Políticas

13/10/2022|1655

EDITORIAL

El peronismo es entrega, pobreza y represión

Llenemos los actos del Partido Obrero en Plaza de Mayo y en todo el país

Alberto Fernández y la ministra Victoria Tolosa Paz

El próximo 17 de octubre el peronismo tendrá varios actos. No es la primera vez que en el “día de la lealtad peronista” el PJ aparece dividido, pero en esta oportunidad se trata de la expresión de la fractura de la coalición gobernante meses antes de las elecciones presidenciales. Con el último recambio de gabinete, que incluyó áreas tan sensibles en tiempos de ajuste como Trabajo y Desarrollo Social, Alberto Fernández trató de hacer una demostración de una cierta independencia respecto de CFK y Massa, o sea, de que todavía dispone de la lapicera. Bien mirado se trata de un salto en la crisis del oficialismo que muestra no solo un gobierno loteado sino fundamentalmente que la disgregación es cada vez mayor.

Con la renuncia de Gómez Alcorta, la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, el Presidente le aceptó la renuncia a los otros dos, reemplazándolos sin consultar con el resto de los socios de la coalición. Los relevos de Alberto se caracterizan por su debilidad. Tolosa Paz, designada en el Ministerio de Desarrollo Social, es la cara del fracaso de la mesa contra el hambre que se armó al inicio del mandato del actual gobierno, de la cual ella era coordinadora, pero es justo decir que fracasaron Arroyo, Zabaleta, todos, porque hay ajuste y no hay plata y hay una economía estallada por el pago de la deuda; Kelly Olmos, en el Ministerio de Trabajo, subió sin el aval de la burocracia sindical y tendrá en sus manos la homologación de acuerdos salariales por decenas; ya se ocupó de declarar que la recomposición salarial será el resultado de la “lucha contra la inflación” -es decir, que el salario es variable de ajuste.

La crisis del gabinete es una expresión de la aplicación del ajuste mandado por el FMI. Zabaleta quería irse de Desarrollo para refugiarse en Hurlingham, tratando de salvarse del, por todos percibido, derrumbe electoral del peronismo en 2023. Gómez Alcorta argumentó la represión en el sur, un episodio más del ataque a los pueblos originarios en todo el país que antes no la motivó para irse, y Moroni se va criticado, entre otras cosas, por “no ser duro” con el Sutna, lo que trató de hacer y fracasó por la lucha de los trabajadores.

El FMI manda

A pesar de que Alberto Fernández trate de ganar espacios, lo cierto que es que la manija la tiene Sergio Massa, que fue llamado para que el gobierno no se derrumbe antes de tiempo. Massa tiene el apoyo del FMI y la embajada yanqui, y su misión es que Argentina cumpla con las exigencias fijadas en el acuerdo que Guzmán y Fernández firmaron y que el Congreso aprobó por amplia mayoría. Ese aval es el que ha logrado el segundo desembolso para no entrar en default. Sin embargo, en su dictamen, los funcionarios del Fondo han sido precisos en la necesidad de profundizar los recortes del gasto (salud, educación, obras públicas, asistencia social), avanzar en la quita de subsidios a los servicios (que Massa aplazó por un mes) y proceder a una reforma previsional (que seguramente va a golpear sobre todo al 40% de los trabajadores, la masa de empleos precarios, que no podrá cumplir con los requisitos para jubilarse).

Por otro lado, el FMI está presionando para que se avance en una devaluación en regla. El desdoblamiento cambiario que Massa está ejecutando, además de tener un costo, no alcanza para recomponer las reservas que el propio Fondo alerta son negativas. Además, advierte que el Central está metiendo mano en los dólares de los depositantes, con lo cual arma las condiciones para una corrida bancaria. En el informe tampoco se priva de señalar que toda esta batería no servirá para que la economía crezca (pronostica un 2% que es casi el crecimiento vegetativo), ya que además deberá afrontar la crisis que está provocando la guerra. En concreto, semejantes sacrificios que han llevado a que los trabajadores argentinos sean pobres, a la pérdida de derechos, a que el país retroceda en su desarrollo y que se habilite un saqueo de los recursos nacionales (incluso a costa del ambiente), todo eso solo servirá para tributar al imperialismo, al capital financiero y financiarles la avanzada criminal de su guerra.

Frente a esta situación y pronóstico no se ha levantado ninguna voz dentro de las fracciones en que está dividido el peronismo. La crítica del kirchnerismo a los cambios de gabinete ha sido anodina (“Alberto se cortó solo”). Mientras tanto, se refugia en la provincia de Buenos Aires tratando de preservarse de la derrota electoral. Pero Buenos Aires no es una isla. Kicillof, el “soldado de Cristina”, además de llevar adelante el ajuste, salió a defender a su ministro de Seguridad, Berni, después de la brutalidad policial con la hinchada de Gimnasia que conmovió al país. Pero también lo sostuvo en el asesinato de Facundo Castro, y con el “Cuervo” Larroque (cabeza de La Cámpora) como coequiper reprimieron a mansalva en Guernica el reclamo de tierra y vivienda.

La división dentro del peronismo no cuestiona en la esencia el rumbo que adoptó Massa, posiblemente en la conciencia de que si cae el ministro de Economía, caen todos. Pero es inevitable que la aplicación de una política de apriete suscite choques y quejas. Los recursos del Estado para hacer frente a los reclamos de las distintas fracciones capitalistas se están agotando. El cepo para juntar dólares está paralizando la industria, la suba de las tasas de interés está encareciendo el crédito y el consumo, el gobierno está apelando a un endeudamiento (cada vez más dolarizado) que es una bomba de tiempo, entre otros factores. La preocupación del Fondo sobre la crisis del oficialismo es si existen las condiciones políticas para avanzar en el ajuste, cuando todavía no está armado un relevo. Macri en su nuevo libro (Para qué) ha declarado que procederá a fondo con todas las reformas antiobreras desde el primer día, en su interés de aparecer como un ala dura; pero la división dentro de la propia oposición deja dudas de que esto sea posible. Es decir, la crisis es más que la división del oficialismo y el cambio de gabinete.

La clase obrera entra en escena

La victoria del Sutna (venciendo al gobierno -y a Massa en particular-, a la burocracia de la CGT, a los medios, a la oposición de derecha), fruto de una lucha aguerrida en defensa de su salario, para más sostenida por una dirección clasista y combativa, agitó la situación política. “Hacer como el Sutna” se discute entre los trabajadores. “Impedir nuevos Sutna” se plantean los capitalistas y sus políticos. Lo cierto es que los trabajadores del neumático plantaron bandera mostrando que los trabajadores no están pintados. Lo mismo sucedió con la lucha de 72 horas de la Unidad Piquetera, que obligó al gobierno a ceder otorgando parte de los reclamos. Acá también una dirección de izquierda y combativa se hizo notar.

Estas dos intervenciones de los trabajadores (junto a las muchas luchas que están en curso) mostraron también que el peronismo, con sus políticos y burócratas, es una mochila que la clase trabajadora tiene que sacarse encima para impedir que avancen sobre sus condiciones de vida.

El peronismo con todas sus fracciones es el ejecutor de los mandatos del imperialismo, es el que sostiene la inflación que liquida los ingresos, es el que negocia la entrega de las riquezas, es el que cajonea la ley de humedales, como le pidió López Murphy, es el que el cumple el sueño de Bullrich contra los mapuches, es el que con su gobernador cristinista defiende a la “maldita Bonaerense”, es el que asume e impulsa el programa de la oposición derechista. En resumen, el peronismo es pobreza, entrega, cipayismo y represión.

Para superar esta situación es fundamental impulsar la lucha de los trabajadores, ir a fondo en los reclamos que enfrentan los intereses populares con los que defienden los políticos capitalistas. La necesidad de un paro nacional y un plan de lucha está cada vez más vigente. Y esta es la tarea central de la izquierda en este momento: ponerse a la cabeza de la lucha contra el gobierno fondomonetarista.

A la par hay que desnudar la complicidad de todas las fracciones del peronismo, y en particular del kirchnerismo, con la política oficial. El desafío es que el movimiento popular adopte otras banderas, las de la clase obrera, las del socialismo.

En Plaza de Mayo, el 29 de octubre, con los luchadores del Sutna y del movimiento piquetero independiente, haremos un acto con esa perspectiva. Lo mismo sucederá a partir de la semana entrante en Salta, Córdoba, Mar del Plata, Neuquén, Río Negro, Mendoza, entre otros.

Llenemos las plazas de banderas de lucha, de banderas socialistas.