08/11/2020

Abajo el régimen narco sojero de Santa Fe: pongamos en pie una alternativa obrera y socialista

¡Vamos al acto del Partido Obrero! Viernes 20, frente a la Gobernación en Rosario.

La población trabajadora de Santa Fe sufre las consecuencias de una política capitalista, que descarga el conjunto del peso de la crisis mundial y nacional sobre nuestras espaldas. Se disparó la pobreza e indigencia, con un tercio de la juventud condenada a la desocupación. Los bolsones de pobreza crecen en la periferia de los corredores turísticos e inmobiliarios, donde las sojeras y el narcotráfico exhiben las fortunas que amasan saqueando a la provincia. El cambio de gobierno no alteró un pelo el “modelo productivo” de Santa Fe marcado por la extrema polarización social. De un lado, un complejo agroexportador que factura 30 mil millones de dólares al año; del otro, el salto de la miseria y el hambre, que forma parte de la mano de obra explotada por los narcotraficantes que lavan su dinero en el Casino Center de Rosario, cotizan en Bolsa, compran mega torres en la costanera del Paraná y hasta operan su propio dólar, el “dólar banana”.

El régimen político está procesando la pandemia como una excusa para atacar derechos históricos de la clase obrera, lo que ellos llaman la “nueva normalidad” no es otra cosa que la destrucción de los derechos laborales, los convenios colectivos de trabajo, el salario y las jubilaciones. La muestra última ha sido la sanción de la ley de ART en Santa Fe, que forma parte de la “armonización” de la legislación provincial a las leyes antiobreras que existen a nivel nacional. Este ataque se da en una provincia donde los accidentes obreros son la regla y no la excepción, en especial en las aceiteras, donde los capitales extranjeros trasladan su competencia internacional acelerando los ritmos de trabajo y las condiciones de (in)seguridad e higiene al interior de las plantas. Se viene ahora el intento de reventar la Caja de jubilaciones provincial, un tema que está en carpeta y debe poner en estado de alerta al conjunto de los trabajadores.

El peronismo coronó a un gobernador votado en masa por el macrismo, en la confianza de que los intereses del agronegocio serían defendidos a capa y espada. Es lo que explica que Omar Perotti haya ganado cómodo la provincia pero el Frente de Todos perdiera en las presidenciales, frente al cadáver político de Macri. El peronismo de Santa Fe hizo la plancha y se acomodó para garantizar puestos en el Estado, mostrando que el Frente de Todos no es un “gobierno en disputa”, como le gusta repetir a los funcionarios  que posan de izquierdistas mientras aplican el ajuste en regla que les exige el FMI. Son un gobierno que representa a la burguesía nacional parasitaria, que para salvarse quiere condenar al país a un destino colonial. A final de año se vienen los tarifazos en la luz, el agua y en los impuestos inmobiliarios, mientras Cargill, Cofco, Dreyfus tributan migajas indignantes. Mientras Vicentin sigue vaciando el patrimonio de la empresa dejando a 7 mil trabajadores en la picota.

Perotti y su gabinete -plagado de hombres y mujeres que vienen de la era Reutemman, como la ministra Adriana Cantero, enemiga jurada de la docencia combativa- fue desde el principio un intento de rescatar  el decadente régimen sojero que domina las palancas productivas de Santa Fe y ¡del Estado!. La propiedad terrateniente y los puertos privados son los grandes socios del narcotráfico, y explican la descomposición de la Policía de Santa Fe, siempre pegada a la protección del delito organizado y al gatillo fácil. La corrupción terminal de la justicia y las aventuras del ministro Marcelo Saín, mientras recrudece la inseguridad ciudadana, forma parte de esta sociedad de intereses que define al Estado narco sojero de nuestra provincia.

Después de 10 años de gobierno en Santa Fe y ¡30! en Rosario, el Frente Progresista quiere presentarse como la oposición al PJ y ya se saca la foto para las elecciones 2021. Pero Miguel Lifschitz gobernó con el libreto del PRO en la mano, desde el “Plan Cosecha Segura” de Patricia Bullrich, para criminalizar la protesta de los obreros industriales del cordón de San Lorenzo; hasta la firma del Pacto para el ajuste fiscal. El Partido Socialista desarrolló el esquema de privatización de los puertos que empezó en los ´90, entregando una herramienta clave del comercio exterior a los pulpos cerealeros, que además son un colador del narcotráfico, el tráfico de armas y de personas. Los logros del urbanismo en Rosario, su gran capital político, se hicieron a costa del vulnerar el derecho de más de 100 mil personas  que hoy no tienen vivienda y fueron expulsadas a los asentamientos que son luego violentamente desalojados.

El Frente Progresista que persigue a los ambientalistas que acampan en Rosario para reclamar por el fin de las quemas en las Islas del Delta, que votó en contra del derecho al aborto legal en el Congreso, que sacrificó la ley ESI por pedido de la jerarquía de la Iglesia Católica de Santa Fe, no es más que una cooperativa electoral sin principios.

¿Y la izquierda dónde está?

Desde el Encuentro de Rosario y luego con los sucesivos gobiernos “progresistas” se quiso presentar a Santa Fe como una provincia de izquierda. Lo cierto es que una plataforma privilegiada de los agronegocios, con predominio de la propiedad terrateniente, cuyos productos van a parar a un complejo agroexportador completamente privatizado y dominado por monopolios imperialistas, incluido el transporte fluvial y los buques de bandera extranjera. Santa Fe es la expresión más clara de que la máscara progresista se usa para aplicar los planes más rabiosamente capitalistas. Todas las experiencias de este frente popular “sui generis” que gobernó Santa Fe y en especial Rosario, su ciudad más rica, estuvo al servicio de embellecer un régimen de saqueo contra las mayorías populares.

Esto incluye a las conducciones burocráticas de los sindicatos, que se integraron al gobierno para garantizar una “paz social” que solo benefició a las patronales. Una traición al movimiento sindical santafecino, con una historia que va del Rosariazo al Villazo, pasando por la huelga general aceitera de 2005 y las grandes gestas docentes que recuperaron seccionales. Mientras se amasaban los acuerdos entre la UIA-CGT y el gobierno, los obreros contaminados y muertos por aplastamiento en silos de soja eran ofrendados a la voracidad patronal y a las ART. La docencia y miles de reemplazantes se organizaban en oposición a la tregua de Ctera y Amsafe que los desplazaba a una virtualización forzosa que pagaron las familias trabajadoras de su bolsillo.

El centroizquierda y sus expresiones nacionalizantes, como el periodista Carlos Del Frade o Ciudad Futura, sirvieron como un dique de contención para que la clase obrera, la juventud, las mujeres combativas, no se organizaran en un partido propio, obrero y revolucionario. Cumplen una función reaccionaria, no solo porque no se movilizaron en defensa de Guernica, de los trabajadores de Algodonera Avellaneda, en apoyo a los reemplazantes o de la lucha ambiental. Sino porque ofician de cobertura por izquierda del régimen político, con posiciones demagógicas que no se proponen alterar en nada las bases económicas y de clase del régimen. Son colectoras vergonzantes del kirchnerismo, funcionales a los capitalistas, como lo mostraron claramente los votos que aportó Ciudad Futura para que un hombre de Vicentin termine siendo el flamante presidente del Banco Municipal de Rosario.

Por eso es tan dañino cuando desde la izquierda se busca embellecer a quienes obstruyen con esta orientación de conciliación de clases la construcción cotidiana de un polo político de independencia de clase. El PTS busca en Del Frade la expresión política parlamentaria de la izquierda que no es, incluso promocionando su apoyo a conflictos donde ni siquiera se hace presente. Como dice la canción “Veo al futuro repetir el pasado”, esta adaptación al centroizquierda ya la atravesó el MST, que integró el Frente Social y Popular y se fue de él, al día de hoy, sin un balance claro.

Por una salida de lxs trabajadores a la crisis

La crisis que atraviesa Santa Fe es parte de la crisis de un país, de la que la Liga de los Gobernadores también es responsable, aunque ahora intenten tomar distancia para mostrarse gestionando el territorio. Perotti apuesta a la salida agroexportadora que promueven los Fernández para recaudar los dólares que se necesitan para pagar la deuda externa. El gobernador ya está gestionando la instalación de mega factorías de chanchos en territorio santafecino, lo que agravará la depredación capitalista del ambiente. Son los gobiernos que prenden fuego casillas de nylon en nombre de la defensa de la propiedad privada, mientras  los evasores, defraudadores, vaciadores y especuladores, como Vicentin, violentan todos los derechos bajo la mirada cómplice del Estado.

En otro sentido, el “cuco” de Perotti no actúa ni se sostiene solo. Mal que les pese a la red de satélites centroizquierdistas, especialmente el PCR, que fuerzan una distinción entre el gobierno provincial y nacional, para salvarle las papas al kirchnerismo y fundamentalmente a ellos mismos, que son una burocracia multifacética que actúa como bomberos de  las luchas. Perotti es Fernández, porque fueron en la misma boleta y porque comparten un programa de gobierno.

A esta gobernabilidad de Perotti contribuye Pablo Javkin, el intendente “progresista” de Rosario, un hombre de Franja Morada que está negociando candidaturas con Horacio Rodríguez Larreta, del PRO. Por eso, pese al agravamiento de los contagios por Covid-19 y el pedido desesperado de los trabajadores de la salud frente al colapso sanitario, Javkin y Perotti salieron en bloque a justificar las aperturas económicas exigidas por las patronales, que estaban en las antípodas de las necesidades sanitarias. Ambos son responsables del salto exponencial de contagios y del crecimiento vertiginoso de la curva de fallecidos. Esa unidad reaccionaria, explica que la Guardia Municipal y la Policía Provincial actúen de conjunto en Rosario para mostrar su capacidad represiva contra las expresiones de lucha independientes.

Peronistas, macristas y progresistas votaron el Presupuesto de endeudamiento y ajuste fiscal 2020 de Santa Fe, sin mayores distinciones partidarias que el reparto de algunos cargos. En el periodo preelectoral que han abierto, ajeno a la convulsión que viven las masas en medio de privaciones dolorosas, están exhibiendo esta misma promiscuidad política.

Desde el Partido Obrero estamos desenvolviendo una enorme actividad política, que parte de las barriadas obreras donde cada derecho violentado por el Estado es motivo de asamblea, organización y lucha. Intervenimos en los sindicatos con un pliego de reivindicaciones y con el método de frente único, para romper con la tregua de las burocracias y movilizar a las y los trabajadores en defensa del trabajo, el salario y las jubilaciones. Participamos en el movimiento de lucha ambiental contra la depredación capitalista. Impulsamos la lucha de las mujeres por Ni una Menos, el aborto legal y para exigir la separación de las iglesias del Estado. Sumamos nuestras fuerzas y militancia  la lucha por las libertades democráticas contra el gatillo fácil y  la represión al pueblo. Nos organizamos y armamos frentes estudiantiles en los colegios secundarios, terciarios y en las facultades para recuperar los centros de estudiantes como herramientas de lucha en defensa de una educación estatal vapuleada por el ajuste.  Peleamos por un gobierno de lxs trabajadores, contra el régimen de hambre y saqueo de los que gobernaron en las últimas décadas.

Para desenvolver este programa, invitamos al conjunto de lxs luchadores de Rosario, San Lorenzo, Villa Constitución, Cañada de Gómez, Firmat y de toda Santa Fe a participar del acto que haremos el viernes 20 de noviembre en Plaza San Martín, frente a la sede de Gobernación.

Levantemos una tribuna y un enorme polo de independencia de clase por una salida obrera y socialista.

Les esperamos.

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