27/12/2021

En Argentina sobran dólares

Las reservas internacionales del Banco Central siguen cayendo, a pesar de que en tres años se acumula un superávit comercial de casi 43.000 millones de dólares.

El gobierno sigue afirmando que negocia con el FMI un nuevo programa «que no limite el crecimiento», asegurando que será sobre la vía de un mayor desarrollo de la economía nacional que se saldaría el megacrédito con el organismo. Es una falacia. A pesar de la bonanza exportadora de este año y de los DEG que recibió el gobierno, la reservas del Banco Central cerrarán el 2021 por debajo de su nivel de doce meses atrás. Para que el mentado crecimiento no se fugue es necesario adoptar un rumbo opuesto.

Luego de pagar la semana pasada otro vencimiento de capital al Fondo por casi 1.900 millones de dólares, las reservas internacionales del BCRA quedaron apenas por encima de los 39.000 millones de dólares. Algo debajo de como concluyeron el 2020, cuando entre enero y noviembre la balanza comercial dejó un saldo positivo de 14.300 millones de dólares. Los pagos de deuda (casi 5.200 millones al FMI) y las operaciones financieras para contener las cotizaciones paralelas del dólar explican esta dinámica.

De hecho, contando desde inicios de 2019 el superávit comercial acumulado en estos tres años se aproxima a los 43.000 millones de dólares según cifras del Indec, pero las reservas internacionales en divisas registraron en período una caída en picada, desde los casi 57.000 millones de dólares con que cerraron en 2018. Esto incluso cuando la mayor parte de este tiempo rigió un cepo cambiario, se reestructuró la deuda externa con los bonistas y se postergaron vencimientos como el del Club de París; finalmente, se trata de medidas de crisis para rescatar precisamente el pago de la deuda.

Es falso por donde se lo mire entonces que el problema de la Argentina sea una «restricción externa» o escasez de divisas. Incluso, el gobierno contó este año nada menos que con más de 10.000 millones de dólares que la cayeron como un maná del cielo, es decir por condiciones meramente externas: sumando los 4.350 millones de los DEG girados por el FMI y una mejora en los términos de intercambio que redundó en ingresos extra por 5.670 millones según Indec (porque los precios de exportación crecieron muy por encima de los de importación -mientras que en cantidades las primeras crecieron 10% contra casi 30% de las segundas).

El hecho de que las arcas del Central sigan en niveles críticos es el reflejo entonces de un saqueo de proporciones astronómicas, que corre paralelo a un incremento del endeudamiento a niveles récord. Desde la llegada de Alberto Fernández a la Casa Rosada, la deuda pública sumó unos 30.000 millones de dólares, hasta superar los 353.00 millones. Esta dinámica ascendente se agrava especialmente por la política oficial de financiarse con bonos atados a la inflación, que ya representan dos tercios de toda la deuda en moneda nacional, y por ese motivo se licúan en caso de una devaluación. La deuda en moneda extranjera también creció, unos 10.000 millones desde la asunción del Frente de Todos.

En conclusión, podría decirse que en estos años en que se disparó la pobreza y se ajustó sostenidamente en el gasto público fueron de una amplia bonanza comercial, lo cual refuta de plano la idea de que la cuestión es retomar un rumbo «de crecimiento» para saldar los compromisos financieros. En el Fondo Monetario lo tienen perfectamente claro, y por eso todo el programa que se negocia se centra en un fuerte recorte del gasto público y facilidades a las multinacionales exportadoras para que el país acceda nuevamente al crédito internacional, de manera de que pague sus cuentas con el FMI a base de nueva deuda con privados. Este círculo vicioso es lo que explica el declive de la economía nacional y las sucesivas crisis de deuda.

Por lo demás, es decir por fuera del pago de deuda, que del «crecimiento» exportador no quede nada es el resultado de un régimen de saqueo en el cual las grandes firmas exportadoras gozan de flexibilizaciones del cepo para poder girar sus dividendos al exterior, mientras que la burguesía criolla sigue incrementando sus activos colocados en el extranjero y dólares afuera del sistema financiero local. Este régimen de fuga de capitales explica además la huelga de inversiones que impera en Argentina. La perspectiva de suba de tasas de interés internacionales agudizará la tendencia a la estampida de capitales.

Por último, lo que evidencian las estadísticas del Indec es que el comercio exterior argentino es netamente colonial. Los primeros cuatro rubros de exportación que concentraron dos tercios de todas las ventas son productos del reino vegetal, animal, sus derivados, y de la industria alimenticia; al tiempo que tres cuartas partes de las importaciones obedecen a los ítems de bienes de capital, intermedios, y piezas y accesorios. Los proyectos oficiales de leyes de incentivo a las cereleras, petroleras y automotrices reforzarán esta inserción subordinada en el mercado mundial. Es justamente el camino que traza el FMI y el resto de los organismos multilaterales con los que este gobierno apuesta a seguir endeudándose.

Solo rompiendo con el Fondo y el capital financiero internacional puede abrirse un rumbo opuesto, procediendo a la nacionalización del comercio exterior y la banca bajo control obrero para dar lugar a una recapitalización del país y financiar un plan de desarrollo nacional. Son medidas que apuntan a quebrar un régimen de saqueo que sostuvieron todos los que gobernaron en las últimas décadas.

 

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