Políticas

14/2/2023|1662

El PTS, un conservadurismo peligroso

Una propuesta de acción frente a un comunicado paralizante.

Foto: Andrés Ojo Obrero Fotografía

El PTS, a través de un comunicado de su dirigente Christian Castillo, salió públicamente a cuestionar las resoluciones adoptadas, apenas unas horas antes, por el plenario que nuestro partido realizó el pasado sábado 11 de febrero en el microestadio del Club Lanús.

Centralmente, Castillo rechaza la propuesta de realizar un congreso del FIT-U abierto a los luchadores, que el plenario con la presencia de 2.500 delegados y activistas reafirmó por unanimidad. Para fundamentar su negativa recurre a tergiversar el planteo, por un lado, y hacer un relato falso sobre la realidad de nuestro partido y de la del PTS, por el otro. Ambas cosas revelan, como mínimo, una liviandad en el tratamiento del problema.

Congreso versus Paso

Nuestra propuesta del congreso es concreta: en el marco de la crisis capitalista que está provocando una verdadera catástrofe social la izquierda debe producir una movilización política tal que le permita atraer, organizar y agrupar a los luchadores que enfrentan a los responsables identificados en los partidos y políticos capitalistas que vienen gobernando desde hace décadas.

Esa movilización política, partiendo de una deliberación común para establecer los términos de la misma (es decir su programa) y en ese marco definir sus voceros y candidatos, es aún más necesaria porque el derrumbe de los partidos tradicionales, y particularmente del peronismo que es hoy la cara y el ejecutor de los mandatos del Fondo Monetario y el imperialismo, está dando lugar al crecimiento de expresiones abiertamente derechistas y antiobreras como Milei, Bullrich y otros que pretenden apropiarse de la bronca, el enojo y el rechazo que hoy domina a las más amplias capas de la población.

Es decir, el congreso estaría al servicio de un agrupamiento en términos políticos, de establecer una movilización común con una porción importante de quienes están con la izquierda en las luchas que se desenvuelven en todos los terrenos. Sería, como dijo Romina Del Plá el sábado, “un salto en calidad para colocarnos en el centro de la escena política, mientras en las internas de los partidos capitalistas lo que discuten es cómo llevar adelante un ajuste feroz contra la población trabajadora”. El plenario de Lanús fue, por el método, la representatividad de la concurrencia y las resoluciones, una muestra de la potencialidad de nuestra propuesta al FIT-U.

Pero Castillo sostiene que “el PO propone un congreso para elegir candidatos con el agravante que proponen definir el programa con participantes que no necesariamente acuerdan con la perspectiva de independencia de clase, anticapitalista y socialista revolucionaria, por un gobierno de trabajadores y trabajadoras”. Si esto fuera así, si los luchadores a los que queremos convocar a una congreso en común con la izquierda aún no tienen acabadamente “una perspectiva anticapitalista, socialista revolucionaria”, etc., etc., seguramente el congreso sería un factor de atracción y entonces ayudaría a que adopten una perspectiva “socialista revolucionaria”.

Por otro lado, el planteo del congreso está al servicio de colocar las candidaturas como expresión de una izquierda que produce un hecho político: ¿no es mejor que los candidatos del FIT-U sean la expresión de una deliberación y resolución colectiva de decenas de miles, y no el resultado de un acuerdo en una mesa? Tendrían así más fuerza para pararse como la representación real de un pueblo agraviado por la política capitalista.

Las “prevenciones” que el PTS y Castillo tienen con la propuesta del congreso no las tienen con las Paso. Castillo señala que “está la posibilidad de utilizar como último recurso las Paso, como nuestro frente ha hecho en anteriores ocasiones”. ¿Son mejores las Paso, donde puede participar desde un trabajador hasta Paolo Rocca, es decir, una masa pasiva e indiferenciada, dominada por la presión de los aparatos capitalistas, los recursos económicos millonarios para ese fin y los medios de comunicación afines, y organizada por el Estado capitalista que combatimos, que un congreso de la izquierda y los luchadores?

Una concepción antiobrera

Para justificar “teóricamente” su negativa, Castillo y el PTS recurren a falsedades sobre nuestro partido. Sostienen que el PO ha decidido disolverse en el Polo Obrero, “lo que los ha llevado a dejar de intervenir en numerosos terrenos de lucha”. Dice esto del partido que juega un papel protagónico en luchas del movimiento obrero, y no solo por la lucha del neumático; el PO interviene en los sindicatos desde los industriales, de servicios, en la docencia (dirigimos el Suteba Matanza durante 9 años y luego metieron fraude), en la docencia universitaria (dirección de AGD-UBA), encabezando listas de la izquierda en las CTAs, en Ctera, y así podríamos seguir. Es el partido que se extiende a lo largo de todo el país, que participa activamente de la lucha ambiental, del movimiento de las mujeres, de los jubilados, que interviene en las universidades, terciarios y secundarios, dirigiendo centros de estudiantes, etc. ¿El PTS no lo sabe? Claro que lo sabe, y sabe de nuestra superioridad en el desarrollo y la organización en esos “terrenos” en relación a ellos y el resto de la izquierda.

El problema central es que el PTS rechaza la lucha del movimiento piquetero, que desprecia al mismo como una expresión de la clase obrera (sin trabajo) que busca abrirse paso para impedir que la miseria se la lleve puesta, que le quita su carácter de clase bajo el mote de “pueblo pobre”, como si la pobreza no fuera el resultado del capitalismo. Critica al PO porque se volcó a organizar a todos los sectores de la clase obrera (el “sujeto histórico” que según el PTS abandonamos) y progresó en la fracción desocupada de la mano de la gran historia y tradición del movimiento piquetero protagonista del Argentinazo. El desprecio a la lucha piquetera y a la lucha para que los trabajadores desocupados no queden bajo la tutela de los punteros o de las organizaciones sociales afines al gobierno -en lo cual el PO juega un papel clave-, tiene una dosis preocupante de gorilismo y es una concesión al ataque que el conjunto de la burguesía y sus políticos hacen a quienes con su lucha les están impidiendo una caída más drástica de los salarios, enfrentan el ajuste en la calle tozudamente, y sobre todo organizados en forma independiente. Pretenden ocultar su negativa a organizar a los explotados en todos los “terrenos”. ¿Es posible despreciar la lucha de centenas de miles de explotados con disquisiciones sociológicas y fraseología marxista si se pretende terminar con la barbarie capitalista? Que un movimiento popular que gana las calles contra la política de los capitalistas adopte las banderas socialistas no es una tarea “light”, es un enorme desafío para quienes pretendan que la situación dé un vuelco y los trabajadores tomen el poder.

El PTS, luego de acusarnos de lo que no somos, nos reprocha no ser consecuentes con ello: nos cuestiona que nuestros candidatos no surjan del Polo sino que son “los dirigentes tradicionales del Partido”; lo cual niega la supuesta disolución del PO. Nuestros candidatos Gabriel Solano, Romina Del Plá, Néstor Pitrola, Vanina Biasi y los de cada una de las provincias no son “figuras políticas”, son dirigentes de una estrategia contraria al movimientismo, de una estrategia que persigue el gobierno obrero, y que construyen un partido de combate ligado a esa lucha.

A nuestro planteo el PTS le opone una fórmula presidencial decidida por ellos 16 meses antes de las elecciones, en el marco de un congreso interno y que colocó como principal tarea salir a organizar a los votantes del FIT-U, una masa informe y sin constancia de qué participación tiene en la lucha de clase, cuando lo que arreciaban eran las luchas contra el ajuste y la política fondomonetarista.

El desafío de la izquierda

La política del PTS es conservadora, timorata; trata de surfear en la crisis buscando ver cuántos votos puede pescar de la desilusión en el kirchnerismo, apareciendo como una versión izquierdista del mismo. A eso se debe su tendencia a no delimitarse de este en términos de independencia política. Esto lo ha llevado a tomar posiciones contrarias a una fuerza socialista y al propio FIT como ha sido el retiro de Del Caño y Vilca de la sesión para que avanzara el impuesto para la caja de la Policía Aeroportuaria, o dar quórum para que el gobierno nacional le quite parte de la coparticipación a CABA, o insistir en evitar cuestionar a CFK por su papel central en la corrupción, o plantear una asamblea constituyente para modificar la justicia cuando el kirchnerismo está agitando el juicio a la Corte para disimular el avance con su apoyo del ajuste que comanda Massa. Y estos no son ataques ni imputaciones personales a Bregman, Del Caño o Vilca, es evidente que actúan como decisión de su partido, y esas acciones comprometen la independencia política “que caracteriza a nuestro Frente desde su fundación hace doce años”.

El PTS debe reflexionar con profundidad sobre nuestra propuesta y hacerlo en función de lo que los trabajadores necesitan: una izquierda que se muestre totalmente decidida a provocar un viraje en la situación del país a favor de los trabajadores.

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