Políticas
28/7/2026
Kristalina en Vaca Muerta: los hidrocarburos son para pagarle al FMI
Cae el consumo local de combustibles, mientras crecen las exportaciones y el negocio de las petroleras y el capital financiero.

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La visita de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, a Vaca Muerta no constituye una simple recorrida protocolar: es una postal del verdadero programa económico de Javier Milei. Después de reunirse con el presidente y con Luis Caputo en la Casa Rosada, Georgieva viajará junto al ministro de Economía al yacimiento Loma Campana, uno de los principales desarrollos de YPF en Neuquén para dar el mensaje claro de que el petróleo y el gas argentinos están al servicio del repago de la deuda fraudulenta con el FMI.
No es casual que la titular del Fondo haya destacado públicamente el papel de la industria petrolera como motor del crecimiento económico. El organismo espera que Vaca Muerta genere entre 11.000 y 15.000 millones de dólares anuales en exportaciones. Esas divisas no tienen como destino un plan de industrialización, obras de infraestructura o mejoras salariales, sino garantizar el flujo de dólares que exige el FMI para cobrar una deuda que el pueblo trabajador nunca contrajo.
Mientras se festejan las perspectivas exportadoras, la población enfrenta un escenario completamente distinto. La venta de combustibles acumuló en junio su quinta caída interanual consecutiva y registró el segundo peor nivel de comercialización de todo 2026. En el primer semestre el retroceso acumulado alcanzó el 1,3%, confirmando que cada vez menos trabajadores pueden afrontar el costo de llenar el tanque.
La contracción del consumo revela el impacto de una política energética que convierte a los combustibles en un bien cada vez más inaccesible, que consiste en equiparar en el mercado interno el precio internacional del barril, sumando un factor clave al desplome del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones (que no se refleja en el IPC).
La política oficial persigue un objetivo de sostener la rentabilidad de las petroleras y maximizar las exportaciones. Cada litro de nafta más caro significa mayores ingresos para un sector cuya renta termina fugándose al exterior y divisas que se destinan al pago de la deuda externa bajo la tutela del FMI.
El resultado es un golpe sobre la clase trabajadora. Por un lado, aumenta el costo de cargar combustible para quienes utilizan el automóvil u otros vehículos para trabajar, lo que también incide en los aumentos en las tarifas del transporte público que impactan sobre la población trabajadora que se moviliza a diario. Por otro, se encarece toda la cadena logística del país. El transporte de alimentos, medicamentos e insumos industriales depende del precio del gasoil, de modo que cada incremento termina trasladándose al conjunto de los precios de la economía.
A esto se suman los tarifazos en gas y electricidad impulsados por el gobierno nacional. El mismo argumento utilizado para justificar la liberalización del sector energético -atraer inversiones y garantizar rentabilidad- sirve para descargar sobre los hogares populares facturas cada vez más elevadas. Los trabajadores pagan varias veces la cuenta: en el surtidor, en las boletas de servicios públicos y en el precio de cada producto que consumen.

Además, estamos ante un sector que es presentado como una "salida" a los problemas de la Argentina pero que presenta una contracción real en los puestos de trabajo. Según consultora C-P se perdieron 9.000 puestos de trabajo en Energia y Mineria entre noviembre de 2023 y abril de 2026, en una industria donde priman las adendas y reformas flexibilizadoras y precarizadoras del empleo.
Mientras Georgieva recorre Vaca Muerta celebrando el ingreso de divisas, las rutas que sostienen la actividad se encuentran destruidas por el ajuste en la obra pública impuesto para garantizar el superávit fiscal exigido por el FMI, al punto de convertirse en una trampa mortal para los trabajadores y las comunidades de la región. Los grandes proyectos mineros y energéticos avanzan sobre la base de importaciones de equipos, estructuras y módulos completos desde China e India, desplazando a la industria metalúrgica local. El resultado es que los sectores que más dólares generan no actúan como palanca para el desarrollo local, sino como enclaves extractivos controlados por grandes multinacionales y petroleras locales: exportan recursos, importan cada vez más insumos y bienes de capital, destruyen empleo industrial y dejan al país apenas las migajas y, además, fuertes pasivos ambientales..
El desarrollo de Vaca Muerta aparece así completamente subordinado a las necesidades del capital financiero internacional. El FMI no inspecciona solamente un yacimiento; supervisa uno de los principales mecanismos mediante los cuales espera asegurarse el cobro de su préstamo. La presencia de Caputo y de las autoridades de YPF simboliza la alineación completa de la política energética argentina con los intereses del organismo internacional y de las grandes corporaciones del sector.
Vaca Muerta debe estar al servicio de las necesidades de los trabajadores y no del FMI. La riqueza generada por el petróleo y el gas tiene que destinarse a garantizar energía y combustibles baratos, desarrollar la industria, crear empleo de calidad y satisfacer las necesidades populares. Romper con el FMI y terminar con el negocio de las multinacionales y petroleras locales constituye una condición indispensable, con la nacionalización bajo control obrero, para que los recursos estratégicos del país dejen de financiar la fuga de capitales y pasen a beneficiar efectivamente a quienes los producen con su trabajo.




