12/08/2021

La bicicleta financiera no terminó con el macrismo

Lo confirma Pesce, reconociendo que no hay crédito privado porque los bancos solo colocan en Leliq.

En la apertura de un foro organizado por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, pidió a los bancos que consideren destinar sus recursos a créditos productivos que estimulen la actividad económica, en lugar de seguir engrosando el stock de Leliq. «Necesitamos que la capacidad de ahorro del país, que el BCRA tiene en forma de pasivos esterilizados, se transforme en instrumentos de inversión en la economía real», manifestó el titular de la entidad monetaria. Es una confesión del fracaso de quienes asumieron el gobierno prometiendo terminar con la «timba financiera» del macrismo y abrir un ciclo de crecimiento productivo.

«Argentina no necesita recursos esterilizados en el Banco Central, sino que estos estén produciendo e invirtiendo», sostuvo Pesce, en referencia a la gigantesca suma de 3,9 billones de pesos que entre Leliq y pases constituyen la deuda remunerada de la entidad que conduce, y por la cual solo este año ya se pagaron cerca de 750.000 millones de pesos en concepto de intereses (equivalente a la suma de lo que gastó el Estado nacional en salarios y Salud en el mismo período).

Esta liquidez ociosa, que implica una descomunal fuente de transferencias a los bancos, es sin lugar a dudas el nicho más rentable y seguro para que estos inviertan los pesos de los ahorristas, cuyos depósitos toman a tasas baratas. Por eso, por más que el titular del Central insista en que «la Argentina necesita desarrollar su mercado de capitales», lo cierto es que ofrece una vía de ganancia asegurada que desincentiva el préstamo al sector privado (a diferencia de un deudor que puede devenir en incobrable, el BCRA tiene la máquina de imprimir billetes).

Para ver que se trata de una política de gobierno, vale agregar que el ministro de Economía, Martín Guzmán, con su esquema de cubrir el (ajustado) déficit fiscal vía endeudamiento para evitar emitir, ofreciendo para ello bonos indexados a la inflación o al dólar y con tasas cada vez más altas, constituyen otra aspiradora del dinero en circulación. Una vez más, es una fuente mucho más redituable que cualquier crédito a la producción o el consumo privado.

Esta política monetaria «ortodoxa» está dictada por la intención de allanar el camino a un acuerdo con el FMI, y deja en ridículo los discursos de Alberto Fernández y Guzmán, en sus giras por el exterior, acerca de la necesidad de recuperar un «capitalismo productivo» como contraste con el dominio del mercado de las finanzas. Es un intento por apaciguar la inflación y sostener la precaria pax cambiaria, que pone al gobierno a merced de los bancos y fondos de inversión.

Veámoslo con números. Los depósitos en pesos del sistema financiero local crecieron en lo que va del año más de 1,7 billones de pesos, pero solo un 22% (esto es, aproximadamente solo uno de cada cinco pesos) fue destinado a créditos al sector privado; estos, de hecho, revelan una caída promedio mensual del 2% respecto de la inflación (Ámbito Financiero, 9/8). Esto cuando se estima que más de un 75% de las transacciones de la actividad económica se financian vía crédito bancario.

Es evidente entonces que los pasivos del Banco Central y del Tesoro obstaculizan una recuperación de la economía, especialmente de la inversión pero también de estímulos reales al consumo -cuando se hunde el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Lo peor, con todo, es que en el intento de contener la estampida inflacionaria estos títulos adoptaron una dinámica de crecimiento con efecto bola de nieve, que se retroalimenta a sí misma, porque los bancos reinvierten en Leliq lo que cobran por intereses y los tenedores de bonos públicos refinancian sus vencimientos con el Tesoro con el beneficio de asegurarse que no perderán en caso de devaluación.

Nada de esto, desde ya, evitó que la inflación se ubique en un 50% interanual. Eso se debe en gran medida a que las reservas internacionales siguen por el suelo, porque casi todo el superávit comercial por el récord de la soja se consumió en pagos de deuda externa y operaciones para contener la brecha cambiaria.

Al mismo tiempo, incide una huelga de inversiones generalizada por parte de los capitalistas, lo cual deprime la demanda de pesos, mientras aumenta la corrida al dólar. Un columnista de Clarín destaca que «los bancos privados aseguran que la demanda de crédito es cero» (10/8). La desorganización económica, que tiene en el saqueo de divisas una de sus raíces, no es un terreno para grandes inversiones productivas, más cuando el mercado interno se contrae por el derrumbe del poder adquisitivo de la población, y en las jugosas ramas de exportación lo que exigen como condición es poder sortear el cepo para girar las ganancias al exterior.

De hecho, agrega el mismo articulista que las estadísticas del BCRA revelan la particularidad de que la tasa de los plazos fijos minoristas es tres puntos mayor que la que se ofrece a los grandes depositantes (más de un millón de pesos), lo cual revela que los bancos no quieren más billetes porque no tienen dónde invertirlos, y que por ende toda la rentabilidad proviene de sus negocios especulando con los títulos de deuda del Estado.

En conclusión, en medio de un estricto ajuste fiscal, el gobierno rescata a la banca con fondos públicos: en una antítesis de lo que fue su promesa de campaña en 2019, las jubilaciones perdieron 9,6 puntos contra la inflación en doce meses, mientras que los intereses pagados por el Central le ganaron por 36. Los créditos irrisorios que el gobierno ofrece ahora a tasa cero a los monotributistas solo pueden anunciarse un mes antes de las elecciones porque su monto (90.000 pesos en el caso de categoría más baja) no alcanza para inversión alguna, serán seguramente utilizados para financiar deudas o incluso el consumo, y por último serán fondeados… ¡con la plata de los jubilados!

El gobierno del Frente de Todos es incapaz de poner fin a los desastres que adjudicaba a la gestión macrista. El mismo horizonte de rescate de la deuda externa y de someterse a un nuevo programa con el FMI revelan, más profundo aún, que gobiernan para la misma clase social parasitaria. Para terminar con la bicicleta financiera, el Frente de Izquierda Unidad contempla en su programa una medida elemental como la nacionalización de la banca y la centralización del sistema financiero bajo control de los trabajadores, lo cual de la mano del cese del pago de la deuda fraudulenta, la ruptura con el Fondo y la nacionalización del comercio exterior permitiría orientar las riquezas del país a invertir en un desarrollo productivo para satisfacer las necesidades sociales y nacionales.

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