Políticas
4/2/2026
Caputo se compra la ropa en Miami, a los trabajadores nos roban el salario y los puestos de trabajo
El ministro y el jefe de gabinete encubren la pérdida de empleo para defender el negocio de los importadores.

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Luis Caputo.
El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, protagonizó una nueva polémica con sus declaraciones sobre la industria textil, asegurando que nunca compró ropa en Argentina debido a los altos precios y defendiendo la caída de la industria textil local y los miles de despidos como una falsa “reorientación del empleo y el consumo”, cuando cada vez son más los desocupados y menos el poder adquisitivo de los trabajadores.
Caputo se refirió a la apertura de las importaciones y a la subsiguiente crisis de la industria textil con declaraciones en Radio Mitre, donde manifestó: “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo. Entonces, los que teníamos posibilidad de viajar comprábamos afuera (...) El sector textil es también un caso emblemático de un sector que ha sido protegido durante muchísimos años, con el cuento de que hay 150.000 familias que trabajan en esto”. Agregando que quienes se beneficiaron de todo este proceso fueron los dueños, muchos de ellos conocidos suyos.
Quien se sumó a estas declaraciones fue el jefe de Gabinete Manuel Adorni, quien se pronunció en la misma dirección, aunque esta vez desconociendo los estragos evidentes en la generación de desempleos de la política aperturista gubernamental. Adorni dijo: “Vos te comprás un jean acá y te cuesta, vamos a poner números hipotéticos, 100 dólares e importarlo te cuesta 25, entonces lo importás en vez de comprarlo acá. Explicame dónde se pierden puestos de trabajo“.
Ambos funcionarios del gobierno defienden la tesis de que con las importaciones baratas la población argentina ampliaría su poder adquisitivo, comprando a un menor precio y destinando un mayor excedente a otras industrias (locales o extranjeras), falseando el hecho que todo esta política va de la mano de una depresión de los ingresos populares y los salarios, debido a la pauta oficial de ajuste contra los trabajadores y a los despidos y cierres en las industrias que son utilizados como extorsión contra los trabajadores en actividad. Está totalmente chequeado que la inversión en la Argentina se fue a pique, por lo que no se explica nada de lo que afirma Adorni como solución.
Desde el gobierno también defienden la idea de que quien pierde su trabajo en una industria menos rentable puede “tranquilamente” dirigirse a otra actividad, o como señaló Caputo: “Pero, en líneas generales, nosotros venimos a defender a los 47 millones y medio de argentinos. Y el que trabaja en la industria textil no es que no pueda hacer otra cosa”. Sin embargo, bajo el gobierno de Milei no solo no se generó un solo puesto de trabajo adicional, sino que ya se perdieron casi 300.000 empleos y la cifra sigue creciendo.
En los últimos tiempos la industria textil viene en caída libre, con el cierre de plantas importantes como la de la firma Emilio Alal, con 260 despidos en Chaco y Corrientes; despidos en la planta de Misiones del Grupo Dass, fabricante de zapatillas para grandes marcas internacionales; 140 despidos en Eseka S.A., que provee lencería para las marcas Cocot y Dufour; y la suspensión de las operaciones de la planta tucumana de la textil TN & Platex, con 190 trabajadores afectados y el intento de imponer una reestructuración de salarios y condiciones a la baja.
Según datos de la Fundación Pro Tejer la industria textil acumula una caída interanual del 36,7% en noviembre y un acumulado de dos año de 47,6% para el mismo mes. Mientras que la utilización de la capacidad instalada del sector textil se encuentra en un 29,2%, siendo el nivel más bajo en la industria manufacturera, con una pérdida de más de 16.000 empleos desde asumido Javier Milei y el cierre de Por otro lado algo más de 500 empresas vinculadas a la cadena textil e indumentaria.
A la apertura indiscriminada de las importaciones, que a su paso fuerzan despidos y la caída de los salarios, retrayendo el consumo de la población –lo que aun así no logra bajar la inflación- se le agrega un encarecimiento del acceso al crédito y la financiación, tanto para el consumo de la población como para cualquier proyecto productivo e inversión, agravando aún más el empleo.
La política económica de este gobierno sirve a satisfacer los intereses del capital financiero e internacional, en un cuadro donde las patronales textiles e industriales salen al cruce del gobierno pero utilizan la situación actual para trasladarle la crisis a los trabajadores con la reforma laboral que amenaza con devolver a los trabajadores a la esclavitud para que las patronales aumenten sus ganancias. Para los trabajadores es ajuste y más ajuste, al punto que lo que aflora no es el “consumo internacional” sino la reventa de artículos usados e indumentaria de segunda línea.
Para salir de esta situación es necesario terminar con la política de ajuste actual, con la recomposición de los salarios y la recuperación del empleo y el consumo, y la ocupación de toda planta que cierre y despida, la defensa incondicional de los puestos de trabajo y la derrota de las reformas reaccionarias de este gobierno y sus secuaces.




