03/08/2020

Recrudece la crisis de los migrantes en Italia

La semana pasada aconteció en Sicilia una fuga masiva de migrantes que se encontraban realizando cuarentena en los llamados “centros de acogida”. Los sucesos se desenvolvieron en varios puntos de la región, como producto de las condiciones de hacinamiento a las que son sometidos los refugiados que llegan a la isla. Estos eventos generaron fuertes polémicas ante un eventual “rebrote” de Covid-19, en un país que cuenta con 248.070 casos confirmados y más de 35 mil decesos.

El domingo 26 de julio se conoció la primera oleada de fugas, 184 migrantes tunecinos huyeron de un centro de «recepción» ubicado en la provincia de Caltanisetta. Rápidamente, las autoridades gubernamentales organizaron un fuerte operativo de represión. Al día siguiente, luego de que la Policía y los carabineros detuvieran a 139 de ellos, se produjo otra fuga. Esta última ocurrió en Porto Empedocle (provincia de Agrigento), donde existe una carpa que tiene capacidad para 100 personas, pero en la que sin embargo se refugian 520, hacinadas y en condiciones infrahumanas (La Nación, 28/7). Esta realidad de barbarie se repite en otros lugares como la isla de Lampedusa, donde se halla un centro de detención «que ha llegado a tener 726 migrantes cuando tiene capacidad para alojar sólo a 95” (Página 12, 29/7). Situaciones de este tipo se replicaron en centros similares ubicados en Pozallo (provincia de Ragusa) y en la isla de Panatelleria (provincia de Trapani). Para los migrantes, el problema del hacinamiento se vuelve doblemente grave en las condiciones de una pandemia.

Los acontecimientos suscitaron roces entre los gobiernos regionales y el gobierno nacional por la gestión concerniente a las medidas de control durante la pandemia de coronavirus. El alcalde de Caltanisetta pidió al gobierno nacional que no se permita el ingreso de migrantes al centro ubicado en su región, mientras que el gobernador de Sicilia calificó como “superficial e improvisada” la gestión del “fenómeno migratorio” por parte del gobierno. Incluso se han sumado elementos de la ultraderechista Lega (partido liderado por Matteo Salvini), enarbolando un discurso abiertamente xenófobo. Salvini, quien se encuentra acusado de secuestro de personas por el tribunal de Palermo tras haberse negado a autorizar el desembarco de más de 80 migrantes del barco humanitario “Open Arms” en agosto de 2019, ha dicho que el gobierno de Conte “pone en peligro a Italia”, en alusión al “relajamiento” de la política de puertos cerrados impuesta por él cuando oficiaba como ministro del Interior de la coalición oficial.

Los discursos hostiles hacia los migrantes que parten desde el poder político han sido el caldo de cultivo para el desarrollo de protestas de contenido fascistizante, en las cuales algunos habitantes, incluida una ex senadora de la Lega, cortaron una avenida para reclamar por el cese de las migraciones. Hay una gran hipocresía en aquellos sectores políticos que fingen preocupación por el respeto de la cuarentena cuando se trate de migrantes que escapan del hacinamiento de los centros de refugio, pero en cambio alentaron el mantenimiento de la producción industrial a toda costa, aun la no esencial, lo que agravó dramáticamente la pandemia en Italia.

La ministra del Interior, Luciana Lamorgese, resolvió militarizar las localidades de Caltanissetta y Puerto Empedocle, junto con el envío de “naves-cuarentena” que en realidad serán utilizadas como nuevos centros de detención para los migrantes. Conte responde a los reclamos de los refugiados por medio de la intimidación militar.

Según datos aportados por el Ministerio del Interior, son 13.381 los migrantes que han desembarcado en Italia desde el comienzo del año, contrastando con los 3.654 que llegaron en el mismo periodo de 2019, la mayoría de ellos provienen de Túnez. Unos meses atrás gran parte de los migrantes provenían de Libia, que ha intentado ser convertida por las potencias europeas en un “Estado tapón” frente a la enorme cantidad de personas de países africanos en conflicto que llegan a ella, y de la que también emigran personas debido al cuadro de desintegración engendrado desde la invasión imperialista que depuso a Muammar Gaddafi en 2011. La ministra del interior, Lamorgese, ha viajado a Túnez para reunirse con el presidente Kais Saied, con quien pactó “ayudas” para que Túnez pueda “controlar” los flujos migratorios en el mar. El país africano actúa como “Estado tapón” de hecho, solo hace unas semanas la Policía marítima y la Guardia Costera tunecina interceptaron cerca de medio centenar de personas que migraban hacia Italia. El tercer muro de contención de migrantes es Turquía, donde Erdogan aloja a millones de desplazados de la guerra en Siria. La guerra imperialista está en la base de estos gigantescos desplazamientos. El último informe de Acnur indica que hay 80 millones de refugiados y desplazados en el mundo, una cifra récord, superior a la de los tiempos de la segunda guerra mundial.

Abajo la persecución a los migrantes

El gobierno de Conte viene siendo testigo de varios procesos de lucha protagonizados por los trabajadores migrantes. En mayo se consumó una importante jornada de huelga general de obreros agrícolas migrantes que reclamaron un aumento de salarios, obteniendo el apoyo de trabajadores de otras regiones, que realizaron concentraciones en paralelo desde Turín, Roma, Brescia, entre otras. Otra expresión de lucha fue la concentración ejecutada en la “Plaza de los Invisibles”, donde se puso en cuestión la política gubernamental hacia los migrantes.

El pasado lunes se realizaron manifestaciones en Roma, que tuvieron como eje principal el reclamo por la suspensión de los acuerdos que mantiene el gobierno italiano con Libia desde 2017, cuya finalidad es la actuación de forma mancomunada en el bloqueo a los migrantes en el mar y así “devolverlos” al país africano. En un periodo que abarca desde la firma del acuerdo hasta fines de 2019, más de 38 mil migrantes fueron capturados y retornados a un lugar considerado por la ONU como puerto no seguro.

Es necesaria la unidad de toda la clase obrera, tanto migrante como nativa, para derrotar las políticas de persecución y expulsión de los migrantes e imponer un programa de reivindicaciones frente a la pandemia (centralización del sistema de salud, comisiones de seguridad e higiene en los lugares de trabajo, etc.). Solo una organización política de los sectores explotados puede terminar con la barbarie capitalista.

 

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