado a reconocer que tiene un interés directo en reforzar la unidad y la cohesión internas de la Otan.

Esto no significa que los intereses de Estados Unidos y las potencias europeas estén plenamente alineados. Desde el estallido de la guerra en Ucrania, la Unión Europea (UE) se ha visto sumida en una crisis económica cada vez más profunda, al tiempo que se ha vuelto cada vez más dependiente en ámbitos críticos como la inteligencia, la energía y la tecnología. Al mismo tiempo, los países europeos siguen manteniendo amplios vínculos comerciales y de inversión con China. Además, la UE carece de la capacidad política y económica para aplicar una de las principales exigencias de Trump: romper las relaciones comerciales con Pekín. En resumen, aunque China se ha convertido en el principal adversario estratégico de Washington, no ocupa la misma posición en la jerarquía de prioridades de la UE.

El hecho de que China controle 57 de las 65 tecnologías críticas del mundo ha creado nuevas formas de dependencia y superioridad tecnológica, lo que convierte este asunto en una de las principales preocupaciones de la Otan. La cooperación entre las potencias occidentales en ámbitos como la inteligencia artificial, la producción de semiconductores y las tecnologías espaciales se ha convertido, por tanto, en una prioridad estratégica fundamental, un punto que se refleja explícitamente en la declaración de la Otan. La declaración afirma: "Hoy, en Ankara, anunciamos más de 50 000 millones de dólares en nuevas adquisiciones de defensa; nos comprometemos a ampliar la capacidad de producción conjunta y a acelerar la innovación mediante una cooperación más estrecha con la industria. Seguiremos eliminando las barreras al comercio de defensa entre los aliados y aprovecharemos al máximo las asociaciones de la Otan para maximizar la cooperación industrial en materia de defensa y la capacidad de producción".

En otras palabras, la Otan hace hincapié en que la disuasión dependerá cada vez más de las capacidades militares de alta tecnología y de inversiones a gran escala en estos sectores.

En resumen, estos acontecimientos están obligando al bloque occidental a funcionar con mayor cohesión y a actuar de forma colectiva.

Alianza con potencias subimperialistas

La legitimidad de la Otan durante la Guerra Fría se basaba en la defensa del orden mundial frente a lo que denominaba la "amenaza comunista" y, en última instancia, frente al desafío revolucionario de la clase trabajadora. Hoy, sin embargo, el objetivo central del imperialismo es la contención de China y la reconfiguración de regiones como América Latina y Oriente Medio. En Irak y Siria, se derrocaron regímenes a costa de millones de vidas, y la región se reconfiguró sobre la base de la supremacía incuestionable de Israel. En Venezuela, Maduro fue secuestrado. Cuba sigue sometida a un bloqueo brutal. En Oriente Medio, el imperialismo estadounidense continuará su agresión para asegurar la subyugación de Irán, el último eslabón importante que queda del legado contradictorio del siglo pasado. Inmediatamente después de que se hiciera pública la declaración de la cumbre de la Otan, Trump dio otra orden de bombardear Irán cuando aún se encontraba en Ankara.

La reestructuración regional requiere actores regionales capaces de llevarla a cabo. Como frente sur de la Otan, Turquía ocupa una posición estratégica que une Europa con los principales focos de tensión en Irán, Ucrania y el Mar Negro. La observación de Donald Trump de que había "venido a por Erdoğan" fue, por lo tanto, mucho más que un gesto diplomático rutinario. La relación refleja intereses estratégicos mutuos. Washington ya no quiere librar sus guerras regionales en solitario. En su lugar, busca un modelo en el que la carga financiera y militar se comparta con sus aliados, mientras que los socios regionales asuman una mayor iniciativa. Erdoğan, plenamente consciente de las ventajas que esto supone para las propias ambiciones subimperialistas de Turquía, busca obtener el máximo beneficio estratégico, comercial, militar y político posible de este proceso.

Tras haber cumplido fielmente las funciones que se le asignaron, Turquía reforzó significativamente la posición de los Estados sionistas al permitir el suministro de energía, combustible, material militar e inteligencia desde sus bases militares mientras los palestinos eran sometidos a un genocidio. De hecho, tan pronto como comenzó la Cumbre de la Otan, Erdoğan reafirmó el apoyo continuado de Turquía a Ucrania.

A cambio, Trump anunció que se levantarían las sanciones de la Caatsa. La evidente satisfacción de Erdoğan ante el anuncio fue llamativa. Poco antes de la cumbre, se desestimó el caso del Halkbank, vinculado a la supuesta elusión de las sanciones contra Irán y en el que estaban implicadas personas cercanas a Erdoğan. Las imágenes de Trump elogiando efusivamente a Erdoğan se emitieron durante días en las televisiones turcas. Al mismo tiempo, siguen sin resolverse las cuestiones de los sistemas de misiles S-400 de fabricación rusa adquiridos por Turquía pero nunca activados, y de los aviones de combate F-35 que Turquía pagó pero nunca recibió. Washington aún no ha dado un paso definitivo, en gran parte porque Israel sigue oponiéndose a que el Congreso apruebe la decisión sobre los F-35.

El orden internacional basado en normas establecido tras la Segunda Guerra Mundial ha dado paso hace tiempo a una era en la que el poder por sí solo determina los resultados. A medida que Trump reasigna recursos militares a regiones estratégicas con el objetivo de contener a China, depende cada vez más del apoyo de sus aliados regionales. Mediante esta estrategia, Washington pretende contrarrestar el dominio de larga data de China en la industria manufacturera y la tecnología avanzada con la superioridad militar que Estados Unidos aún posee.

La clase dirigente de Turquía es pro-Otan

La clase dirigente de Turquía ha sido históricamente pro-Otan y proestadounidense. Esta orientación no es en absoluto exclusiva de Erdoğan. Tampoco la tradición política islamista que él representa ha roto jamás con esta alineación estratégica. A pesar de la retórica antiisraelí que domina hoy la política nacional, Erdoğan intentó convertir la Cumbre de la Otan en un gran espectáculo diseñado para generar legitimidad internacional y apoyo económico, compensando así su creciente debilidad política en el país.

Uno de los componentes de este espectáculo fue una intensa campaña de represión que se saldó con el encarcelamiento de cientos de socialistas. Para silenciar las voces contrarias a la Otan, se prohibieron todas las manifestaciones y reuniones en Ankara durante trece días. Se llevaron a cabo redadas domiciliarias en operaciones al amanecer en docenas de ciudades de toda Turquía, y la policía lanzó operaciones dirigidas contra socialistas, sindicalistas, periodistas, académicos y activistas de izquierda implicados en la campaña contra la Otan. Cientos de personas fueron detenidas y arrestadas. La represión abarcó desde un joven cómico socialista hasta activistas ecologistas de edad avanzada.

Como parte de estas medidas de ley marcial de facto, se llevaron a cabo redadas en los domicilios de miembros del SEP en tres ciudades diferentes. Tras permanecer detenidos durante días acusados de pertenecer a una organización armada ilegal, tres miembros fueron puestos en libertad bajo supervisión judicial, con la obligación de presentarse en una comisaría cinco días a la semana, mientras que otro miembro del SEP fue encarcelado. Cientos de personas siguen entre rejas.

Erdoğan teme profundamente a los socialistas que están organizando a los trabajadores y a la juventud. El país está sufriendo un grave empobrecimiento, acompañado de una creciente ira social. Hace dos años, una generación joven y políticamente dinámica desencadenó una oleada masiva de protestas y se resistió a los esfuerzos del gobierno por aplastar a la oposición. Sin embargo, para Erdoğan, que espera asegurarse futuras victorias electorales reprimiendo a la oposición burguesa y eliminando a sus rivales políticos, la prioridad estratégica es la represión de la clase trabajadora. Bajo la presión de la crisis económica, los salarios se han visto continuamente mermados en términos reales, lo que ha avivado el descontento generalizado de la población. Durante más de una década, no se ha permitido que ninguna huelga industrial importante en Turquía se llevara a cabo sin la intervención del Estado. En estas condiciones, Erdoğan busca la salvación a través de un fuerte respaldo internacional, con el objetivo no tanto de reforzar su propia posición interna como de debilitar a sus oponentes y, de ese modo, seguir gobernando como un autócrata elegido.

Tras la ola de represión llevada a cabo con el pretexto de la Cumbre de la Otan, existe una expectativa generalizada de que Erdoğan lanzará otra gran operación contra el líder de la principal oposición, Özgür Özel. Sin embargo, Özel, cuyo partido se ha convertido a su vez en blanco de esta ofensiva autoritaria, se presenta como un aliado de la Otan más fiable que Erdoğan. Sus críticas a la cumbre no se dirigen a los planes bélicos de la Otan, sino al hecho de que «la Cumbre de la Otan se celebra mientras el candidato presidencial está encarcelado". Su mensaje es inequívoco: "Puedo ser un socio más fiable, más estable y más predecible para el imperialismo".

Una entrevista concedida por Rahmi Koç con motivo del centenario de Koç Holding, el mayor capitalista de Turquía, ilustra la estrecha alineación entre las ambiciones del AKP de convertirse en una potencia regional y la orientación estratégica más amplia de la Otan Estas ambiciones incluyen la expansión de la influencia de Turquía por todo Oriente Medio y el aprovechamiento de la reconstrucción de Palestina y Siria.

"En el mundo actual, si tienes poder, tu voz se escucha; si no lo tienes, no se escucha. El marco establecido por las Naciones Unidas se ha derrumbado de hecho. Los cambios son notables. A cada país se le está repartiendo una nueva mano de cartas, y hay que jugar en consecuencia. Turquía tiene muchas fortalezas: estamos rodeados de mares por tres lados, ocupamos una ubicación estratégica, disfrutamos de cuatro estaciones, contamos con tierras fértiles y una población joven. Y lo más importante: sabemos cómo movernos en terreno resbaladizo. En los próximos años, debemos aprovechar al máximo todas nuestras fortalezas. Esta es la era de 'tu voz solo llega tan lejos como tu poder'".

Para la burguesía turca, al igual que para Trump y el imperialismo occidental en su conjunto, los esfuerzos de Erdoğan por remodelar el régimen político no prometen más que un país más tranquilo y estable. En un momento en el que la represión se intensifica constantemente en Turquía, la quiebra histórica de la oposición burguesa, que busca la salvación en las potencias europeas, no hace más que reforzar la conclusión de que los trabajadores y trabajadoras no tienen más alternativa que librar su propia lucha de clases independiente, incluso en defensa de los derechos y libertades democráticos básicos. Una oposición burguesa cuyo horizonte político nunca va más allá de las élites gobernantes de Estados Unidos y la Unión Europea acaba convirtiéndose, en última instancia, en una de las mayores fuentes de fuerza de Erdoğan.

La Conferencia Antiimperialista de Atenas

Las fuerzas revolucionarias que se enfrentan al capitalismo y al imperialismo organizados a escala internacional se encuentran, lamentablemente, sumidas en una profunda crisis tanto en Turquía como a nivel mundial. Sin embargo, la guerra también supone la agudización de las contradicciones existentes y la aparición de nuevas oportunidades para los revolucionarios.

La expansión de los presupuestos militares supone, y seguirá suponiendo, profundos recortes en el gasto público en educación, sanidad y otros servicios esenciales en todos los países, acompañados de ataques cada vez más intensos contra la clase trabajadora. La campaña "Rearmar Europa", puesta en marcha por la Unión Europea, encontrará su equivalente en Turquía a través de la intensificación de las políticas de austeridad. Cada dólar adicional destinado a tanques y armas se restará de los hospitales, las escuelas, los salarios y las pensiones. Esto apunta a un nuevo y profundamente contradictorio período en el que los gobiernos se ven obligados a librar una guerra, ante todo, contra sus propias clases trabajadoras.

La única fuerza social capaz de detener esta maquinaria bélica es la clase trabajadora internacional. La respuesta no consiste en elegir un bloque imperialista frente a otro, sino en construir la lucha de clases contra la guerra sobre la base de un programa socialista internacionalista. La paz duradera surgirá de la lucha unida de los trabajadores que se oponen al rearme en todo el mundo. La única respuesta adecuada al intento del capitalismo de resolver su crisis histórica mediante la guerra es ampliar el movimiento socialista internacional capaz de abolir el propio sistema capitalista.

Por esta razón, la conferencia internacional que reunirá en Atenas, del 22 al 24 de julio, a las fuerzas revolucionarias de la clase obrera mundial contra la guerra imperialista, la explotación y el autoritarismo creciente adquiere una importancia aún mayor. El SEP ocupará su lugar en esta lucha histórica.

  • Turquía debe retirarse de la Otan. La Otan debe disolverse.
  • Deben cerrarse todas las bases de la Otan, empezando por Kürecik e İncirlik.
  • Deben interrumpirse todas las relaciones con Israel.
  • El gasto militar debe reorientarse hacia la educación, la sanidad y las necesidades de los trabajadores.
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