Mujer
17/9/2026
El flagelo de la deuda y la morosidad entre las mujeres jóvenes
Más de 10 millones de mujeres endeudadas. Sobran las razones para organizarnos.

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El fenómeno del sobreendeudamiento y la morosidad en Argentina se ha convertido en un verdadero drama para amplias franjas de la población, especialmente entre las mujeres y en la juventud. Las elevadas estadísticas (unos 20 millones de endeudados, más de 6 millones de morosos) revelan que no estamos frente a un problema de "educación financiera" o simple desajuste individual, sino frente a las consecuencias de una política deliberada de destrucción del salario y los ingresos populares. Es una manifestación dramática de la crisis económica producto de las políticas de guerra capitalista que impulsa el gobierno de Javier Milei, con un ajuste brutal, inflación y recesión, que golpea de lleno a la clase trabajadora, y especialmente a las mujeres y jóvenes.
Un reciente informe publicado en Infobae (10/09) y elaborado por el Centro de Estudios de la Ciudad a partir de su Mapa de la Deuda, con información actualizada a julio de este año, señala que el universo de mujeres endeudadas asciende a 10.087.758 personas, superando numéricamente al de los varones, que es de 9.343.242. Las brechas de género condicionan fuertemente el comportamiento de esta deuda: las mujeres toman montos promedio un 35,6% menores que los hombres ($3,69 millones frente a $5,73 millones), pero se ven más empujadas al financiamiento no bancario y a aplicaciones fintech para cubrir el consumo cotidiano, lo que revela el alto nivel de informalidad en el sector.
Según los últimos datos sociolaborales y financieros, las mujeres de hasta 25 años registran una tasa de morosidad récord del 38,25% a nivel nacional, una cifra que duplica la media general y supera al resto de las franjas etarias. En las provincias más golpeadas por la desocupación como San Luis, Chaco y Catamarca, la morosidad juvenil femenina supera el 42% y alcanza picos extremos en distintos municipios. Hablamos de montos de deuda de promedio de $1.020.000, donde el universo de deudoras de esa franja etaria alcanza las 784.172 personas.
La clave de este fenómeno radica en para qué nos endeudamos: no se trata de consumos suntuarios ni de crédito para la inversión, sino del uso de tarjetas de crédito, financieras no bancarias y aplicaciones fintech con tasas usureras para cubrir compras básicas de supermercado, medicamentos y comida diaria.
Precarización, brecha salarial y violencia económica
Esta asfixia financiera es el resultado directo de la estructura laboral precaria a la que se ve sometida la juventud. Apenas un 14,2% de los jóvenes de entre 18 y 25 años accede a un empleo formal con todos los derechos laborales. La inmensa mayoría de las mujeres jóvenes que trabajamos lo hacemos en la informalidad (en negro), sufriendo una tasa de desocupación del 16,8% que más que duplica el promedio nacional, y una brecha salarial que hunde nuestros ingresos en los más bajos. Según los informes de la Evolución de la distribución del ingreso (EPH) del Indec, la brecha salarial entre géneros se ha profundizado severamente, alcanzando un 29,6% de diferencia promedio en las remuneraciones de la ocupación principal. Mientras el ingreso laboral promedio general se sitúa en torno a los $1.068.540, el promedio para los varones es de $1.229.690 y el promedio para las mujeres cae drásticamente a $866.129.
El ataque contra las condiciones de vida de la juventud tiene un capítulo clave en la liquidación de las Becas Progresar. En un marco de ajuste sobre el presupuesto universitario y las escuelas secundarias, la partida de este programa cayó más de un 65% en términos reales. Según un informe de Página 12, la nómina de beneficiarios sufrió un recorte drástico, pasando de 1,86 millones en 2023 a menos de 950.000 becarios en la actualidad, mientras que el haber quedó congelado en unos insuficientes $35.000 mensuales brutos. Esto no hace más que empujar a las jóvenes trabajadoras a la deserción educativa y al endeudamiento con financieras usureras para subsistir.
Esta crisis de ingresos se agrava con el desmantelamiento completo de la asistencia social impulsado por el gobierno de Javier Milei. Liquidan la tarjeta alimentaria y de un plumazo los precarios programas paliativos frente a la pobreza, que no para de crecer desde hace décadas en nuestro país, y que el gobierno congeló desde diciembre de 2023 en apenas $78.000 mensuales, desvinculándolos por completo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. La disolución del ex Volver al Trabajo -que alcanzaba a más de 1,2 millones de titulares, según el informe de Infobae y que involucra a un universo de personas donde el 63% son mujeres y cerca del 50% jóvenes menores de 30 años- significó la eliminación de más de un millón de puestos de trabajo de quienes sostienen los comedores populares: una abrumadora mayoría de mujeres.
Asimismo, el desmantelamiento del Programa Acompañar para quienes sufren violencia por motivos de género, que tuvo un recorte real acumulado superior al 99% y que redujo la asistencia por decreto de 6 a 3 meses, es otro golpe. Así, el congelamiento y los recortes privan a miles de mujeres y pibas de una mínima ayuda económica frente a situaciones de precariedad extrema o violencia intrafamiliar. Ante la falta de trabajo y de ingresos que alcancen para subsistir, el crédito informal se termina transformando en el único recurso para vivir el día a día. Para muchas y muchos jóvenes en los centros urbanos, el peso del alquiler absorbe casi la totalidad de sus ingresos, obligando a endeudarnos para poder comer.
La destrucción del poder adquisitivo que sufre el conjunto de la clase trabajadora recae doblemente sobre la mujer trabajadora y liquida de raíz las posibilidades de emancipación y desarrollo de las jóvenes. El endeudamiento temprano y el ingreso a los créditos clausuran la posibilidad de alquilar una vivienda formal, empujando a miles de pibas a la dependencia familiar, al hacinamiento o incluso a permanecer en hogares atravesados por la violencia. La falta de recursos propios y la hipoteca del futuro económico actúan como un ancla material que perpetúa la cadena de violencias. La enorme mayoría de las mujeres que hoy sufren exclusión habitacional extrema o deudas inmanejables reportan haber vivido episodios de violencia física, psicológica o abuso sexual en sus hogares antes de cumplir los 18 años, situación que tiende peligrosamente a profundizarse.
Un punto que no podemos ignorar sobre las consecuencias de este ahogo material se expresa crudamente en la salud mental y en la vida cotidiana de la juventud. En Argentina, el relevamiento anual del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA identificó que las personas de menor edad y nivel socioeconómico más bajo muestran los indicadores más severos de sintomatología ansiosa y depresiva. De los jóvenes encuestados que manifestaron atravesar una crisis subjetiva, más del 55% la vinculó directamente con problemas económicos. En paralelo, los datos oficiales de mortalidad ubican a San Luis como la segunda provincia con la tasa de suicidios más alta del país (18,9 cada 100 mil habitantes) y a Chaco significativamente por encima de la media nacional.
Vamos a la Marcha de la Bronca y al Encuentro Plurinacional en Córdoba con la Izquierda que lucha
El gobierno de Milei, con el aval de las patronales y los gobernadores, lleva adelante una ofensiva histórica para descargar la crisis sobre las espaldas del pueblo trabajador. En esa ofensiva, la motosierra y el ajuste recaen doblemente sobre las mujeres y las jóvenes, siendo las más perjudicadas por el deterioro de nuestras condiciones de vida y el avance reaccionario contra nuestros derechos y nuestras conquistas. Frente a esta realidad, las salidas individuales no existen. Las cifras de morosidad y precarización demuestran que sobran las razones para organizarnos y salir a responder de manera colectiva. Este 19 de septiembre tenemos una primera cita en las calles para volcar la fuerza de las trabajadoras y la juventud en la Marcha de la Bronca, y preparar con todo la intervención en el próximo 39 Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades en Córdoba.
El Encuentro en Córdoba del 10 al 12 de octubre tiene que convertirse en un canal de deliberación y resolución colectiva. Allí debemos encontrarnos las docentes, las estudiantes, las trabajadoras de la salud, las compañeras de los comedores populares y las jóvenes que enfrentan la precarización para impulsar iniciativas concretas y un plan de lucha nacional que nos permita frenar este ataque histórico. Te invitamos a sumarte con el Plenario de Trabajadoras y el Partido Obrero.




