Internacionales

26/10/2023

Otro tiroteo masivo sacude a Estados Unidos

Un hombre mató a disparos a por lo menos 22 personas.

Robert Card.

Un nuevo tiroteo masivo en Estados Unidos terminó con al menos 22 muertos y decenas de heridos. El hecho ocurrió el pasado miércoles en un restaurante y un bowling de Lewinston, la segunda ciudad más poblada del estado de Maine. Robert Card, un militar reservista e instructor de tiro, fue quien llevó adelante la masacre.

Card, que continúa prófugo, irrumpió con un rifle de asalto estilo AR-15 en un local de bowling llamado Sparetime Recreation, al cual había asistido una cantidad considerable de adolescentes. Y luego se dirigió a Schemengees Bar and Grille, un restaurante.

La policía tuvo que instar a los vecinos de la ciudad a resguardarse en sus casas. Por los medios de comunicación y las redes sociales, mientras tanto, circulaba la imagen de Card, un exmilitar fanático de Donald Trump y Tucker Carlson.

Un informe policial mostró que Card sufría problemas de salud mental. “Escuchaba voces en su cabeza”, señala. Asimismo, se notificó que el verano pasado permaneció dos semanas internado en un centro de salud mental, después de amenazar con disparar contra la base de la Guardia Nacional en Saco (Página 12, 26/10).

Descomposición social

Los tiroteos masivos regulares son un fenómeno característico de la sociedad capitalista estadounidense. De acuerdo a Jason R. Silva, profesor adjunto de sociología y justicia penal en la Universidad William Paterson, EE.UU. es el único país desarrollado en el que han tenido lugar tiroteos masivos cada año durante los últimos 20 años.

Según Gun Violence Archive, el de Maine fue el tiroteo número 565 del año y el más mortífero de todos. “La cuenta arroja un resultado de casi dos tiroteos masivos por día” (El País, 26/10). Desde el punto de vista de los heridos, está en el puesto dos; por detrás de la masacre de Las Vegas (2017), que dejó como saldo 58 muertes y 546 heridos.

Antes de este hecho, hubo un total de tres muertos en tiroteos ocurridos en Illinois, Colorado y Carolina del Norte. Los más letales del año se produjeron en California (16 asesinatos) y en Texas (8 asesinatos), en mayo.

El rifle que utilizó Card es muy codiciado por los mass shooters. El AR-15, arma de reglamento usada por las tropas norteamericanas en la guerra de Vietnam, es hoy el fusil más vendido entre la población civil de Estados Unidos (Univision, 30/3). Uno de cada 20 estadounidenses lo tiene.

El derecho de los estadounidenses a portar armas está consagrado en la Constitución de Estados Unidos. Se trata de una cláusula heredada de la lucha anticolonial y por la independencia frente a Inglaterra. EE.UU. es uno de los tres únicos países del mundo (los otros dos son Guatemala y México) en los cuales la portación o tenencia de armas es un derecho constitucional.

Varios estudios han demostrado que en aquellos lugares donde la gente tiene (fácil) acceso a las armas de fuego, las muertes emparentadas a ellas suelen ser más frecuentes (incluso por suicidio, homicidio y lesiones no intencionadas).

En Estados Unidos se producen más muertes por violencia armada que en cualquier otro país desarrollado. La tasa en EE.UU. “es ocho veces mayor que la de Canadá, que tiene la séptima tasa de posesión de armas más alta del mundo; 22 veces mayor que la de la Unión Europea y 23 veces mayor que la de Australia, según datos del Institute for Health Metrics and Evaluation (Ihme) de 2019” (CNN, 28/3).

Según la organización suiza Small Arms Survey (SAS), por cada 100 estadounidenses hay 120 armas de fuego. Esto no ocurre en ningún otro país. Una encuesta de Gallup, que salió a la luz en octubre de 2020, mostró que alrededor del 44% de los adultos norteamericanos viven en un hogar con un arma y aproximadamente un tercio tiene una personalmente.

En enero de 2021 tuvo lugar el mayor aumento anual, desde 2013, de las solicitudes de verificación de antecedentes federales necesarias para comprar un arma. Se trató de un incremento de aproximadamente el 60% con respecto a enero de 2020. Y millones de esas comprobaciones correspondieron a nuevas compras de armas.

Sin embargo, el corazón del problema no pasa por la portación de armas sino por los mensajes de odio incentivados desde el aparato estatal y por la alienación de la sociedad norteamericana, caldo de cultivo para el surgimiento de los elementos lunáticos que llevan a cabo las masacres. Muchos de estos ataques tienen como base la xenofobia (como el atentado en un supermercado de El Paso, en 2019, que dejó 22 fallecidos), la LGTBIfobia (como el triste caso de la discoteca de Orlando, en 2016, en que hubo 49 muertos) o el odio religioso (en 2018, 11 personas murieron durante el ataque a una sinagoga en Pittsburgh).

Descomposición del imperio

Los tiroteos, un fenómeno barbárico que incluso se desarrolla en las escuelas, son una expresión de la profunda descomposición social que está atravesando la principal potencia capitalista del mundo.

Tanto los gobiernos demócratas como los republicanos han venido reforzando el aparato policiaco del Estado norteamericano, el más poderoso del planeta; y con ello alimentando estas tendencias a la debacle social. El gasto militar yanqui es el equivalente al 39% del gasto militar mundial; y el 55% del gasto público está destinado a la industria militar (The Conversation, 19/6).

El clima beligerante-represivo que reina en el gigante del norte se expresa también en la política de masacre y persecución que se desenvuelve contra la población negra y latina. Esta política, que apunta a generar un clima de terror y a dividir al movimiento obrero, fue enfrentada en 2020 por una rebelión popular histórica, detonada a raíz del asesinato de George Floyd. Trump, el ídolo de Robert Card, fue un acérrimo promotor de esta política represiva y racista, la cual continúa bajo la presidencia de Joe Biden.

Frente al tiroteo, Biden se limitó a darle un apoyo a la gobernadora demócrata de Maine, Janet Mills. La administración demócrata viene realizando demagogia hace tiempo con propuestas para establecer un control de armas. Estas suelen empantanarse en el Congreso debido a la presión de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que tiene lobistas tanto en el Partido Demócrata como en el Partido Republicano. Ya existen, por otra parte, algunas de estas normas; y las masacres no han disminuido, porque las razones de fondo de estos hechos permanecen intactas.

Un gobierno de trabajadores en Estados Unidos es lo único que le puede poner fin a esta barbarie.