15/12/2020
Corrida cambiaria

Nueva subasta usuraria de dólares para los fondos Pimco y Templeton

Canjean títulos en pesos por 750 millones de dólares, a una tasa leonina de 16%.

El gobierno completará el martes 15 la subasta de 1.500 millones de dólares que había prometido a los grandes fondos como Pimco y Templeton para que se deshagan de sus posesiones en pesos, con el objetivo de restar presión a los tipos de cambio paralelos. Se trata de una operación usuraria de rescate al capital financiero que especuló con la quiebra del país.

Son gigantes del mundo de las finanzas que quedaron «atrapados» (según la propia versión oficial) en el carry trade, es decir en la bicicleta financiera que la gestión macrista generó con altísimas tasas de interés en pesos, que atraían el ingreso de dólares solo para especulación. Con la intención de que estos fondos dejen de recurrir al contado con liqui para pasarse a dólares, Martín Guzmán les había prometido a mediados de año que abriría subastas para que cambien sus títulos en pesos por otros en moneda norteamericana.

Los tiempos se alteraron por el cierre del canje con los bonistas y luego por la corrida cambiaria, pero el gobierno cumplió. Los primeros 750 millones de dólares se subastaron en noviembre, y ahora se completaría con una segunda ronda. El costo de estas subastas es usurario, porque por la bajísima cotización de los bonos que ofrece el gobierno estos rinden a sus compradores (es decir a Pimco y Templeton) una tasa de retorno de hasta 16%. Es una operación leonina, que supera lo que rinden las inversiones financieras en cualquier rincón del mundo -cuando las tasas internacionales de referencia se ubican en torno a 0%.

Esta medida pinta de cuerpo entero cuál es el precio y cuán precaria es la pax cambiaria alcanzada desde la corrida de octubre, que forzó al gobierno a dolarizar aún más la economía. En primer lugar, este resolvió dejar de cubrir el déficit con emisión monetaria (mediante transferencias del Banco Central al Tesoro) y pasar a hacerlo con nueva deuda en pesos… linkeada al dólar o a la inflación. A la par que endurecía el cepo cambiario para el grueso de la población, anunciaba una baja de las retenciones a la exportación para estimular -sin mucho éxito- a los acopiadores a liquidar la cosecha.

Otro de los recursos para achicar la brecha cambiaria fue la contención de las cotizaciones paralelas en base a malvender los bonos en poder de la Anses y del Central. De esta manera, lo que era una deuda «intraestatal» pasó a convertirse en endeudamiento del Tesoro con privados, en dólares, con la misma tasa de retorno usuraria en torno al 16% que la subasta actual.

Mientras tanto, el Banco Central no dejó de perder reservar. Durante los últimos seis meses, fue de casi 5.000 millones de dólares el saldo negativo del BCRA en sus intervenciones en el mercado cambiario. Un tercio de ello fue destinado al pago de vencimientos a los organismos de crédito internacionales, en primer lugar el propio FMI. El resto fue dilapidado para aminorar el impacto de la corrida. Al mismo tiempo, la deuda pública creció unos 20.000 millones de dólares en el año.

Como se ve, el precio de la pax cambiaria es una carga insoportable para el país, y es una prueba más de que el problema no es la ausencia de divisas sino la incesante fuga de capitales, que el gobierno de Alberto Fernández avala ahora ejecutando una subasta a medida de los Pimco y los Templeton.

Con todo, la cuestión del tipo de cambio sigue siendo uno de los puntos conflictivos en la mesa de negociaciones con el Fondo. Guzmán asegura que la cotización actual es «competitiva», pero hasta el momento la cosecha sigue sin despacharse a la espera de una devaluación. En definitiva, luego de haber arrancado tantas concesiones, los grandes capitalistas ya le tomaron el tiempo al gobierno.

El meollo del asunto es que una devaluación acicatearía la aceleración inflacionaria, que se ha profundizado en estos últimos meses del año. Cuando aún estamos en vísperas de los tarifazos y se comprometen subsidios en dólares a las petroleras en el marco del Plan Gas, una fuerte depreciación del peso puede hacer estallar todo el esquema por los aires. El único punto de apoyo de toda la estrategia oficial es un severo ajuste fiscal, como el que pesa sobre los jubilados, y por ello parte de las garantías que exige el FMI es alcanzar un acuerdo que comprometa a todo el arco político en la implementación del programa que se pacte.

Como nos muestra esta nueva subasta leonina de 750 millones de dólares, la mitad del país se sume en la pobreza mientras el gobierno rescata al capital financiero. En contraposición a este programa fondomonetarista, la única salida real de este laberinto es la nacionalización del sistema financiero y el comercio exterior, bajo control obrero, para recapitalizar una banca nacional e invertir los recursos en un desarrollo nacional, incompatible con el régimen de saqueo de los pagadores seriales de la deuda. El primer paso para ello es derrotar el pacto con el FMI.

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