Políticas
7/5/2026
EDITORIAL
La estrategia de poder de la izquierda
Acerca de un editorial de Jorge Fontevecchia.

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Imagen: archivo.
El crecimiento que el Frente de Izquierda está registrando en la casi totalidad de las encuestas, que tiene como una de sus expresiones más evidentes el salto en la imagen positiva de Myriam Bregman, ha llevado a que desde distintos sectores del periodismo se indague sobre si la izquierda tiene una estrategia de poder o si, en cambio, se contenta con jugar un papel testimonial. En ese proceso de indagación se han abordado varias cuestiones cruciales, que van desde cuál debería ser el esquema de alianzas de la izquierda, pasando por si debe o no hacer un frente con el peronismo, hasta cuáles serían las medidas políticas y económicas de un eventual gobierno de la izquierda.
Entre los tantos periodistas que abordaron el tema se destacó Jorge Fontevecchia. El dueño de Perfil tuvo el mérito de ir más allá de las encuestas para ensayar una explicación de las causas que explican la repercusión actual de la izquierda y de indagar sobre experiencias internacionales de partidos que se reclaman de la izquierda y del trotskismo, tanto en Brasil como en Estados Unidos.
El fracaso de la democracia
En su editorial, Fontevecchia destacó que las causas que llevaron al ascenso de Milei son las mismas que explicarían ahora el ascenso de la izquierda. Concretamente alude al rechazo que amplios sectores de la población tienen sobre los partidos que gobernaron a la Argentina de 1983 a la fecha. En los últimos años en particular se eslabonaron el fracaso del gobierno macrista, que representó una coalición entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, con el fracaso posterior del gobierno del Frente de Todos, que incluyó -como su nombre alude- a todas las fracciones del peronismo. Décadas de gobiernos del peronismo, del radicalismo y luego del PRO nos condujeron a un país quebrado y empobrecido. Esta realidad palmaria es la que nosotros analizamos en el libro “Por qué fracasó la democracia”, publicado meses antes del triunfo de Milei. Ahora que el gobierno entra en un cuadro de retroceso, el péndulo se inclina para el otro lado: pasa de la derecha a la izquierda, que, como bien se reconoce, se distinguió por no haberle votado ni apoyado ninguna iniciativa al gobierno libertario.
Fontevecchia tiene razón en atribuirle a este “fracaso de la democracia” un valor determinante en el triunfo de Milei y en el crecimiento de la consideración positiva sobre la izquierda. Sin embargo, no indaga sobre una cuestión crucial referida a que ese contexto opera de manera distinta sobre la ultraderecha y la izquierda. El motivo de ello es que se trata de fuerzas políticas que aspiran a representar y organizar a clases sociales opuestas. La primera -la ultraderecha- al imperialismo y a la clase capitalista local; la segunda -la izquierda- a los trabajadores de la ciudad y del campo y a los sectores explotados. Analizar la política por fuera de la lucha de clases permite solo obtener conclusiones superficiales donde se intercambian categorías ideológicas abstractas.
Quienes rechazan el método marxista de la lucha de clases se preguntan recurrentemente por qué fue Milei quien canalizó en las elecciones del 2023 la crisis de los partidos tradicionales y no la izquierda. Al responder esta pregunta dejan de lado lo esencial: que un ascenso real y consistente de la izquierda requiere que en la vida cotidiana los trabajadores muestren una disposición a una acción política independiente. Esa situación no estaba presente en el año 2023. En ese cuadro, Milei canalizó la bronca popular explotando una combinación de discurso contra la casta política y en favor de una política capitalista rabiosa que terminara con controles estatales, a los que presentaba como responsables del atraso de la Argentina. Más allá de eso, su gobierno no implicó un cambio en las relaciones de producción del país. Incluso sus medidas más importantes fueron votadas en el Congreso por la oposición capitalista, en la medida en que también esas leyes (reforma laboral, Ley Bases, Ley de Glaciares, etc.) son su programa. El colaboracionismo del peronismo y del radicalismo no fue el resultado de una “traición” sino acciones dictadas por sus intereses de clase.
Las contradicciones del ascenso de la izquierda
Debemos reconocer que a su modo Fontevecchia tiene en cuenta la situación de la lucha de clases en el país cuando señala que “no estamos en un cuadro de estallido social”. Advierte sobre la existencia de luchas y movilizaciones, pero que están lejos de representar un ascenso sostenido de los trabajadores. Acierta también en advertir que, aunque no hay un ascenso de luchas, sí existe un crecimiento en la simpatía popular por las luchas que se libran, aun cuando estén aisladas. Sucede ahora con Fate, como sucedió con el Garrahan, la universidad, la discapacidad, etc. Y concluye que esas luchas han sido un laboratorio importante para los trabajadores, porque han podido verificar a través de su propia experiencia que la izquierda se la juega contra Milei mientras el peronismo no solo se ausenta de ellas sino que también colabora con el gobierno libertario.
Así afirma que el papel jugado en las luchas contra Milei es el gran activo que explica el crecimiento en la consideración popular de la izquierda. Pero no se interroga sobre un asunto crucial: de qué modo esta falta de actividad independiente de los trabajadores condiciona el crecimiento que tiene la izquierda en el debate político nacional. Es que no puede pasarse por alto que estamos ante un crecimiento aún fuertemente contradictorio, que no anula para nada su signo claramente positivo. En las encuestas esa contradicción se expone en la diferencia que existe entre la imagen positiva que recoge Myriam Bregman y el registro que se asigna a la intención de voto. Aunque todos los bloques tienen diferencias entre un ítem y otro, en ninguno tiene la magnitud que registra la izquierda. ¿Qué significa esto concretamente? Que amplios sectores populares que tienen una alta imagen positiva de la izquierda piensan todavía en votar a fuerzas capitalistas en las elecciones del 2027. Es cierto que en el pasado la situación era distinta: votaban al peronismo sin tener esa simpatía con la izquierda. Ese dato expone el avance de la situación política. Pero también marca la enorme tarea que tiene el Frente de Izquierda por delante de clarificación programática, de lucha política y de organización independiente de los trabajadores para poder “fidelizar” la simpatía creciente que recoge entre los sectores populares.
Estrategia política
Llegado a este punto emerge la cuestión de la estrategia política. Fontevecchia invoca los límites del ascenso de la izquierda para recomendarle que colabore con los partidos capitalistas opositores en la formación de una especie de “frente anti-Milei”. Su razonamiento es el siguiente: “si la izquierda saca 10 puntos favorecerá el triunfo de Milei”. Una lista de la izquierda separada del peronismo jugaría un papel divisionista que sería funcional al triunfo libertario. En el afán de fundamentar su posición, Fontevecchia fue a invocar experiencias internacionales de partidos trotskistas que apoyaron o apoyan a candidatos y hasta gobiernos capitalistas, como es el caso de Lula en Brasil y de Mamdani en Nueva York. Para el dueño de Perfil, el papel realista de la izquierda en la actualidad es armar un frente con partidos del sistema para frenar a la derecha e ingresar a los gobiernos para pelear desde adentro por su agenda, buscando hacerlos más progresistas.
Sin embargo, Fontevecchia omite en su análisis si la presencia de la izquierda sirvió o no para cambiar las agendas de esos gobiernos. Un balance del gobierno de Lula marcaría inequívocamente que no. Llegando ya al final de su mandato, dejó en pie la legislación reaccionaria heredada de los gobiernos anteriores. Lo prueba que ni la reforma laboral de Temer -votada luego del golpe contra el gobierno petista de Dilma Rousseff- ni la reforma previsional de Bolsonaro han sido anuladas. Esto no lo ha cambiado siquiera con el ingreso del dirigente del PSOL (partido supuestamente trotskista) Guilherme Boulos como ministro de la Secretaría General de la Presidencia de Lula. En política internacional, Lula no ha sido capaz de venderle petróleo a Cuba para romper el bloqueo criminal de Trump, mientras le sigue vendiendo petróleo a Israel. La incapacidad de Lula, determinada por los intereses de clase que encarna, para modificar el andamiaje de los gobiernos anteriores lo ha dejado ahora al borde de la posibilidad de perder un balotaje con el hijo de Bolsonaro. ¿Qué recomendará ante esto Fontevecchia? Que la izquierda refuerce su seguidismo a Lula para evitar una vuelta de Bolsonaro. Así, ni hay que decirlo, la izquierda está condenada a no luchar nunca por su propio programa y estrategia de poder.
La política que Fontevecchia le sugiere al Frente de Izquierda en Argentina la ha seguido históricamente la izquierda frente a los partidos defensores del orden capitalista en general y del peronismo en particular. Sin necesidad de remontarnos tan lejos en la historia nacional, alcanza con recordar que una parte considerable de la izquierda se integró a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, apoyando el pago de la deuda al FMI, la Ley Antiterrorista y los pactos secretos con Chevron en Vaca Muerta. En vez de influir en la agenda del gobierno y ganar volumen propio, esa izquierda terminó virtualmente terminada política y organizativamente. El Frente de Izquierda surgió en oposición a esta integración. Fue fundado en 2011, cuando Cristina Fernández de Kirchner era reelecta con más del 50% de los votos. Fue esa lucha contra todas las experiencias del sistema la que permitió al FIT-U alcanzar el lugar que ocupa hoy. Exactamente lo opuesto al PSOL de Brasil que se nos propone como modelo.
Gobierno de la izquierda
De fondo, la orientación que Fontevecchia le propone al Frente de Izquierda parte de considerar que un gobierno de la izquierda solo existe en el reino de la utopía o de la fantasía. Es lo que se deduce de sus propios planteos. Luego de hacer su propio balance sobre la experiencia bolchevique en Rusia de los primeros años de la revolución, se pregunta si “la izquierda está dispuesta a tomar el poder en estas condiciones históricas”, pasando por alto que justamente estas condiciones actuales son infinitamente más propicias para un gobierno de izquierda y de los trabajadores que las de Rusia de 1917. A los bolcheviques les tocó hacerse cargo de un país campesino atrasado diezmado por la Primera Guerra Mundial y por la guerra civil posterior. En cambio, el desarrollo de las fuerzas productivas del último siglo permite satisfacer de un modo superior las necesidades sociales desde el primer día de un gobierno de la izquierda y de los trabajadores. Solo un gobierno que transforme las relaciones sociales de producción, estableciendo una planificación del proceso económico en todas sus etapas, puede lograr que los avances de las fuerzas productivas alcancen toda su potencialidad y sean beneficiosos para la mayoría. En cambio, en manos de una minoría capitalista, esos avances conducen a más desocupación, reformas laborales esclavistas, caídas de los salarios y retroceso educativo y sanitario.
Fontevecchia dice que la sociedad argentina “aspiracionalmente es de clase media” y deduce de allí que no querría un gobierno de izquierda. Pero no aclara qué significa o en qué consiste esa “aspiración”. Porque si se refiere a que el pueblo argentino quiere salud y educación de calidad, solucionar sus problemas habitacionales, laborales, etc., entonces no hay duda de que será un gobierno de los trabajadores el que pueda darle satisfacción a esas demandas y no los gobiernos capitalistas, que son los responsables del empobrecimiento de nuestro pueblo.
Llevar adelante esa transformación social requiere de la toma del poder. Por eso Lenin, como bien nos recuerda Fontevecchia, afirmaba que “fuera del poder todo es ilusión”. La lucha por el poder no seguirá las líneas establecidas en la Constitución Nacional, pues como siempre sucedió en la historia, las grandes revoluciones se hicieron subvirtiendo el orden establecido y no atándose a él. Esta lucha por el poder hoy supone en la Argentina valerse del crecimiento de la consideración de la izquierda para poner en pie a los trabajadores como una fuerza política independiente. Se trata de una tarea que reclama simultáneamente llevar a fondo la lucha contra el gobierno de Milei para derrotar sus planes antiobreros y desenvolver una gran batalla político-programática con la oposición de contenido capitalista, mostrando sus verdaderos propósitos e intenciones.
La propuesta que el Partido Obrero realizó en Plaza de Mayo el pasado 1° de mayo para que el Frente de Izquierda convoque una Asamblea Nacional abierta a todos los luchadores de este país está fundada en este propósito estratégico. Una Asamblea Nacional de este tipo plantea un método de construcción opuesto al del peronismo. No llamamos a los trabajadores a ser la columna vertebral de un proyecto ajeno a sus propios intereses -sea de Kicillof, Cristina o Pichetto-, sino a ser la cabeza de una construcción política que transforme la Argentina.



