08/11/2021

La especulación financiera es responsable de la emisión y sus efectos inflacionarios

En octubre se destinaron $118.000 millones en concepto de intereses por Leliqs y Pases y $0 para lanzar un nuevo IFE.

A contramano de la promesa del gobierno de “poner plata en el bolsillo de la gente” y de los pronósticos de la oposición patronal augurando que la inyección de dinero circulante iba a echar leña al fuego de la inflación, la realidad da cuenta de que el grueso de la emisión monetaria tuvo como destino el pago de intereses de Leliqs y Pases del Banco Central, cuyos acreedores son los bancos.

Lo cierto es que por cada $1,4 que se emite para cancelar intereses de Leliqs, $1 de emisión va dirigido a financiar al fisco. Por otra parte, el gobierno emitió en lo que va del año más de $1 billón para hacer frente a los intereses de estos instrumentos, mientras que la emisión destinada a financiar el déficit fiscal durante el 2021 no superó los $720 mil millones.

Así las cosas, en el mes de octubre el gobierno no dudó un segundo en apelar a la emisión monetaria para cancelar $118.000 millones en concepto de pasivo remunerado del BCRA, en cambio, resolvió no destinar un solo peso en el lanzamiento de un nuevo IFE, a pesar del recrudecimiento de la pobreza al que asistimos. En ese sentido, la mentada “plata en el bolsillo” fue para la banca y no para el pueblo trabajador.

De este modo, las responsabilidades sobre los efectos inflacionarios de la emisión hay que buscarlas en especulación financiera -que favorecen los sucesivos gobiernos-y no en la miserable asistencia social que perciben los sectores populares, cuyas partidas caen mes a mes en términos reales como resultado del ajuste. A su vez, los billetes emitidos para cubrir el déficit fiscal, a fin de cuentas, también estuvieron al servicio del capital, puesto que los beneficios patronales son lo único que aumentan en la ejecución presupuestaria. Sin ir más lejos, hasta septiembre 2021, lo devengado en subsidios energéticos tuvo un incremento del 56,9% interanual, por encima de la inflación.

Sucede que, ante el drenaje de divisas producto del pago de la deuda y la fuga de capitales, el gobierno busca absorber los pesos circulantes -para evitar que se vuelquen al dólar- mediante la emisión de Leliqs y Pases. Sin embargo, este mecanismo se ha transformado en una bola de nieve, donde la deuda del BCRA ya supera los $4 billones. Este endeudamiento viene el alza, considerando que en octubre “el stock de pasivos remunerados aumentó 5,5% en el mes” (Infobae, 8/11).

Nos encontramos frente a una encerrona, donde por un lado este andamiaje sirve para reducir la inflación, en la medida que esteriliza los pesos circulantes, pero, por otra parte, cancelar los intereses que suponen estos instrumentos requiere de una gran emisión monetaria, con sus correspondientes consecuencias inflacionarias. Y, a su turno, va acumulando una deuda en pesos impagable, la cual solo sería posible pagar apelando a la emisión, lo que desataría sin dudas un proceso hiperinflacionario. Es por ello que el oficialismo viene intentando -hasta el momento sin mucho resultado- desarmar este esquema tentando a los bancos para que acepten canjear sus Leliqs y Pases por títulos del Tesoro, donde la garantía de pago dejaría de ser la emisión y pasaría a ser el ajuste del gasto público.

La única manera de salir del laberinto descripto es poniendo fin a este mecanismo usurario. Esto implica repudiar el conjunto de la deuda, romper con el FMI y nacionalizar bajo control obrero la banca y el comercio exterior. De esta forma, daremos paso a una reorganización económica cuya prioridad radique en el beneficio de las mayorías y en el desarrollo productivo del país. Solo desde el Frente de Izquierda Unidad levantamos esta perspectiva, que constituye una salida en términos positivos a la crisis planteada.

 

 

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