Políticas
13/5/2026
La estrategia de la izquierda
Editorial de Gabriel Solano en "14 Toneladas" T3E14

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¿Tiene la izquierda una estrategia de poder?
En los últimos días realmente ha crecido mucho el debate político. El debate periodístico sobre si la izquierda tiene o no una estrategia de poder. Es un desafío importante para nosotros, porque cualquier fuerza política tiene la obligación de tener una estrategia de poder. En el caso de que no la tenga, está condenada a ser solamente una fuerza de presión de otras estrategias políticas que tengan una estrategia de poder.
Cuando se le pregunta a la izquierda en general se lo hace a partir de la convicción de que esta no tiene estrategia de poder y que, por lo tanto, lo que pretende ser es nada más una fuerza de tipo testimonial; que quiere expresar algún tipo de descontento, alguna rebeldía superficial, pero que no quiere tener (no solamente es que no tiene, sino que no quiere tener) una estrategia de poder, porque no quiere asumir la responsabilidad de gobernar en el país.
Esto lo han dicho muchos desde el peronismo, indudablemente, pero también desde sectores periodísticos que se indagan -con derecho- a saber si la izquierda tiene o no una estrategia de poder. Evidentemente, cuando se discute esto aparecen muchas cuestiones. Por un lado la presunción de que la ausencia de una estrategia de poder tiene que ver con que la izquierda no hace alianzas políticas con la burguesía.
Este es un punto de partida importante. Se supone que si vos querés tener una estrategia de poder tenés que armar una estrategia política con los partidos tradicionales para llegar a él. En particular en Argentina, donde gobierna Milei, esa estrategia de alianzas políticas debería ser que la izquierda haga un acuerdo con el peronismo o con alguna fracción de él.
Esa presión está dada y se nos ha hecho ese tipo de reproche: “Si ustedes quieren llegar al poder, tienen que juntarse con el peronismo”. Quienes nos hacen ese reproche saben que tenemos estrategias y programas distintos. “Entren a un gobierno con el peronismo y peleen desde adentro para que la agenda de la izquierda, los intereses que la izquierda quiere encarnar, de alguna manera progresen, al menos en parte”.
Un periodista, Jorge Fontevecchia, que es el dueño de la editorial Perfil, fue más a fondo y en un artículo que hemos publicado en Prensa Obrera la semana pasada demostramos que hace un esfuerzo diciendo: “Miren, hay trotskistas, ya no solamente izquierdistas, hay trotskistas que en el mundo se han animado a entrar a gobiernos burgueses y a pelear desde adentro por su estrategia”.
Pone como ejemplo la experiencia -bastante cercana para nosotros- brasileña, donde un partido que es una especie de coalición política, que se llama el PSOL, una parte de él ingresó al gobierno de Lula y un dirigente (Guilherme Boulos) ocupó un cargo importante en el gabinete. Entonces, nos dice Fontevecchia: “miren este Boulos, entró al gobierno de Lula, evita que gane Bolsonaro, y desde adentro pelean para esto”.
Cuando -lo hemos dicho muchas veces- uno va a repasar la experiencia brasileña, ve (no sabemos cuál es exactamente la agenda de Boulos y el Psol, pero suponemos) que el Psol y Boulos están en contra de la reforma laboral que en su momento se aprobó en Brasil, bajo el gobierno de Michel Temer, y estarían en contra de la reforma previsional que en su momento se aprobó bajo el gobierno de Bolsonaro. Sin embargo, la entrada de Boulos al gobierno de Lula no trajo aparejado ni la anulación de la reforma laboral ni la anulación de la reforma previsional. Pero la coalición de Lula es tan amplia que abarca una parte importante de la derecha -y no solo de la derecha- que en su momento hizo un golpe contra el PT.
Una parte de la coalición de Lula acaba de votar en el parlamento una reducción significativa de la condena contra Bolsonaro por el golpe de Estado que intentó hacer en el momento del balotaje cuando es derrotado. Así que dentro del gobierno de Lula está Boulos, pero también una parte de la derecha que en el parlamento votó contra Lula para reducir, a pedido de Trump, la condena a Bolsonaro, y eso no ha llevado a ningún tipo de deliberación interna para que el PSOL salga del gobierno de Lula. Se han quedado adentro.
Entonces la coalición que se nos pide en Argentina, y se nos cita como ejemplo internacional, llevaría al Frente de Izquierda a estar dentro de una coalición con elementos fuertemente derechistas (porque a eso es a lo que se inclina el peronismo en la actualidad), y a que la izquierda quede condenada a renunciar a su independencia política y, por lo tanto, pierda toda posibilidad de jugar un papel de estrategia de poder real. Porque la estrategia de poder es pelear por tu programa, no conseguir un cargo para vos o un cargo para tu partido.
Entonces tenemos un problema de estrategia. La izquierda, si tiene estrategia de poder, tiene que pelear por su propia independencia y por su propio gobierno. Y como los gobiernos no son de una fuerza ideológica, sino que los gobiernos siempre tienen que remitir a una clase social, un gobierno de la izquierda tiene que ser un gobierno de los trabajadores. No es solamente un tema de ideología, porque izquierda y derecha son conceptos confusos.
El problema es si la izquierda va a luchar por un gobierno de los trabajadores, es decir, por un gobierno de una clase social distinta a la clase social que gobierna hoy, que es la clase capitalista. Ahora, acá aparece un problema político importante que es el siguiente. Muchos nos dicen: “ustedes se presentan a elecciones y las elecciones son burguesas”. Te lo dice todo el periodismo: “¿Para qué te presentás si vos querés un gobierno de trabajadores, que es una estrategia antiburguesa?”
Nosotros nos presentamos básicamente porque hay elecciones, es decir, porque todavía los trabajadores no lograron estructurar un poder político propio para gobernar, o al menos establecer un doble poder con el poder del Estado burgués. Y uno no puede descartar, como hipótesis, que la izquierda se presente y gane las elecciones. ¿Y qué pasa si gana las elecciones la izquierda?
Bueno, nos esforzaríamos por llevar adelante nuestro programa, y eso generaría indudablemente una serie de choques sociales brutales. Imagínense, nosotros gobernamos y establecemos un aumento salarial inmediato. ¿Cómo aumentamos los salarios? Aumentamos los salarios reduciendo el beneficio capitalista. Como el valor creado en el proceso productivo deriva del trabajo realizado no retribuido al trabajador, alcanza con reducir la ganancia capitalista para aumentar los salarios. No hace falta recurrir a ningún tipo de emisión monetaria, que tendría un efecto inflacionario. Ahora, reducir la ganancia capitalista llevaría a un choque con la clase capitalista. Uno debe suponer, necesariamente, que ese choque llevaría aparejado un intento de cierre de fábricas.
Entonces hay que defender las ocupaciones de fábrica que se desarrollan, por ejemplo el caso de Fate. Tendríamos que defender los procesos contra una fuga de capitales que se quiera realizar a través de la burguesía, que nos sabotearía con el manejo del sistema financiero. Estableceríamos un control sobre el sistema financiero, tendiendo a nacionalizar todo el sistema financiero.
Escuché por ahí que la izquierda dice tonterías porque plantea nacionalizar la banca cuando la banca argentina no tiene plata, pero el que dice eso no tiene idea de lo que habla, porque el sistema financiero es un resorte fundamental en el cual el ahorro del país tiene que canalizarse en inversión. Hoy, al revés, el sistema financiero es un factor para la fuga de capitales. Entonces, nacionalizaríamos el sistema financiero y llamaríamos a la clase obrera a movilizarse. Y en esa movilización por defender las medidas de un gobierno nuestro seguramente los trabajadores lograrían construir lo que no construyeron antes, que son los organismos propios de su propio poder.
Es decir que un problema electoral no es para nada menor y es -como muchas veces se dice, en forma más o menos simple, entre los marxistas que intervienen en el proceso electoral- para agotar las expectativas democráticas de la población. Eso lo hemos repetido mucho. ¿Cómo se agotan las expectativas democráticas sin ganar las elecciones? A partir de la verificación, por la propia experiencia de los trabajadores, de que el sistema burgués representativo que existe en la actualidad no es el adecuado para llevar adelante los intereses de la mayoría, y eso se va a dar como un choque. Posiblemente sea así.
Es muy probable que las transformaciones revolucionarias en los países que tienen largas tradiciones constitucionales tengan episodios muy importantes de choques relacionados con las elecciones. Por ejemplo, en Brasil cuando hubo un golpe contra Dilma Rousseff y se produjo un choque de poderes entre el Ejecutivo y el Poder Legislativo, el PT no hizo valer su presencia en el Poder Ejecutivo para desconocer el Poder Legislativo. En ese choque de poderes, capituló. Un gobierno de izquierda, por ejemplo, no capitularía frente a un fallo del Poder Judicial. En un choque de poderes, buscaría establecer otro sistema de justicia. Entonces, obviamente nosotros tenemos un choque y el proceso electoral sería parte de una lucha de clases para que los trabajadores construyan sus propios organismos de poder.
Muchos se preguntan también si en caso de que gobernáramos tendríamos disposición a que Argentina avance, o seríamos una fuerza de retroceso. Lo que Santi recién decía acá: ¿tendríamos un rastrojero o autos eléctricos?
Y es al revés de lo que dice Jorge Fontevecchia en Perfil, que si la izquierda se propone tomar el poder en la actualidad, sería una medida descabellada. Nuestra respuesta debería ser que las condiciones actuales de desarrollo de las fuerzas productivas son mucho más propicias para un gobierno de los trabajadores que lo que eran en el pasado. Porque si uno mira las experiencias pasadas de gobiernos de los trabajadores que existieron, el desarrollo de las fuerzas productivas era menor y las posibilidades reales de una planificación económica eran mucho más dificultosas.
No era lo mismo planificar una economía con Internet que sin Internet, con inteligencia artificial, que sin inteligencia artificial. El proceso administrativo de una planificación se vería simplificado de una manera enorme y, por lo tanto, también el menor nivel de burocracia del propio Estado para llevar adelante esa planificación. Entonces, al revés, las condiciones objetivas del desarrollo capitalista son mucho más proclives para que nosotros podamos realizar un gobierno de los trabajadores y valernos del desarrollo tecnológico científico que acumuló la humanidad para poder tener, digamos, un avance sustancial de las fuerzas productivas.
Entonces la izquierda en el poder desde ya que no sería una fuerza de retroceso sino una fuerza de avance, y podríamos de entrada no más satisfacer necesidades sociales fundamentales. Porque también se nos dice: “ustedes tendrían que hacer un ajuste, como en su momento tuvo que hacer Lenin y que enfrentó huelgas”. Uno no puede negar que puede haber huelgas bajo un gobierno de trabajadores porque no queda anulada la lucha de clases en tanto haya clases sociales distintas que disputan también el reparto de ese ingreso nacional. Pero no cabe la menor duda que en el nivel actual de desarrollo de las fuerzas productivas, la posibilidad de satisfacer de inmediato necesidades perentorias de la población está mucho más a mano que en el pasado. En todo, no solamente para tomar un mate y que todo el mundo tenga yerba, sino también para distribuir las horas de trabajo, garantizar el trabajo para todos, cosa que hoy no existe. A la vez, valernos de los recursos naturales que tiene Argentina para establecer una planificación económica y una relación planificada con el mundo, por la cual nosotros también reclamemos (cosas que hicieron otros países) una transferencia de tecnología para determinadas inversiones que nos permitan a nosotros desarrollar, digamos, en el propio país, determinadas industrias que serían materia de un avance.
Esto no significa, ni mucho menos, la idea de un socialismo en un solo país. Ojo, sería ridículo en el momento de enorme desarrollo de las fuerzas productivas, en el cual ese enorme desarrollo de la fuerza productiva genera una distribución de las tareas en el mercado internacional, que cada país tenga que producir la totalidad de los bienes que consume. Eso no: sería un absurdo y nosotros nada tenemos que ver con el socialismo en un solo país. Pero también es cierto que un país que tiene determinados recursos naturales debe valerse de ellos para generar un valor agregado a esos productos naturales y por lo tanto fuentes de trabajo que permitan que Argentina se pueda desarrollar. Otros países lo han hecho. China es un ejemplo. En su momento requirió, como condición para determinadas inversiones, una transferencia de tecnología, y Argentina no lo hace.
Por lo tanto, tendríamos un plan no de aislamiento del país, sino al revés, de relación con el mundo a través de una planificación económica. Entonces, cuando se nos dice: “¿ustedes se ven un factor de atraso?”, es todo lo contrario. Tenemos que mostrar que la izquierda tiene un programa y que ese programa de la izquierda solamente se puede concretar a través de un gobierno de izquierda y trabajadores y que ese programa no es susceptible de ser llevado adelante por un gobierno burgués, porque la lucha programática no se reduce a medidas de gobierno. Nuestra lucha programática parte de un concepto de poder. Al programa, solamente pueden llevarlo a cabo los trabajadores en el poder. No lo va a llevar nunca adelante la burguesía. Entonces tenemos que dar esa pelea.
Y para concluir, tenemos el siguiente problema. El Frente de Izquierda, y en particular la compañera Myriam Bregman, ha crecido muchísimo en lo que se llama imagen positiva. Esa imagen positiva es resultado, especialmente, de la participación de la izquierda en las luchas contra el gobierno de Milei. Por lo tanto, es una imagen positiva muy bien ganada. Es una conquista política que el pueblo reconozca que la izquierda está a la cabeza de la lucha contra un gobierno reaccionario, y se destaca en oposición al peronismo, al que los propios peronistas dicen no se lo ve como a la izquierda, o de la CGT, a la que se la juzga abiertamente como traidora.
Ahora, cuando se mira la intención de voto, no es el mismo nivel que el de imagen positiva. Y uno podría ver que la diferencia entre la intención de voto y la imagen positiva en la izquierda es muchísimo más amplia que en todos los demás bloques políticos. Hay dos formas de verlo y las dos son correctas. Una, que uno diga: “mirá el potencial de crecimiento que tenemos”, porque si vos tenés 40% de imagen positiva y 6% de intención de voto, decís: “puedo ganarme ese 40%”.
Pero hay otra forma de verlo que también es cierta. Quiere decir que mucha gente ve a la izquierda como una fuerza que merece ser reconocida por su actividad, pero vota a la burguesía, o quiere votar a la burguesía. Hay una contradicción. ¿Cómo superamos esa contradicción? Bueno, eso requiere una lucha programática brutal. Requiere una pelea contra el gobierno de Milei, pero también en relación a todos los bloques que participan de la vida política nacional, para mostrar que la salida de los trabajadores y la salida a la izquierda reclama una completa delimitación, una lucha contra todas las variantes capitalistas.
Por eso es tan importante que el Frente de Izquierda en esta etapa tenga un salto. Nosotros defendemos mucho al Frente de Izquierda, lo cual no significa que defendamos el Frente de Izquierda con las limitaciones que tiene. Las queremos superar. Por eso, nuestra propuesta de una asamblea nacional del Frente de Izquierda que hemos formulado en Plaza de Mayo y que va a discutir con más precisión el congreso del Partido Obrero que vamos a realizar el 23, 24 y 25 de mayo. Esta propuesta para delinear una campaña nacional es una propuesta que tiene que ver con partir de la conquista del Frente de Izquierda, pero también de superar estas limitaciones; que la izquierda pueda organizar políticamente a una masa considerable la clase obrera argentina y de la juventud argentina para una enorme lucha contra el gobierno y todas las variantes capitalistas.
Esta propuesta va dirigida a todo el mundo, desde un laburante de Fate hasta el compañero Beltrán, que el domingo 10 atajó dos penales en River. Va dirigida a todos los sectores populares. Así que tenemos esa propuesta. La colocamos a debate de toda la izquierda, de todo el activismo y también a debate de todo el partido, porque obviamente tenemos un congreso por delante y seguramente ese congreso va a poder aportar para hacer de esta propuesta un gran motivo de campaña durante todo el año 2026.





