29/09/2021

Los capitalistas argentinos atesoran 200.000 millones de dólares

El problema no es la llamada "restricción externa", sino el parasitismo de la burguesía y la fuga de capitales.

El presidente del Banco Central afirmó que uno de cada cinco dólares que circulan por el mundo fuera de Estados Unidos son atesorados por residentes argentinos. En una disertación que realizó en un congreso de profesionales de ciencias económicas, Miguel Pesce aseguró que «el país genera fuertes excedentes económicos» y estimó que hay unos 200.000 millones de dólares en billetes en Argentina.

El titular de la entidad monetaria incurrió en una contradicción manifiesta, ya que insistió en que para que el país crezca «sostenidamente» las exportaciones anuales deberían promediar los 90.000 millones de dólares (un salto del 50% respecto de 2020), y en que “Argentina requiere de inversión extranjera no sólo porque es proveedora de dólares a la balanza de pagos deficitaria sino porque aporta tecnología e inversión; pero es cierto que el país genera fuertes excedentes económicos: los residentes argentinos son dueños de activos extranjeros por unos 400.000 millones de dólares y tenemos un saldo positivo de 150.000 millones”.

Es decir que terminó reconociendo que no es verdad que sufrimos una escasez de divisas o una «restricción externa». De hecho, agregó: «Lo que necesitamos es un mercado de capitales que convierta ese excedente en inversión». En conclusión, el problema es la huelga de inversiones que prima entre los capitalistas, lo que explica cómo es que hay más de medio PBI guardado en billetes norteamericanos «abajo del colchón». Este parasitismo es estructural e involucra por igual los años de «modelo productivo» de los Kirchner y de la «timba financiera macrista», ya que el propio Pesce resaltó que desde 2007 se importaron 170.000 millones de dólares en billetes desde Estados Unidos.

Por lo tanto, mientras a las familias trabajadoras del país les venden (desde ambos lados de la grieta) que no existe más alternativa que ir hacia un acuerdo con el FMI, mientras el Presupuesto 2022 presentado por Martín Guzmán en el Congreso contempla nuevo endeudamiento por 12.000 millones de dólares con organismos internacionales de crédito, y Alberto Fernández vuelve a pedir en una cumbre de la ONU mayor financiamiento; lo cierto es que en todos estos años de inflación, cepo cambiario, crisis de deuda y crecimiento de la pobreza la burguesía nacional multiplicó su atesoramiento en divisas.

El planteo de que los problemas de la economía nacional pueden resolverse incrementando las exportaciones se da de patadas con esta realidad que pinta el propio presidente del BCRA. Solo apunta a justificar una política basada en una serie de beneficios a los grandes pulpos ligados a la exportación, como se plasma en el proyecto de Ley de Hidrocarburos y la promesa de una norma similar para la agroindustria, la flexibilización del cepo y la eliminación de retenciones a las exportaciones de servicios, y se programan incentivos a las mineras y automotrices; pero todo eso únicamente busca garantizar «sostenidamente» los pagos de deuda. ¿Qué haría suponer que esas ganancias no redundarían una vez más en fuga de capitales y atesoramiento?

Finalmente, el gobierno del Frente de Todos tuvo este año la bendición de un boom extraordinario de los precios internacionales de la soja y otros productos primarios, pero las tenencias líquidas del Central apenas se ubican en 1.400 millones de dólares, según la consultora ACM, cerrando un septiembre en que se gatillaron 1.900 millones al FMI y se dilapidaron 700 millones en operaciones para contener la brecha cambiaria.

El balance cambiario de agosto, publicado días atrás por la propia autoridad monetaria, demuestra que el mes registró un récord histórico de exportaciones debido a los altos precios de las commodities (no a mayores cantidades), pero sin embargo hubo una diferencia de casi 1.300 millones de dólares entre el valor de las ventas al exterior declaradas en la Aduana y las divisas que efectivamente se liquidaron, mientras que los importadores adelantaron el pago de 450 millones de dólares en relación al valor de mercadería efectivamente ingresada al país. Por lo demás, el informe volvió a mostrar los misérrimos niveles de inversión extranjera directa.

Estos típicos movimientos especulativos, característicos de los períodos en que se avizora la posibilidad de una devaluación, revelan que sin nacionalizar el comercio exterior todo auge exportador repetiría a priori los mismos patrones que vienen hundiendo al país en un declive secular desde hace décadas. A su vez, son estos sectores, desde Toyota y la UIA hasta las petroleras y Mercado Libre, los que ponen como condición para invertir que se concrete una reforma laboral que flexibilice los convenios colectivos de trabajo. Esto alecciona acerca de que la reactivación económica en términos capitalistas no partirá nunca de una mejora del poder de compra de los trabajadores, sino por el contrario de un mayor margen de explotación de la fuerza de trabajo y una maximización de la ganancia. Por eso no se cumplen las promesas de Alberto y Cristina sobre salarios y jubilaciones creciendo por encima de la inflación.

La huelga de inversiones condiciona todo el rumbo oficial. Refiriéndose a la masa ociosa de más de cuatro billones de pesos que acumula entre Leliq y pases pasivos el BCRA, Pesce expresó que “es dinero que necesitamos y la forma de resolver es que se canalice al financiamiento de las familias y de las empresas a través del sistema financiero y de capitales”. Pero la política de absorción de pesos circulantes (por la cual lleva pagados casi 900.000 millones de pesos en intereses a los bancos) garantiza que los especuladores de las finanzas puedan seguir haciendo negocios en medio de una depresión extraordinaria de inversiones que respondan a sus parámetros de rentabilidad y riesgo. Por eso vemos que en los títulos del Tesoro y del Banco Central están colocados casi el 90% de los depósitos del sistema bancario, lo que además de ser un impedimento de cualquier desarrollo productivo implica una altísima exposición a la solvencia del Estado, y podría hacer de una crisis de deuda soberana el disparador de una corrida bancaria.

Este parasitismo confirma que no hay un rumbo alternativo mientras la orientación central siga siendo buscar un acuerdo con el Fondo Monetario, a base de ajuste fiscal y de congraciarse con los reclamos de los capitalistas ligados a la exportación. Para terminar con la supuesta escasez de divisas y la bicicleta financiera, y abrir paso a un ciclo de inversión productiva y desarrollo nacional, es preciso cesar el pago de la deuda externa usuraria y fraudulenta, y nacionalizar la banca y el comercio exterior para que las riquezas del país sirvan a un plan económico debatido y dirigido por los trabajadores.

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