Reino Unido: un femicidio a manos de un policía desata grandes protestas

La víctima es Sarah Everard, una trabajadora de 33 años.

Sarah Everard, una trabajadora administrativa de 33 años, había desaparecido el 3 de marzo mientras retornaba a su hogar caminando a través del parque londinense Clapham Common. Luego de una semana de intensa búsqueda, sus restos fueron hallados en las cercanías de donde había sido vista por última vez. Al conocerse que el principal sospechoso del crimen es Wayne Couzens, un miembro de la Policía Metropolitana de Londres (Scotland Yard), miles de mujeres tomaron las calles para denunciar a la misma institución que, en todo el mundo, es habitualmente la protagonista de todo tipo de violencias contra la población.

El movimiento de mujeres, organizado con la consigna “reclamemos en las calles”, convocó a una masiva vigilia conmemorativa en Clapham Common, la que fue respondida por la policía con una violenta represión que arrojó el saldo de 4 detenidas. El accionar policial, efectuado bajo la excusa de la prohibición de reuniones por la pandemia, generó una crisis política en Londres, habida cuenta que la policía no ha intervenido en otras concentraciones, por ejemplo, los festejos de hinchadas de fútbol, pero sí ha reprimido con saña una manifestación que tenía a las propias fuerzas represivas como objetivo. Las mujeres respondieron con nuevas y más grandes marchas ante la jefatura de policía y al palacio de Westminster, la sede del parlamento. En los días recientes, miles difundieron a través de las redes sociales, todo tipo de experiencias de violencias y agravios sufridos.

Sarah Everard tenía 33 años y se desempeñaba como trabajadora administrativa.

Todo el régimen político se ha embarcado en la tarea de atenuar las consecuencias de estos sucesos. Para empezar, tanto el gobierno nacional del conservador Boris Johnson, como el laborismo, que gobierna Londres, han salido a respaldar en su lugar a Cressida Dick, la jefa de la policía. Este respaldo no los ha privado de desarrollar una demagogia contraria a la represión. La movilización por Sarah ha puesto en cuestión la aprobación de una nueva ley de seguridad, en estos momentos en tratamiento en la Cámara de los Comunes. El proyecto, que tenía muchas chances de ser aprobado con anterioridad a estos hechos, incluye un reforzamiento de las prerrogativas del aparato represivo, por ejemplo, una mayor regimentación de las protestas, reglamentando su tiempo de duración o lugares donde puedan desarrollarse. El laborismo, ante las movilizaciones, ha cambiado su voto para pasar a rechazarlo, pero en reclamo de que se den mayores “garantías” para la seguridad de las mujeres. Los tories, por su parte le señalan a sus opositores que la ley contiene un aumento en las penas ante delitos sexuales.

Se trata de una completa impostura habida cuenta de la responsabilidad del régimen político en la reproducción de los mecanismos de opresión y violencia hacia mujeres, disidencias, minorías y el conjunto de la clase obrera. La policía británica venía cosechando un fuerte repudio, en particular desde el surgimiento del movimiento Black Lives Matter que desnudó arbitrariedades contra la población negra o migrante en las islas. Del mismo modo, ha sido notorio el encarcelamiento de cientos de activistas ambientalistas en 2019. Sin ir más lejos, el propio Couzens, quien forma parte de un cuerpo de elite de la policía, se encontraba, al momento del crimen contra Sarah, con una investigación abierta por denuncias de exhibicionismo en un local de comidas rápidas.

Algunas organizaciones de mujeres han rechazado el reclamo de que Dick se vaya de su cargo ya que se trataría de un ejemplo del empoderamiento por el que pelean. Sin embargo, la continuidad de las prácticas represivas por parte la institución policial da cuenta de que el problema es el carácter del Estado y no las particularidades de los individuos que detentan cargos. El movimiento de mujeres debe pelear por la expulsión de Dick y por la rendición de cuentas de todos los responsables por el femicidio y la represión subsiguiente.

La responsabilidad del Estado ante los femicidios y la opresión de las mujeres, se pone de manifiesto en todo el globo, y, del mismo modo, es el desarrollo de un movimiento de lucha, en todos los países, el camino para ponerle fin a la barbarie del régimen.