Cambio de jefes en la Policía de Córdoba, no de la política represiva

El cuadro de descomposición de la fuerza sigue intacto.

El Fin de semana el gobernador Juan Schiaretti decidió remover la cúpula de la Policía de la provincia. Ahora, en la jefatura fue designada la comisaria general Liliana Rita Zárate Belletti y será secundada por el comisario general Ariel Darío Lecler. Los máximos cargos están ocupados por dos conocidos con antecedentes de mando.

Ya se había hecho trascender que el jefe depuesto, Gustavo Vélez, tenía las horas contadas, pero nuevas noticias de policías involucrados en hechos delictivos, sumado a que el protocolo para el uso de armas fue duramente criticado por familiares de víctimas. Así las cosas, se pasó a retiro al ahora exjefe.

El cambio de la cúpula policial es presentado por la prensa como una medida con la cual el gobierno retoma la iniciativa política. El gobierno busca explotar como novedad el género de la nueva jefa.

Al asumir el mando, Liliana Rita Zarate Belletti declaró que seguirá trabajando con los lineamientos del Gobierno de Córdoba y el Ministerio de Seguridad como si los anteriores jefes no hubiesen trabajado siguiendo la orientación de gobierno. La nueva cúpula policial fue acompañado de un anuncio de una extensión en el período de formación de los agentes que pasará de 14 meses a tres años.

Sin embargo, Zárate estuvo a cargo de Recursos Humanos, desde diciembre de 2019 hasta agosto pasado. Es decir ya viene ocupando cargos de una jerarquía relevante, nada más y nada menos que en la formación de la policía, justamente este aspecto es blanco de críticas. También cabe recordar que el subjefe, Ariel Darío Lecler, fue encargado de Formación Profesional.

Además, la nueva jefa fue responsable de Seguridad Capital en la fuerza, tras el asesinato de Blas Correas. Un crimen que causó conmoción, y sin embargo no se registraron cambios. De hecho, bajo el mando de Zárate se siguieron registrando delitos perpetrados por policías, como diferentes tipos de robos, entre ellos se puede contar un asalto a una joyería, y la sustracción de autopartes.
Es decir que el recambio surge como consecuencia del repudio popular a los casos de “gatillo fácil”, además hay en curso nuevas investigaciones penales contra efectivos de alto y bajo rango. En este marco, el PJ buscó darle a su gestión un poco de aire al cambiar los jefes, para continuar aplicando la misma política represiva.

En ese sentido, la policía reprimió la movilización de trabajadores municipales, y semanas atrás realizó bestiales desalojos parciales de las tomas de tierra. El gatillo fácil, es la expresión más brutal de una orientación, que tiene responsabilidades políticas. En este punto, es bueno tener en consideración que el gobernador en los hechos ratificó en cargo al ministro de Seguridad, Alfonso Mosquera, que había ofrecido su renuncia.

En la mañana de hoy, en un acto en el que se hizo entrega de nuevos patrulleros y de equipos de seguridad, Mosquera volvió a prometer “inflexibilidad” con quienes no cumplan normas. En este punto, el ministro olvida de la “flexibilidad” del Tribunal de Disciplina que tiene una responsabilidad política marcada. Sucede que hay números casos de policías con antecedentes y causas abiertas en la justicia que no son sacados de circulación, sin que por ello el poder político de las explicaciones del caso.

Schiaretti por primera vez en sus tres gestiones, resolvió remover a la cúpula policial de la provincia, lo que es una manifestación superficial del cuestionamiento a la Policía. No obstante, el caso de Joaquín Paredes es un caso que da cuenta de una profunda descomposición, policías que tiraron a matar presuntamente en estado de ebriedad, y tras la balacera fatal no se protegió la zona del crimen. Es decir la Policía actuó siguiendo una conocida manera de operar, ensuciar a las víctimas, e instalar la idea de que hubo un enfrentamiento.

Pero la profundidad de la descomposición de la fuerza hace imposible que con un cambio de nombres se modifique todo un cuadro de descomposición, es éste aspecto el que hay que tener en cuenta a la hora de establecer una solución. En ese sentido, es necesario proceder al desmantelamiento del aparato represivo, y su reemplazo por una fuerza de nuevo tipo, como parte de una transformación social.

Gatillo fácil nunca más, desmantelamiento del aparato represivo. Sera justicia.