Políticas

19/10/2026

El doble criterio del PTS ante los comités unitarios

Del llamado unitario en el Estado Español al divisionismo en el FIT-U

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En el Estado Español, la corriente internacional del PTS reclama comités unitarios y denuncia la división que provocaría la formación de organismos separados por organización. En Argentina, el PTS rechaza la propuesta de comités comunes del Frente de Izquierda y desarrolla los propios. La contradicción afecta un problema decisivo: si el reconocimiento conquistado por la izquierda se convierte en una fuerza organizada de los trabajadores o se fragmenta según las conveniencias de cada aparato.

Contracorriente Madrid, la agrupación juvenil impulsada por la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras, publicó un llamado a la Coordinadora Juvenil Socialista y a la Organización Estudiantil Socialista para preparar conjuntamente la huelga general del 11 de noviembre convocada por las centrales sindicales de ese  país. Cuestiona que estas organizaciones impulsen sus propios comités juveniles y sostiene que “un comité convocado y encuadrado por una organización no es autoorganización”. Propone organismos comunes de estudiantes, docentes y demás trabajadores, con libertad de tendencias (Izquierda Diario.es, 9/10).

El artículo advierte que la multiplicación de asambleas y piquetes por corriente debilitaría la huelga y reivindica el frente único. Extiende ese criterio a su relación con las organizaciones interpeladas: anuncia que participará de sus asambleas para defender la organización común. Es un planteo que corresponde confrontar con la conducta de su propia corriente en Argentina (ídem).

La convocatoria partidaria de una iniciativa no basta, por sí sola, para descalificarla. Una organización revolucionaria debe tomar iniciativas y disputar su orientación. La cuestión es si permite que los participantes deliberen, elijan representantes y decidan, o si utiliza la convocatoria para asegurar un encuadramiento previamente resuelto. Este criterio vale también para los comités que promueve el PTS.

En Argentina, el Partido Obrero propuso comités unitarios y una asamblea nacional del FIT-U para transformar la simpatía por la izquierda en organización, debate programático e intervención en las luchas. La convocatoria de la UJS incluyó expresamente a las juventudes del PTS, Izquierda Socialista y MST. No se trataba de pedirles que se incorporaran al PO, sino de impulsar una experiencia común entre fuerzas que ya integran un frente político (Prensa Obrera, 8/6).

El Manifiesto del Partido Obrero, “Contribución para el desarrollo de la izquierda y el socialismo en la Argentina”, formula una crítica inequívoca: “El rechazo del PTS a comités comunes constituye un error político severo”. Vincula esa negativa con la subordinación de una oportunidad para el conjunto de la clase a los intereses de aparato. Su propuesta consiste en organizar el apoyo conquistado por el FIT-U y darle una orientación combativa, mediante comités de base y una asamblea nacional (Manifiesto del PO, 26/6, apartado VI).

El mismo documento plantea que los comités combinen la acción directa con la discusión de estrategia y programa. Su perspectiva de avanzar hacia un partido revolucionario común parte de esa experiencia, sin dar por resueltas las diferencias entre las organizaciones. La práctica compartida debe permitir comprobar qué acuerdos pueden desarrollarse. Presentar esta propuesta como la exigencia de una fusión partidaria inmediata elude su contenido efectivo (ibídem, introducción y apartado X).

La Matanza ofrece un ejemplo concreto. El 27 de junio, el PO e Izquierda Socialista realizaron un plenario con más de 120 trabajadores, jóvenes y jubilados. Allí reiteraron el llamado al PTS a constituir un comité común. Las resoluciones incluyeron iniciativas contra la reforma laboral, apoyo a los municipales y a los comedores, y participación en las luchas docentes. La convocatoria involucraba tareas inmediatas contra Milei y el ajuste de Kicillof y Espinoza, junto con la construcción de una alternativa política (Prensa Obrera, 29/6).

En una entrevista del 5 de julio, Emilio Albamonte distingue las coordinadoras de lucha, abiertas a trabajadores de distintas filiaciones, de los comités por un partido de la nueva clase trabajadora. Defiende ambos tipos de organización y cuestiona que los comités del FIT-U exigirían una adhesión política previa. Sobre el comité común de La Matanza, sostiene: “Eso va a depender de cómo avancemos en los acuerdos políticos” (Ideas de Izquierda, 5/7).

Distinguir un organismo de lucha de un agrupamiento político es necesario. Pero de esa distinción no se desprende que los partidos del FIT-U deban organizar por separado a quienes se acercan a ese frente. Un comité común puede debatir un programa, promover una campaña y apoyar un conflicto sin convertirse en un sindicato ni exigir a sus participantes una afiliación partidaria. A su vez, puede impulsar organismos de lucha más amplios que sus propias filas. Son tareas compatibles.

Pero la distinción con la que el PTS pretende justificar su conducta tampoco resiste el examen de su intervención sindical. Su rechazo a la organización común se extiende a los propios frentes de lucha que dice reivindicar. La contraposición entre comités políticos y organismos de frente único encubre, entonces, una impostura: invoca la amplitud y la coordinación para cuestionar las iniciativas ajenas, mientras debilita los reagrupamientos existentes cuando no se subordinan a su orientación.

La conducta ante la Multicolor de la CTA de los Trabajadores es ilustrativa. En 2022, Prensa Obrera denunció que el PTS retiró sus candidatos cuarenta minutos antes de la presentación de la lista unitaria, poniendo en riesgo su oficialización, y presentó una lista propia. En 2026 volvió a quedar al margen del frente antiburocrático, que reúne a agrupaciones de distintas corrientes para enfrentar a la conducción de Yasky y Baradel. Aquí no estaba en discusión la formación de un partido común, sino una batalla sindical contra la burocracia (Prensa Obrera, 17/9/2022 y 12/9/2026).

El Plenario del Sindicalismo Combativo (PSC) también registra antecedentes de esta política. Primero se mantuvo por fuera durante los dos años posteriores a su fundación, en el Estadio de Lanús, en 2018; luego pidió incorporarse para torpedear desde adentro buena parte de sus iniciativas; y, más recientemente, volvió a apartarse de la columna que el PSC desplegó en la Marcha de la Bronca. El PSC constituye un polo clasista nacional que desde hace años integra a organizaciones de trabajadores ocupados y desocupados.

Estos antecedentes desmienten que el desacuerdo se limite al carácter de los comités del FIT-U. El mismo método aparece en el terreno sindical: apartarse del frente antiburocrático o promover acciones paralelas al organismo común. La exhortación española a evitar que cada corriente organice su propia asamblea y su propio piquete se vuelve contra quienes la formulan. El frente único exige comprometer fuerzas en las iniciativas acordadas y disputar abiertamente su orientación. Convertirlo en una bandera para reclamar unidad a otros, mientras se practica el divisionismo en el propio país, subordina los intereses de la lucha obrera a la construcción del aparato.

El divisionismo llegó incluso a la presentación electoral del propio Frente de Izquierda en Bariloche. Para las elecciones de convencionales que reformarán la Carta Orgánica municipal, convocadas para el 1 de noviembre, se inscribieron dos alianzas separadas: una del PTS y el MST, encabezada por Alhue Gavuzzo, y el Frente de Izquierda por el Socialismo, integrado por el PO, Izquierda Socialista y Marabunta, con Rodolfo Sánchez al frente. La declaración del PO del 19 de septiembre responsabiliza al PTS, acompañado por el MST, por rechazar la lista unificada. La negativa a los comités comunes encuentra así una prolongación en la fractura electoral local: mientras se rechaza ampliar la acción conjunta del FIT-U, se debilita también la unidad que ya había conquistado. Quienes en España advierten que la dispersión entre organizaciones favorece al adversario deberían explicar por qué ese criterio deja de regir en Bariloche.

La objeción del PTS a comités unitarios del FIT-U carece de consistencia: “sus” comités que pretende impulsar por cuerda separada también discuten programa y estrategia, buscan incorporar simpatizantes e intervenir en los conflictos. Son precisamente funciones que podrían desarrollarse en común, preservando la libertad de cada corriente. Los desacuerdos requieren debate y delimitación; no explican por qué sería preferible dispersar a quienes se acercan a una experiencia política compartida.

La contradicción con España aparece en este punto. Allí, Contracorriente advierte que cada organización con su comité fragmentaría las fuerzas disponibles. Aquí, en Argentina, el PTS convierte sus diferencias con los otros integrantes del FIT-U en una razón para no constituir comités comunes. No estamos equiparando un comité de huelga con un comité político. Lo que cuestionamos es que se invoque la necesidad de preservar las diferencias para rechazar una propuesta que contempla expresamente la discusión pública de los acuerdos y los desacuerdos,  pero en el marco de una acción conjunta en el escenario de la lucha de clases.

El problema siguió abierto después de la Marcha de la Bronca. En su declaración del 19 de septiembre, el PO reiteró la propuesta de una asamblea nacional del FIT-U precedida por comités de base unificados, abiertos a quienes quieran luchar. Señaló que esas iniciativas habían chocado con la negativa del PTS y denunció su política de autoconstrucción divisionista. Es una delimitación sobre decisiones concretas, que el llamado español vuelve especialmente pertinente (Prensa Obrera, 19/9).

La salida está planteada: comités comunes del FIT-U, abiertos a trabajadores y jóvenes, con debate programático y decisiones de acción contra el gobierno y las patronales; una asamblea nacional que permita extender esa experiencia. La defensa de una política propia se acredita disputando su orientación ante los trabajadores. El crecimiento de la izquierda adquirirá alcance revolucionario si contribuye a que una nueva vanguardia actúe como fuerza independiente frente al capital. Subordinar esa tarea a la captación separada de simpatizantes desperdicia una oportunidad que pertenece al conjunto de la clase obrera.

Programa, estrategia y partido: el debate en el Frente de Izquierda de la Argentina - En Defensa del Marxismo
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