Internacionales
20/10/2026
Ucrania y el pacto del diésel entre Trump y Putin
La Casa Blanca abrió una vía de negocios con Rusia

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Washington alivia las sanciones a Rusia mientras presiona a Kiev. La tregua energética fracasó, pero avanzan los negocios y las tratativas por el control del abastecimiento europeo y la reconstrucción de Ucrania.
Trump abrió una vía de negocios con Rusia, mientras continuaron los ataques contra la energía ucraniana. El acuerdo del 9 de octubre y la tregua proclamada dos días después revelan sus prioridades: el abastecimiento y las necesidades electorales norteamericanas prevalecen sobre el destino de Ucrania. Moscú obtuvo concesiones sin abandonar su ofensiva.
El anuncio incluyó más de 300.000 toneladas de suministro inmediato, otras 500.000 en noviembre y un millón después; Trump añadió tres millones adicionales sin un plazo preciso. Busca abaratar el combustible antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Pero no levanta todas las sanciones: mantiene, entre otras restricciones, la prohibición de debitar cuentas del Banco Central y organismos estatales rusos. La escala de las exportaciones rusas relativiza la promesa de un desplome de precios. Las primeras 300.000 toneladas equivalen a 2,25 millones de barriles: menos de un día del consumo del transporte estadounidense, cercano a 2,94 millones de barriles diarios. Persisten obstáculos por los daños en las refinerías rusas y las sanciones sobre numerosos petroleros. El alivio puede influir en las expectativas, pero esa cantidad no resuelve el déficit mundial de combustible (Reuters, 12/10).
Trump atribuye el encarecimiento a los ataques ucranianos contra las refinerías y descarga sobre Zelensky el costo de la inflación. Oculta la responsabilidad principal de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que perturbó la producción y el transporte energético del Golfo.
El acuerdo del diésel es un golpe a Irán en plena guerra, al permitirle a Washington obtener petróleo por una fuente alternativa cuando el cierre del estrecho de Ormuz se sigue prolongando en el tiempo. Al mismo tiempo el acuerdo apunta a descomprimir los crecientes obstáculos que enfrenta el gobierno de Trump tanto en el frente interno como por la inestabilidad económica mundial. El intento de abaratar el combustible para el agro y el transporte busca contener sus repercusiones sobre la inflación y los mercados financieros y el impacto negativo que está teniendo en el estado de animo de la población norteamericana, cuando se aproximan las elecciones estadounidenses de medio término. Las dificultades de doblegar militarmente a Irán y los límites con que la Casa Blanca tropieza para una intervención militar en la región obligan a Washington a negociar con Moscú a la que procuraba asfixiar económicamente.
Putin recupera posibilidades de exportación y divisas, mientras debe atender el abastecimiento interno. Habrá que ver hasta qué punto podrá cumplir con el suministro que depende del funcionamiento de las refinerías que no ha sido inmune a la crisis de la economía rusa como resultado de más de 4 años de guerra. El rédito, por lo pronto, es más político que económico: Moscú consigue que Washington cuestione los ataques que afectan sus ingresos, sin haber concedido una paz ni retirado sus tropas (Financial Times, 11/10).
Ucrania, Europa
La ofensiva de Trump ha puesto en tela de juicio la continuidad del propio gobierno ucraniano. El 10 de octubre afirmó que era hora de que Ucrania tuviera otro presidente y reclamó un dirigente dispuesto a cerrar un acuerdo. Lo hizo después de que Zelensky cuestionara el pacto del diésel y mientras exigía detener los ataques contra las refinerías rusas. Washington coloca así el reemplazo de su aliado dentro de las alternativas para imponer sus condiciones de negociación Este paso introduce un salto en la crisis. Trump pretende convertir la resistencia de Zelensky a determinadas exigencias norteamericanas en un argumento para desplazarlo.
El mensaje también se dirige hacia el aparato estatal, los mandos militares y los sectores de la burguesía ucraniana: la continuidad del respaldo estadounidense puede quedar ligada a la aceptación de una conducción más dócil. La disputa con Europa adquiere, por ello, una dimensión adicional. El respaldo europeo a Zelensky procura preservar también una conducción con la cual sus gobiernos mantienen compromisos y capacidad de intervención. Un reemplazo promovido desde Washington podría modificar quién negocia y en beneficio de quién. El apoyo británico y europeo a Kiev, expresado tras las declaraciones de Trump, debe leerse dentro de esa confrontación por las condiciones del arreglo.
El chantaje adquirió también una dimensión militar. La orden de restringir Starshield, la versión militar del sistema de comunicaciones de SpaceX, salió de la Casa Blanca. Las restricciones afectaron operaciones con drones. (Reuters, investigación del 15/10).
El choque con Europa adquiere otra dimensión cuando se examinan los negocios que acompañan a las negociaciones. El levantamiento de sanciones se vincularía con una tentativa más amplia de someter las condiciones de la paz a los intereses norteamericanos, desplazando a las potencias europeas. Lo que está en juego detrás de esta movida es quién controlaría las redes energéticas, el financiamiento y la reconstrucción después de un eventual cese de los combates y de la mano de ello, la apertura de nuevas vías de penetración del capital estadounidense sobre sus aliados y sobre la propia Rusia. Jared Kuchner y el enviado ruso Kirill Dmitriev participaron en conversaciones sobre el ingreso de un inversor estadounidense en Nord Stream. Una operación de ese tipo permitiría a capitales norteamericanos obtener beneficios del suministro de gas ruso a Europa. Pero enfrenta sanciones y la oposición del gobierno alemán, cuya autorización sería necesaria para una reapertura.
En la carpeta de la administración norteamericana figura, por otro lado, el plan de descongelar parte de los activos soberanos rusos y transferirlos a un vehículo financiero supervisado por Washington. Representantes europeos la rechazaron. El destino de los aproximadamente 260.000 millones de euros inmovilizados principalmente en la UE queda así en el centro de una disputa por quién administra esos recursos y bajo qué condiciones. La iniciativa confirma el interés norteamericano en dirigir el financiamiento de un arreglo (Financial Times, 14/10).
La reconstrucción tampoco puede separarse de esta pugna. BlackRock recibió en 2023 una función de asesoramiento para el diseño de un fondo de desarrollo ucraniano. Ese antecedente acredita el interés del capital financiero en organizar la movilización de inversiones. En septiembre de este año, ejecutivos de BlackRock, Citi y otras firmas volvieron a discutir la reconstrucción con Zelensky. (UkraineInvest, 9/5/2023).
El respaldo europeo a Kiev integra, por su parte, una política de guerra y una defensa de intereses propios. Las conclusiones del Consejo Europeo impulsan la industria de defensa, el financiamiento del armamento y la cooperación militar con Ucrania. Las burguesías europeas buscan impedir que Washington y Moscú resuelvan por encima de ellas cuestiones que afectan su seguridad y sus mercados. Su disputa con Trump no las convierte en representantes de la autodeterminación ucraniana ni en una alternativa de paz.
Estados Unidos y China
La disputa atraviesa también al régimen norteamericano. Legisladores republicanos y demócratas cuestionaron la suspensión de sanciones y el acuerdo del diésel; la reacción parlamentaria no se tradujo de inmediato en una reversión de las medidas. El desacuerdo muestra que Trump enfrenta resistencias dentro de su propio partido y del aparato estatal.
La apertura hacia Moscú podría servir para debilitar sus vínculos con China. Washington tendría interés en ofrecer ingresos y negocios que redujeran la dependencia rusa de Pekín y ampliaran su capacidad de presión sobre el Kremlin.
La magnitud de los vínculos existentes entre Rusia y China impone límites a esa maniobra. El gigante asiático es el mayor comprador mundial de combustibles fósiles rusos. Una autorización temporal para exportar diésel no sustituye ese mercado. Para establecer un giro estratégico habría que verificar cambios y concesiones importantes en las relaciones comerciales, financieras y tecnológicas, y en la cooperación entre ambos Estados, lo cual todavía es prematuro. Los ingresos energéticos y el acceso a los circuitos financieros mundiales hacen a Rusia vulnerable a la presión imperialista. Pero esa vulnerabilidad no suprime los intereses propios de su clase dominante ni su capacidad de utilizar las rivalidades entre potencias.
Putin obtuvo un alivio comercial, pero mantuvo los ataques contra Ucrania. El beneficio inmediato del pacto, por lo pronto, fortalece su posición; la capacidad de Washington para integrar a Rusia más a su órbita en detrimento de China es un proceso abierto y estará asociado a los avatares más generales de la crisis capitalista mundial y del desarrollo de las tendencias a una guerra mundial
Conclusión
Negociar con Putin no convierte a Trump en pacifista ni elimina los objetivos imperialistas sobre Rusia y el espacio de la ex URSS. La transacción confirma esa caracterización: Washington combina negocios con Moscú y coerción sobre Kiev para recuperar iniciativa mundial. Putin preserva un régimen de restauración capitalista y sus pretensiones anexionistas (Prensa Obrera, "La guerra en Ucrania y las tendencias a una nueva contienda mundial").
El gran pato de la boda son los pueblos con la muerte, la destrucción y penurias inauditas. El fin de esta pesadilla plantea desalojar del poder a los regímenes responsables de esta barbarie. Guerra a la guerra. Ni Putin ni la Otan. Por la unidad internacional de la clase obrera. Por gobiernos de trabajadores en el marco de la unidad socialista de Europa.



