04/09/2021

Concurso de acreedores en Molino Cañuelas

Planteamos la ocupación de toda planta que cierre o despida y la apertura de los libros.

La empresa alimenticia Molino Cañuelas se acaba de presentar en concurso de acreedores, argumentando problemas financieros. La firma perteneciente al grupo local Navilli acumula una deuda con bancos locales e internacionales equivalente a 1.400 millones de dólares, la cual sus acreedores no aceptaron reestructurar y solicitaron la quiebra.

Se trata de la principal procesadora de trigo del país, con 18 plantas industriales repartidas en diferentes provincias que exporta sus productos a más de 70 países. Los dueños explican que el default actual se debe principalmente a que la devaluación del 50% producida en 2018 incrementó enormemente el peso de la deuda contraída en dólares. A su vez, sostienen que la depresión del consumo en Argentina en los últimos años (agravado por la pandemia) produjo una caída en las ventas, en una empresa donde el 60% de sus ingresos proviene del mercado interno.

El punto de quiebre en la crisis de deuda de Molino Cañuelas fue la incapacidad de solventar la compra de los molinos pertenecientes a Cargill (Trivaglia) y el proceso de expansión que encaró la empresa desde 2015. Para consolidar las finanzas de los sectores más débiles del grupo, en 2016, la familia Navili concentró en Molinos Cañuelas las diferentes empresas pertenecientes a miembros de la familia que funcionaban de forma independiente. Lo que pretendió ser un salvataje terminó arrojando una pérdida de 505 millones de pesos (29 millones de dólares) en el balance 2016-17.

Para costear la expansión, la compañía intentó avanzar en un proceso de capitalización en la Bolsa de Nueva York, sin embargo, la colocación nunca se concretó “por una combinación de alta volatilidad de las acciones argentinas y falta de interés de los inversores internacionales” (La Nación, 3/8). La concentración de producción de harina para el mercado interno llevó al grupo a intentar ampliar la comercialización de la misma, lanzando una unidad industrial de masa congelada, y una franquicia de pizza, emprendimientos que se estrellaron con el colapso del consumo desde 2018.

El telón de fondo de esta quiebra, en definitiva, es la crisis capitalista y la declinación de la economía nacional; combinado con un endeudamiento sideral por parte del empresariado local, cada vez más difícil de refinanciar en un cuadro de bancarrota y sequía de divisas del Banco Central, producto del pago de la deuda y la fuga de capitales.

La deuda externa del sector privado en el primer trimestre del 2021 alcanza los 79.259 millones de dólares, y, dentro de ella, la deuda financiera llega a los 42.513 millones de dólares, según el informe del Banco Central. Esto incluye los préstamos en dólares contraídos con bancos locales, con lo cual un default generalizado de la deuda corporativa comprometería seriamente al sistema bancario nacional. En el caso de Cargill, la deuda con bancos locales está concentrada en el Nación, el Provincia, el HSBC, el Hipotecario y el Santander. Pero el grueso de la deuda está concentrada en bancos extranjeros.

El caso de la familia Navili llevó a Ignacio Noel, de harinas Morixe, a hablar de “empresarios ricos con empresas pobres”. Pero no se trata de excepciones: en un cuadro de crisis, como anticipo a las quiebras, es frecuente que los accionistas recurran a vaciar la compañía para trasladar sus capitales a otras ramas más rentables. Sin ir más lejos, algunos integrantes del grupo Navilli se expandieron al sector textil y gastronómico, así como también se dedicaron a la compra de hectáreas para la explotación agropecuaria (El Cronista, 3/8).

El caso Vicentin expuso que detrás del default de la cerealera se escondían un sinfín de prácticas espurias por parte de su directorio, como la subfacturación de exportaciones, los autopréstamos y desfalcos de todo tipo. Este accionar es la norma entre los monopolios exportadores y cuentan con el amparo de los sucesivos gobiernos para llevarlo a cabo. En síntesis, es imposible saber fehacientemente cuál es el estado económico en el que se encuentran las compañías que aducen estar atravesando una crisis sin terminar con el secreto empresario y dar paso a la apertura de los libros.

Lo cierto es que con el concurso de acreedores de Molino Cañuelas -y el desguace que acarrean los mismos- peligran 3.000 puestos de trabajo, mientras se desconoce qué hizo la patronal con las ganancias acumuladas en todos estos años. Por lo tanto, resulta necesaria la apertura de los libros del gigante alimenticio bajo control obrero, para poner de manifiesto el estado real de cuentas de la empresa. Es preciso verificar cuál fue el destino de todos los fondos producto del endeudamiento de la empresa. Los trabajadores deben permanecer en estado de alerta y avanzar en la ocupación de toda planta que cierre o despida en función de preservar los puestos de trabajo.

       

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