04/05/2021

Alberto Fernández y Cristina Kirchner elogian al imperialista “Juan Domingo” Biden

En un discurso del martes al mediodía, el presidente Alberto Fernández se sumó a los elogios de hace unos días de su vicepresidenta por el presidente norteamericano Joe Biden. Cabe preguntarse cómo una fuerza política que trata de presentarse como más protectora de la autonomía nacional de Argentina, por contraste con la oposición abiertamente pro-yanqui que encabeza Mauricio Macri, puede presentar una aparente convergencia entre sus políticas y la del gobierno norteamericano como algún tipo de validación.

Lo curioso del asunto es que esta operación ni siquiera es nueva. Cuando ganó Donald Trump, de quien su sucesor en la presidencia quiere mostrarse como el opuesto exacto, Cristina Fernández de Kirchner y una parte importante del peronismo local salieron a apoyar su triunfo, identificándose con un nacionalista proteccionista que ganó contra el apoyo de los medios de comunicación concentrados. En lo que parece ser una obsesión con el alineamiento con el mandatario norteamericano, estos “nacionales y populares” pegan ahora una voltereta de 180 grados. Como dice el recordado chiste de Los Simpsons “hice campaña por el otro candidato pero voté por usted”.

¿Qué es lo que entusiasmó tanto al binomio presidencial argentino? Biden en su discurso a 100 días de su asunción presentó un paquete de medidas que implican una gran inversión del Estado para tratar de mantener la tasa de ganancia de una case capitalista cada vez más carcomida por la recesión, establecer una contención social en un país que viene de una rebelión popular y una realidad social cada vez más violenta y polarizada y apostar a una promoción de los conservadores y estatizados sindicatos de la AFL-CIO como manera de contener una ola de conflictos obreros que vienen en un alza sostenida el último lustro. Evidentemente el proyecto de Biden de apoyarse en una burocracia sindical estatizada hizo ver estrellas en los ojos a los pejotistas.

Las medidas de Biden, aunque hagan demagogia tomando distancia de Wall Street (“hay buenos hombres y mujeres ahí, pero el país lo construyó la clase media, no Wall Street”) pretenden sobre todo, sostener al gran capital en una etapa de declinación inocultable del imperialismo norteamericano. La tasa de interés bajísima es sobre todo una línea de flujo para los capitalistas.

La avidez por comprar la versión de que Biden sería un gran reformador social no responde  a ingenuidad alguna en los Fernández. Les es útil para falsificar la realidad tanto de la política de su gobierno, como de su relación con la potencia imperialista más determinante en el sometimiento de nuestro país.

 

CFK se entusiasma con la desmentida de la “teoría del derrame” que hace Biden.  Pero la presentación del gobierno del Frente de Todos como un impulsor del Estado en defensa del consumo de los sectores populares es una estafa. La proporción del presupuesto dedicada a la asistencia social en Argentina decrece, no crece. No se ha reinstituido el limitadísimo IFE, a pesar de que el desmanejo de la pandemia con la apertura indiscriminada de las actividades no esenciales, el turismo y la presencialidad escolar han engendrado un nuevo desastre en casi todo el país y un cierre parcial del AMBA. El mismo martes 4 de mayo las organizaciones piqueteras independientes han convocado una conferencia de prensa denunciando la baja de 50 mil programas sociales. Los fans de Juan Domingo Biden realizan en Argentina un brutal ajuste en función de los acuerdos con el FMI que dirigen los funcionarios de Biden y la Unión Europea.

La operación se trata sobre todo de un embellecimiento del imperialismo yanqui. Las medidas proteccionistas o el compre americano tienen en una potencia imperialista un sentido profundamente distinto que en un país oprimido, donde incluso con un carácter conservador o patronal puede expresar una medida defensiva frente a la presión colonial. Las medidas de intervencionismo económico en función de la defensa del capital norteamericano fueron anunciadas por Biden con toda claridad como el relanzamiento de una ofensiva comercial, política y militar por la dominación mundial. Es parte del mismo operativo para pelear la hegemonía norteamericana que integran por ejemplo la armada yanqui que coordina acciones con Taiwán y Japón en las costas frente a China. La supremacía norteamericana que busca Biden implica en Latinoamérica reforzar los mecanismos de saqueo económico empezando por la usura sistemática de la deuda externa.

Los sucesivos elogios a Trump y Biden son parte de una campaña sistemática para congraciarse con el imperialismo de parte del gobierno Fernández-Fernández desde su asunción. Alberto Fernández dedicó sus primeras semanas de gobierno a visitar a Netanyahu, Merkel, Macron y al Papa. Ninguna de estas gestiones ha aflojado el nudo de la deuda externa sobre nuestro país, como lo han querido presentar en su momento. El desastre sanitario que estamos viviendo es el resultado directo de que se continúe privilegiando los pagos de la deuda frente a la vida y la salud de la población argentina que necesita recursos para su sistema sanitario y para que pueda cumplir una cuarentena sin morirse de hambre.

La presentación del intervencionismo estatal procapitalista del imperialismo norteamericano como una variante popular o progresista pinta al Frente de Todos como un grupo de cipayos incurables, que guitarrean sobre keynesianismo mientras su gobierno genera un empobrecimiento de características inéditas para el pueblo argentino.

 

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