Internacionales
20/3/2026
Trump asfixia a Cuba y la burocracia negocia su supervivencia
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Las negociaciones se producen en el contexto de una ofensiva imperialista yanqui global
El viernes la televisión estatal cubana mostró por primera vez a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido en los pasillos del poder como "el Cangrejo", participando en dos reuniones gubernamentales de alto nivel junto a Miguel Díaz-Canel y la plana mayor del Partido Comunista. Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro e hijo de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, fallecido en 2022 y quien dirigiera el poderoso holding militar GAES, no tiene cargo público alguno. Su función oficial, hasta ahora, había sido la de jefe de seguridad personal de su abuelo. Su aparición en la primera fila del poder junto a Diaz Canel cuando el presidente de Cuba admitía la existencia de conversaciones con el imperialismo es la confirmación de las afirmaciones hechas por los medios estadounidenses Axios y Miami Herald hace más de un mes, sobre la existencia de negociaciones en las que "el Cangrejo" ha sido el interlocutor clave en las conversaciones del gobierno de Díaz-Canel con el propio secretario de Estado Marco Rubio. Este blanqueo de su papel negociador sugiere además que la negociación es seria y avanzada, porque el “Cangrejo” representa a Raúl, el dueño del poder dentro del estado burocrático.
El 5 de marzo, el gobierno cubano liberó, luego de una gestión del Papa yanqui León XIV, a 51 presos políticos, en su mayoría detenidos en las protestas populares del 11 de julio de 2021. El lunes 16 se resolvió permitir a los cubanos que viven en el exterior invertir en la isla, una medida dirigida en especial al gusanaje que vive en Miami, y que representa un nuevo paso en el proceso de reconstrucción de una burguesía nativa. Por supuesto, sobre el contenido de las negociaciones Díaz Canel no ha dicho nada
al pueblo cubano, sobre cuyas espaldas recaerán las consecuencias del posible acuerdo.
Un bloqueo criminal
Estas negociaciones se dan en el marco de la máxima asfixia porque Trump ha endurecido el bloqueo hasta extremos criminales, imponiendo un bloqueo petrolero total de facto que ha dejado a la isla sin crudo durante tres meses, sumergiendo al país en apagones récord. Incluso, como se sabe, los gobiernos “progresistas” de Brasil y México, grandes productores de petróleo, se han sometido a la línea roja que estableció el gobierno yanqui y sólo están enviando a la isla alimentos y medicamentos, en un esfuerzo por disfrazar su capitulación. Trump está dispuesto a permitir que se envíe cualquier cosa a Cuba excepto, justamente, petróleo…
Está claro que la presencia de Rodríguez Castro en las negociaciones supone una profunda desconfianza no sólo en Díaz Canel sino en cualquier interlocutor salido del propio aparato burocrático. Rodríguez Castro no tiene trayectoria conocida dentro del PCC. Un hombre sin cargo en el aparato del estado pero garante del poder de los Castro negociando el futuro de un país que se muere de hambre, en el marco de una ofensiva imperialista yanqui global dentro de la cual busca acomodarse para sobrevivir en el contexto de un futuro proceso de recolonización de Cuba.
Las negociaciones se producen en el contexto de una ofensiva imperialista yanqui global. El representante republicano Carlos Giménez, único congresista yanqui nacido en Cuba, declaró abiertamente: "Como con Irán, el presidente debería advertir al régimen castrista que no permitirá que persiga a su pueblo". La estrategia es clara: luego del secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela y en el contexto del ataque a Irán Trump busca una "toma amistosa" de Cuba. Trump busca un representante para gobernar Cuba, y en esa búsqueda Rodríguez Castro, en nombre de Raúl, aparecería como uno de los posibles eslabones de esas tratativas.
El ataque a la sede del PCC en Ciego de Ávila
Mientras Díaz Canel realizaba su conferencia de prensa cientos de manifestantes salieron a protestar el viernes contra los apagones, la escasez de alimentos y el colapso de los servicios básicos, en el municipio de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila. Lo que comenzó como un cacerolazo pacífico, con la población alumbrando la oscuridad con linternas de teléfonos, derivó en un ataque violento cuando un grupo de los manifestantes apedreó la sede del PCC e incendió los muebles. Según testigos, un
policía disparó su arma e hirió en el muslo a un joven que se encontraba cerca de una
fogata. Algunos manifestantes gritaban “¡Muerte al comunismo!”.
Se trata de protestas que revelan el hartazgo acumulado por una clase trabajadora que soporta condiciones de derrumbe social y económico mientras los burócratas del PCC viven la gran vida y se reconvierten en una nueva burguesía. Habrá que ver cuál es el grado de espontaneidad o manipulación de estas protestas e inclusive no se puede descartar alguna mano de imperialismo. Lo que sí está claro es que es necesario evitar que el descontento se convierta en una pieza del imperialismo y en este contexto el desafío que tienen las tendencias de la izquierda crítica de la isla es encauzar las protestas en desarrollo en los términos de una salida propia e independiente de los trabajadores.
Las reformas capitalistas, especialmente a partir de la Tarea de Ordenamiento lanzada en 2021, han provocado además una inflación creciente y persistente que se combina con la reducción de los salarios a una cifra simbólica y la destrucción de los beneficios que formaban el llamado “salario diferido”. Cuba enfrenta una situación marcada por una crisis de la vivienda sin precedentes, servicios de salud y educación en descomposición, un sistema de transporte prácticamente inexistente y, como consecuencia de esto, una emigración masiva que ha llevado a que hasta una quinta parte de la población abandone la isla desde 2020.
Como en Irán, nada más que unos incrementos de sus penurias pueden esperar los trabajadores cubanos de un acuerdo con el imperialismo yanqui. La situación de Venezuela, donde “cambió algo para que nada cambie”, al clan Maduro por el clan Rodríguez, es un espejo en el que Cuba puede perfectamente verse a sí misma. Hay que difundir entre las masas el programa de la verdadera democracia obrera y socialista, la idea de que solo el pueblo trabajador, y no el imperialismo yanqui, puede y debe reemplazar a la burocracia del PCC en el poder. Sólo un gobierno de la clase trabajadora puede resolver los problemas de Cuba en favor de las masas populares.
En defensa de la revolución cubana
La revolución del ‘59 produjo una conmoción mundial y atrajo el apoyo activo de las masas trabajadoras del mundo entero. Sea por la vía de la restauración negociada como la que está en curso o por el derrocamiento del régimen burocrático, la recolonización de Cuba, su retorno a la condición de “prostíbulo” de los EEUU será un golpe simbólico y político del imperialismo de una enorme envergadura.
Es imprescindible por lo tanto organizar la solidaridad con el pueblo trabajador cubano y la defensa de Cuba del ataque imperialista. La izquierda revolucionaria debe en primer lugar movilizarse contra el bloqueo, pero también para exigir a los gobiernos “progresistas”, a Lula, a Sheinbaum, a Petro, el restablecimiento del suministro de petróleo. Y no se puede separar tampoco la defensa de Cuba de la lucha por la derrota del imperialismo yanqui y el sionismo en Irán: una derrota yanqui-sionista pondría en crisis al propio gobierno de Trump y su política de ofensiva imperialista.
Así como las masas trabajadoras del mundo se alzaron contra la guerra genocida en Palestina es posible organizar la movilización en Latinoamérica, en EEUU, en Europa y el mundo tanto contra un ataque militar contra Cuba como contra cualquier acuerdo capitulador de la burocracia.



