Sri Lanka: el debut represivo del nuevo gobierno

El gobierno busca derrotar la rebelión popular

Pocas horas después de que Ramil Wickremsinghe fuera designado como nuevo presidente de Sri Lanka, las fuerzas armadas desalojaban un campamento de protesta y la residencia presidencial en Colombo, ocupada también por manifestantes desde el 9 de julio.

Esto muestra a las claras la orientación del flamante gobierno: quebrar el levantamiento que conmueve a la isla del Indico y que obligó a Gotabaya Rajapaska a renunciar como máxima autoridad política y huir a Singapur.

Wickremsinghe, quien fue primer ministro del presidente depuesto y mandatario interino por algunos días, es otro de los blancos de la furia popular: sus oficinas fueron tomadas la semana pasada para que también abandonara su cargo. Y, aunque prometió hacerlo, el parlamento lo designó el miércoles por mayoría como el nuevo jefe de Estado.

Miembro del oficialista SLPP (Sri Lanka Podujana Peramuna), Wickremsinghe logró el apoyo de 134 diputados en la cámara, contra 82 votos de Dallas Alahapperuma, dirigente de ese mismo partido, respaldado además por legisladores del opositor SJB (Samagi Jana Balawegaya). Anura Kumara Dissanayake, líder del JVP (Janatha Vimukthi Peramuna), una coalición opositora, tuvo 3 votos.

El nuevo gobierno, con muchas figuras ligadas al régimen del clan Rajapaksa (entre ellas, el flamante primer ministro Dinesh Gunawardena), tiene en su agenda como objetivo prioritario el reinicio de las negociaciones con el FMI para definir un plan de rescate y un paquete de ajuste. El nuevo presidente, de hecho, será al mismo tiempo ministro de finanzas.

La isla cesó los pagos de la deuda este año, en medio de enormes dificultades para financiar las importaciones de combustibles y productos de primera necesidad, como fruto del aumento de precios a nivel mundial. Los apagones programados, el racionamiento y una inflación galopante (que en junio rondó un 60% interanual, trepando al 76% en el caso de los alimentos) propiciaron la rebelión del pueblo de Sri Lanka.

Las reuniones diarias de los manifestantes en el Galle Face Green, el parque de la capital que acaba de sufrir el embate represivo de los militares, han sido bautizadas con el nombre de “Aragalaya”, el término del idioma cingalés para referirse a la lucha y el combate. En estas concentraciones, según algunos medios (como el Daily Mirror de Sri Lanka y el Financial Times), han jugado un rol relevante la Federación Interuniversitaria de Estudiantes y el Frontline Socialist Party (FSP, Peratugami Samajavadi Pakshaya en cingalés), este último un desprendimiento del ya mencionado JVP que se define como un grupo marxista.

La crisis en la isla es una de las expresiones más profundas de la crisis capitalista mundial y de las tendencias a la movilización que engendra. Viva la rebelión popular, abajo el gobierno de Wickremsinghe, por un gobierno de trabajadores.

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