Políticas
24/9/2026
El intento de desalojo de Fate: otro paso en la desindustrialización en Argentina y una política de todo el régimen
La burguesía nacional busca una mayor rentabilidad reconvirtiéndose en importadora.
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Cambio de Base - FIUBA
La fábrica Fate lleva siete meses ocupada por sus trabajadores ante el lockout patronal de Madanes Quintanilla. Este cierre se suma a los más de 31.000 cierres de empresas en la era Milei, de los cuales 4.100 son fábricas. Es parte de una política general de reconversión que está llevando adelante Madanes Quintanilla: una patronal que, sin mediar concurso preventivo ni quiebra, decidió cerrar la planta para reorientar sus inversiones, dejando 920 familias en la calle y liquidando otros 2.500 puestos de trabajo indirectos. Hace dos años, sus propios trabajadores eran 1.700. No es una política aislada: es la política de toda la Unión Industrial Argentina (UIA), que hace pagar el costo sobre la espalda de las familias trabajadoras.
Focalizarnos en Fate es importante porque es la única fábrica de neumáticos radiales para transporte y camiones en la Argentina. Estamos ante una profundización de la política de sustitución por importaciones. Se trata de la búsqueda de mayor rentabilidad por parte de la burguesía argentina, que reemplaza la producción en territorio nacional por el ingreso de productos más baratos del exterior. Este esquema termina no solo en el cierre de fábricas, sino también en una capacidad instalada ociosa del 50% en las industrias, con las suspensiones que ello conlleva.
Un régimen cómplice
La novedad de la situación es el pedido de desalojo de la Justicia penal de la provincia de Buenos Aires, que se interpone en un conflicto laboral y acompaña el interés de Madanes Quintanilla de garantizar los despidos de los trabajadores. Esta decisión no es azarosa. Más allá de que entendemos el rol de clase de la Justicia, estamos en un momento donde Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires, busca el apoyo de la UIA para su futura carrera por la presidencia. Mientras hace meses le niega una reunión y una solución a los trabajadores de Fate, cabe preguntarse: ¿será su policía la que efectúe el desalojo y selle el destino de 920 familias?
Mientras la política de Milei lleva por este camino de desindustrialización, en pos de una primarización extractivista con el Rigi (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) y un beneficio al capital especulativo financiero con el carry trade, la oposición desoye la propuesta del Sutna y de la asamblea de fábrica: la "ocupación temporaria" en el marco de la ley vigente, para que se disponga la inmediata puesta en marcha de la operatoria de la planta, repleta de materias primas y con sus máquinas en perfectas condiciones. La propuesta de ley está cajoneada en el poder legislativo provincial y nacional, mientras Kicillof no ha hecho absolutamente nada por este conflicto.
Un problema estratégico
Estamos ante un punto de inflexión en Argentina. La industria en caída solo va a profundizar la dependencia de los capitales extranjeros que actualmente, con las políticas de Milei, sostienen la fuga de capitales. El peronismo, que se llena la boca hablando de soberanía nacional, mira para un costado cuando está en juego una fábrica estratégica para un país que actualmente transporta sus mercancías principalmente mediante camiones.
El desalojo de Fate no es una causa judicial más: es el intento de consumar, por vía penal, un cierre patronal que ya lleva siete meses y que forma parte del mismo plan de desindustrialización, ajuste y primarización extractivista que impulsan Milei y la UIA. Mientras Kicillof busca el apoyo empresarial para su carrera presidencial, 920 familias y toda la industria nacional quedan a merced del capital importador.
Por eso, frenar el desalojo, exigir la reapertura de la planta y apoyar la propuesta de ocupación temporaria del Sutna no es solo solidaridad con Fate: es defender la producción y el futuro industrial del país.
No al desalojo. Fate se defiende.




