17/12/2020

¿Devaluación en marcha?

Las negociaciones secretas entre el gobierno y el FMI.

Mientras Martín Guzmán jura que no se va a devaluar, lo cierto es que bajo cuerda, entre bastidores, se viene discutiendo una corrección del tipo de cambio. A pesar del hermetismo de las tratativas que viene realizando el gobierno con el FMI, ha trascendido la existencia de negociaciones secretas y febriles en torno a una devaluación. Los funcionarios del FMI vienen planteando la necesidad de revertir urgentemente la brecha cambiaria, advirtiendo que es insostenible lo cual es una forma elegante de plantear… una devaluación.

Por lo pronto, el FMI estaría presionando para cambiar la estrategia del gobierno. El ministro de Economía, como es sabido, ha apelado a un nuevo ciclo de endeudamiento para evitar una corrida hacia el dólar que llegó a orillar los 200 pesos. Pero este endeudamiento compromete fuertemente la sustentabilidad de la deuda ya existente, incluida aquella que acaba de entrar en el acuerdo con los bonistas.

Recordemos que el esquema original del gobierno era achicar la deuda dolarizada y despejar los vencimientos para adelante pero la estrategia actual está yendo en sentido contrario. La nueva deuda está nominada en dólares o ligada a la cotización de la divisa norteamericana (dólar linked). El extremo es la subasta que acaba de hacerse por 750 millones de dólares (que se agrega a otra licitación por un monto similar hecha semanas atrás) que para tentar a los inversores tuvo que ofrecer un rendimiento del 16%, una tasa astronómica, que es la confesión del que el país está lejos de haber salido de la bancarrota. Esta emisión fue hecha a la medida de las exigencias a los fondos de inversión como Pimco y Templeton que habían quedado atrapados en el país y que están buscando una vía de escape al exterior.

Como parte de las presiones del Fondo, el gobierno podría dejar de intervenir los dólares bursátiles tal como lo viene haciendo. La participación en los mercados de bonos por parte de la Anses y/o el Banco Central para bajar las cotizaciones financieras del dólar ha sido una de los ejes de la estrategia del Gobierno para acortar la brecha cambiaria. Recordemos que en esta operatoria el BCRA y el Anses se vienen deprendiendo y malvendiendo títulos que tenía en su poder, lo cual, agreguemos, socava aún más la delicada situación patrimonial de ambas instituciones. En definitiva, la deuda que estaba en poder de los órganos públicos pasó a manos privadas. Lo que era una deuda intraestatal se está convirtiendo en endeudamiento del Tesoro con privados, en dólares, con la misma tasa usuaria del 16% de la subasta actual.

Pies de barro

Esto confirma el carácter absolutamente endeble de la política oficial que viene acumulando contradicciones explosivas. La emisión monetaria ha continuado este último período pese a que la promesa de Guzmán era reemplazarla por endeudamiento. Ha pasado relativamente desapercibido el hecho de que el Central en esos últimos dos meses ha transferido al Tesoro la suma de 250.000 millones de pesos en carácter de utilidades, lo cual es un forma velada de emisión, que alimenta la base monetaria y los pesos en circulación y que vienen obligando al BCRA a absorber mediante Leliqs que se han convertido en una bola de nieve incontenible. El stock de Leliqs y pases supera los 2,6 billones de pesos (superiores a la base monetaria) que reportan a los bancos rendimiento de más de 800.000 millones de pesos. La famosa promesa de Alberto antes de asumir se ha cumplido exactamente pero… en forma inversa. Entre el interés de los bancos y los jubilados, se ha terminado privilegiando a los primeros mientras se recorta la movilidad jubilatoria.

Un endeudamiento de estas dimensiones a este ritmo tanto del Tesoro como del Banco Central requiere cada vez de tasas de interés mayores. Ni qué hablar que esto compromete cualquier proceso de recuperación de la economía que es una de las que más ha retrocedido en Latinoamérica y que ha vuelto a tener una nueva recaída en este último trimestre tanto en la industria como en la construcción. Con independencia de ello, es cada vez más difícil sostener que una parte de esos fondos no se vuelque hacia el dólar.

Esto es lo que explica que la cuestión cambiaria está colocada en el centro de las tratativas con el Fondo. El ajuste que se está cocinando no excluye una devaluación, sino que ambos entrarían en el paquete. El ajuste está en marcha con los cambios en la movilidad jubilatoria, la supresión del IFE y el ATP y el aumento de las tarifas. El ajuste, como sabemos, apunta, incluso, más lejos pues comprende también avanzar en las llamadas reformas estructurales (léase reforma tributaria, jubilatoria y laboral). Agreguemos ahora la revisión del Pacto Fiscal que ha habilitado a las provincias a aumentar los gravámenes locales y que ya ha debutado en varias de ellas con impuestazos (a la vivienda, autos y en el incremento de alícuotas de Ingresos Brutos) Pero, aún así, esto es insuficiente y es cada vez más difícil sortear las presiones a favor de una corrección cambiaria. Las presiones devaluatorias se han potenciado y el gobierno ha fracasado en la tentativa de convencer a cerealeras y exportadores que liquiden la cosecha. Los pedidos al Consejo agroindustrial (que reúne a todos los eslabones principales de la cadena de producción agraria), hasta ahora, han caído en saco roto. La estimación es que siguen retenidas alrededor de 13 millones de toneladas de la cosecha vieja equivalente a un monto superior a los 5 mil millones de dólares. El aumento de los precios de los commoditties, lejos de incentivar la liquidación de los granos, ha acentuado las tendencias a retenerlos a la espera de una de devaluación. La brecha cambiaria se ha convertido en un aliciente para que prosperen todo tipo de maniobras de subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones cuando no el contrabando directo, erosionando aun más las arcas del Banco Central. En este contexto, el superávit comercial está desapareciendo y el gobierno para cuidar las reservas este apuntando a “administrar” las importaciones. Eso está trayendo cortocircuitos y tensiones crecientes en la industria y producción local que no puede acceder a insumos indispensables, lo cual amenaza con una paralización del proceso productivo.

Esto es lo que explica que con este ritmo de endeudamiento y el supercepo de por medio, aun así, el BCRA no dejó de perder divisas. En el mes de noviembre las arcas del Central disminuyeron más de 1.200 millones de dólares. El gobierno ha respirado aliviado pues en diciembre ha comprado unos 130 millones de dólares, pero esto es apenas una aspirina en medio del descalabro. Lo cierto es que las reservas liquidas serian negativas”. La zozobra… llega cuando se netean los números. Según estimaciones del bróker Invertir en Bolsa, al 30 de noviembre las tenencias netas de la autoridad monetaria se ubicaron en U$S 4.205 millones. Y si se depura ese número, eliminando los conceptos menos líquidos (el oro y los Derechos Especiales de Giro) resulta un negativo en torno a los U$S 957 millones” (Ámbito, 14-12). En otras palabras, se estaría utilizando parte de los dólares que tienen los ahorristas depositados en los bancos, una película que es ya conocida pues es uno de los factores presentes en la crisis del 2001 que desembocó en el corralito. Todavía no es inminente pero lo cierto que de persistir esta tendencia, esto puede desembocar en una corrida no sólo cambiaria, reavivando un nuevo ascenso de la divisa norteamericana sino también una corrida bancaria, de consecuencias imprevisibles.

Lo que se cocina

Por eso, la cuestión del tipo de cambio constituye uno de los puntos neurálgicos y, a la vez, conflictivos en la mesa de negociaciones con el Fondo. Pese a la resistencia oficial, lo cierto es que en las tratativas se viene afianzando la perspectiva de una devaluación y lo que empieza discutirse es el porcentaje y oportunidad.

Los emisarios del Fondo insisten que el ingreso de divisas es exiguo y no garantiza consistencia cambiaria para enfrentar la turbulencia en Argentina. Y exigen un aumento importante de reservas de modo tal de contrarrestar la vulnerabilidad externa del BCRA. “El ministro comparte la exigencia. Guzmán comunicó al Presidente la imperiosa necesidad de acumular divisas, para evitar que la actual ‘paz’ cambiaria sea efímera y tiemble en enero” (Clarín, 11/12).

El precio que esté pagando el pueblo argentino por esta “paz cambiaria” es un nuevo hipotecamiento que se suma al que ya existe. El precio es muy caro pero, encima, tiene patas cortas Se trata de una carga insoportable que, sin embargo, no libera al país, de la perspectiva de una nueva devaluación.

No se nos puede escapar que una nueva depreciación del peso provocaría una aceleración inflacionaria, que se ha profundizado en estos últimos meses del año. Una devaluación aumentaría aun más el “retraso” de la tarifas de servicios y combustibles en relación al dólar y reforzaría las presiones para que los tarifazos que se piensan implementar en el año entrante aún sean mayores Ni qué hablar de los subsidios en dólares que el gobierno ha prometido a las petroleras en el marco del Plan Gas, en el que un fuerte salto en el tipo de cambio puede hacer estallar todo el esquema por los aires. En resumen, la devaluación sería sin lugar a dudas, a la par de un ataque severo al bolsillo popular, una nueva fuente de tensiones y choques en la clase capitalista. En definitiva, el gobierno se encuentra entre las cuerdas, con contradicciones económicas que lo superan y con menos municiones para responder

A este programa fondomonetarista, que augura privaciones sin precedentes para la población trabajadora, es necesario oponerle un programa de salida por parte de los trabajadores que debe partir del cese del pago de la deuda usuraria y la nacionalización del sistema financiero, el comercio exterior y los recursos estratégicos, bajo control obrero, que apunte a la satisfacción de las demandas y necesidades apremiantes de los trabajadores y a una reorganización integral del país sobre nuevas bases sociales poniendo fin el régimen de saqueo de quienes nos vienen gobernado en las últimas décadas No al pacto con el FMI. Que la crisis la paguen los capitalistas.

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