22/10/2021
Déficit cuasifiscal

Un billón de pesos para los bancos, lo que ya pagó el gobierno en intereses de Leliq

Casi equivalente a la suma de lo destinado a salarios estatales y programas sociales.

En lo que va del año, el Banco Central ya pagó más de un billón de pesos a los bancos por intereses de Leliq y pases pasivos. Una suma inconmensurable para la inmensa mayoría. Para retratar, digamos que al concluir el 2022 el gobierno habrá gatillado a la banca el equivalente a dos veces toda la recaudación tributaria del Estado nacional en septiembre, solamente por dejar la plata estacionada en las arcas del BCRA. Una radiografía del parasitismo de la política económica y del capital financiero.

Para peor, en el mismo lapso el stock de esta deuda remunerada creció 1,5 billón de pesos, hasta rozar los 4,4 billones. Es un incremento del 54%, muy por encima de la inflación acumulada a septiembre, del 37%. Por esta dinámica bola de nieve, el Central pasó de pagar algo menos de 85.000 millones de pesos en enero a más de 130.000 en septiembre.

Este déficit cuasifiscal es sin comparación el principal motivo de expansión monetaria, ya que el déficit financiero (contando pagos de deuda) del Estado nacional sumaba a septiembre algo más de 630.000 millones de pesos. A tal punto es una refutación de quienes alegan que para reducir la inflación es necesario ajustar el gasto social para bajar la emisión, que para superar lo que llevan embolsado los bancos por estos intereses hay que sumar todo lo destinado a programas sociales y a salarios estatales en los primeros nueve meses del año.

Para colmo, como dijimos, se retroalimenta hacia adelante: contando los últimos doce meses, por cada peso que emitió el BCRA generó un pasivo de dos pesos (entre nuevas letras y pago de intereses). En ese mismo período, la masa de los jubilados -que en su mayoría cobran haberes debajo de la línea de indigencia- perdió unos 177.000 millones de pesos si comparamos cuánto superó la inflación a las actualizaciones trimestrales.

Es un mecanismo usurario del cual se vale el gobierno para sacar pesos de circulación, y evitar que se recaliente la tendencia inflacionaria. Las otras caras de esta política se reflejan en el ajuste fiscal (el gasto público primario cayó un 6,3% real en el año, según Iaraf) y en el leonino endeudamiento en pesos con tasas indexadas a la inflación o linkeadas a dólar, con el objetivo no satisfecho de bajar la emisión.

De más está recordar que la inflación vuela al 52% interanual, a pesar de esta política monetaria «ortodoxa». Esto a pesar de que, como recalcan los propios funcionarios del Banco Central, la cantidad de pesos circulantes se contrajo notoriamente, y en términos de su relación con el PBI se ubica debajo del promedio histórico de la última década. El punto es, como autoincriminatoriamente manifestaron los empresario en el reciente Coloquio de Idea, la completa huelga de inversiones que impera en el país. Es lo que hace que todo billete que se imprime estimule la corrida al dólar y eche combustible al fuego inflacionario.

En conclusión, todo este mecanismo parasitario que sostiene una fabulosa liquidez ociosa no es más que una consecuencia del parasitismo general de toda la clase capitalista, que antes de invertir un solo peso pretende asegurarse la flexibilización de los convenios colectivos de trabajo, la facilidad para despedir empleados según hacia dónde sople el viento y la reducción de los aportes patronales. En lugar de podar por el «costo laboral» como reclaman al unísono, cuando ocho de cada diez salarios se ubican debajo de la línea de pobreza, habría que empezar por atacar el costo financiero para incentivar un ciclo productivo. Los bancos, agreguemos, son los agentes de la fuga de capitales que puso a la Argentina en el podio de los Pandora Papers.

El afán del gobierno de desarmar paulatinamente esta bomba de tiempo de las Leliq y pases pasivos sobre la base de tentar a los bancos a pasarse a títulos del Tesoro y poder computarlos como encajes (es decir la porción de los depósitos que no deberían invertir como reaseguro a los ahorristas) no altera en sí el negocio -de hecho ofrece mayores tasas de interés. Lo que sucede es que el Central tiene la máquina de de imprimir billetes, y por eso prestarle es de cobro seguro. El Tesoro, por el contrario, solo puede ofrecer como garantía un mayor ajuste fiscal. A su vez, volcaría mayor cantidad de pesos a la circulación con previsibles efectos inflacionarios, y prepara las condiciones para una corrida bancaria en caso de crisis de pagos de la deuda soberana.

Es tal vez el mayor fraude de todo lo que prometía el Frente de Todos como superación de la fracasada experiencia macrista. Para dejar atrás la bicicleta financiera que se costea a costa de los trabajadores y jubilados, el Frente de Izquierda Unidad plantea la nacionalización de la banca bajo control obrero, como una medida elemental para poner un punto final a esta usura parasitaria, orientar los recursos financieros a la inversión productiva y el desarrollo del país, y cortar el cordón umbilical de la fuga de capitales que está en la raíz de la depreciación de la moneda nacional y la desorganización económica.

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