13/11/2018

Bahía Blanca: “Unidad del peronismo”, una alianza reaccionaria y desmoralizante

La reunión de Máximo Kirchner y Dámaso Larraburu

La extensa reunión entre Máximo Kirchner y el operador histórico del PJ bahiense Dámaso Larraburu es ilustrativa sobre el carácter reaccionario del planteo de “unidad peronista” contra Macri, que ya está golpeando sobre la militancia referenciada en el kirchnerismo.


Larraburu ha sido fervientemente menemista, duhaldista, socio histórico de los Massot (dueños del diario La Nueva Provincia, pro-dictadura genocida y cómplices de la desaparición de dos obreros gráficos del Diario), operador de los pulpos del Puerto y del Polo Petroquímico, y conocido en la región como el “monje negro” del PJ. Durante el gobierno kirchnerista se inclinó por el sciolismo, promovió la destitución del ex intendente Rodolfo Lopes, y luego el pase del anterior intendente Gustavo Bevilaqcua del FpV al Frente Renovador de Massa.


Fiel a su trayectoria acomodaticia -que comenzó con Antonio Cafiero- Larraburu rompió con el massimo. Previamente a la reunión con Máximo Kirchner, participó de un acto de lanzamiento de la candidatura presidencial de Miguel Ángel Pichetto, que en estos momentos se encuentra reclamando la expulsión de inmigrantes y el reforzamiento represivo de las Fuerzas Armadas, una campaña “bolsonarista”.


Recientemente, Larraburu ha sido el abogado defensor de un imputado en un caso por trata de personas en Ingeniero White que luego de ser sobreseído (sólo se condenó a una persona por favorecer la prostitución) afirmó en forma escandalosa que “no existe trata en Bahía Blanca”. Su delfín político, el ex concejal Matías Italiano, fue denunciado públicamente por no pagar la cuota alimentaria de su hijo. Su respuesta a la mujer denunciante fue “hacé todas las denuncias que quieras, yo soy íntimo amigo de Dámaso Larraburu y él maneja a toda la fiscalía”.


Larraburu, por supuesto, es un agente defensor del Clero, del Vaticano y de las Iglesias que aprovechan la ola derechista en Brasil para arremeter con patoteadas y provocaciones contra el movimiento de mujeres que lucha por el aborto legal, por la ESI científica y laica, por la separación de la Iglesia del Estado. En este punto, coincide con Juan Grabois, que le impuso a Patria Grande nada más ni nada menos que la exclusión del derecho al aborto legal de su programa.


La “unidad peronista” en Bahía Blanca necesariamente debe incluir, además de a Larraburu, al randazzista Marcelo Feliu, abiertamente clerical y votador serial de los presupuestos de Vidal, de la destitución del Juez Arias (por sus fallos contra los tarifazos y descuentos a docentes). La verborragia del concejal del FpV Carlos Quiroga contra el ajuste macrista opera como cortina de humo de estas alianzas derechistas y oscurantistas.


Otro capítulo de esta “unidad” lo protagoniza el ex intendente Rodolfo Lopes, referenciado en CFK, enemigo público de Larraburu, destituido por corrupto, socio de la encarcelada mafia de la Uocra bahiense y del dirigente K de Aduns, Sergio Zaninelli (quien fue denunciado por violencia por la ex secretaria gremial del sindicato). Lopes es concejal suplente de Quiroga y ahora deberá él mismo subordinarse a su propio verdugo (Larraburu), demostrando que no hay humillación política que valga para esta dirigencia política.


El rastrerismo K podría extenderse varias páginas más. Pero la conclusión es que no estamos en presencia de “sapos” que la militancia kirchnerista debe -otra vez- deglutir, sino de la enésima confirmación de una estrategia política: la unidad con derechistas que alimentan otros derechistas, para abrirle paso a los Pichetto, a los Macri y a los Bolsonaro.


El “approach” de Máximo Kirchner con el “monje negro” refleja una enemistad inocultable con el movimiento obrero, de las mujeres y la juventud, quienes lejos están de ser los protagonistas de esta reaccionaria “unidad peronista” que anticipa una nueva desmoralización para toda la militancia kirchnerista honesta que quiere combatir al macrismo y a la derecha.


Para enfrentar a Macri y al FMI hay que romper definitivamente con sus principales socios y con la política que alimenta a los derechistas en Argentina, en Brasil y en toda América Latina. Hay que sacar todas las conclusiones y construir un partido político de la clase obrera para derrotar el ajuste, a la derecha y luchar por el socialismo.

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