Políticas

23/7/2026

La farsa del “nuevo” empleo: la reforma laboral trajo más despidos y ajuste

Milei profundiza la transferencia de ingresos de los trabajadores a los capitalistas.

Trabajadores buscan empleo.

Cuando el gobierno de Javier Milei impulsó la reforma laboral prometió que el abaratamiento del “costo laboral”, el recorte de derechos y la flexibilización de las relaciones de trabajo desatarían una ola de inversiones, empleo y crecimiento económico. Era la reedición de una vieja mentira, tantas veces utilizada para justificar ofensivas contra la clase obrera: los datos oficiales muestran, una vez más, que ocurrió exactamente lo contrario.

La Secretaría de Trabajo informó que durante el cuarto trimestre de 2025 el empleo asalariado registrado privado cayó en 50.000 puestos de trabajo, mientras que desaparecieron 6.200 empresas. Casi una de cada seis empresas registradas (16,9%) redujo su plantilla de personal y otro 3,7% directamente dejó de operar con trabajadores registrados.

El dato más revelador desarma de un golpe toda la propaganda oficial: ocho de cada diez empleos registrados que se perdieron no fueron consecuencia del cierre de empresas, sino de firmas que siguieron funcionando mientras despedían trabajadores. De los 50.000 puestos destruidos en ese trimestre, apenas 11.000 obedecen al saldo entre aperturas y cierres de empresas. Los otros 39.000 corresponden a establecimientos que continuaron produciendo, vendiendo y obteniendo ganancias, pero con menos personal.

La reforma laboral nunca tuvo el propósito de crear empleo sino de otorgar a las patronales mayores facilidades para ajustar sus plantillas, disciplinar a los trabajadores y reducir salarios: las patronales trasladaron el costo de la crisis sobre las espaldas de sus trabajadores.

La consultora C-P, sobre la base de esos mismos datos, señala que la tasa de creación de empresas es la más baja desde 2002, descontando el período excepcional de la pandemia. Lejos del supuesto "cambio estructural" prometido por el gobierno, el país atraviesa un típico ajuste recesivo, donde caen simultáneamente la cantidad de empresas, el nivel de empleo, el consumo y la actividad económica en general.

La reforma laboral tampoco fue adoptada masivamente por las propias patronales porque no existe un proceso de expansión económica que requiera nuevas contrataciones. Un relevamiento de PwC muestra que apenas el 1% de las empresas implementó el llamado "salario dinámico", mientras que los bancos de horas -una de las herramientas centrales de la reforma para intensificar la explotación- alcanzan apenas al 9%. El Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral (RIFL), que reduce al 5% las cargas sociales durante tres años para nuevas contrataciones, es utilizado solamente por el 10% de las empresas.

Ni siquiera los enormes beneficios otorgados al capital son suficientes para estimular el empleo cuando la economía permanece estancada. Porque el problema nunca fueron los derechos laborales, sino la propia dinámica de una economía sometida al ajuste fiscal, la caída del consumo y la retracción de la inversión.

Poltikon Chaco, en abril volvió a caer el empleo formal, con otros 11.673 puestos perdidos respecto del mes anterior. Desde la llegada de Milei al gobierno ya desaparecieron 235.416 empleos registrados.

A ello se suma que los principales sectores de la economía siguen lejos de recuperar sus niveles de actividad. Un estudio del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (UBA) muestra que la industria, la construcción y el comercio -que concentran el 38% del valor agregado y el 44% del empleo privado registrado- permanecen entre un 4% y un 13% por debajo de los niveles alcanzados en 2022. En semejante cuadro recesivo, la reforma laboral solo puede traducirse en más despidos y mayor precarización.

La falsedad del argumento oficial no constituye un error de diagnóstico sino orientación política, ya que nunca se trató de generar empleo. La reforma laboral persigue el objetivo de modificar la relación de fuerzas entre capital y trabajo en favor de las patronales. Al facilitar despidos, limitar indemnizaciones, reducir aportes patronales, abaratar nuevas contrataciones y ampliar mecanismos de flexibilización como los bancos de horas, se incrementa la tasa de explotación y se produce una gigantesca transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los capitalistas.

Ninguna reforma antiobrera crea empleo: cuando la economía se encuentra estancada o en recesión, las patronales no contratan porque despedir sea más barato; simplemente utilizan esas ventajas para despedir más, pagar menos y concentrar una mayor porción de la riqueza social.

La defensa del empleo, de los salarios y de las condiciones laborales exige derrotar este programa de ajuste. Frente a una ofensiva que busca descargar la crisis sobre la clase trabajadora, la respuesta no puede ser la subordinación y entrega que practica actualmente la burocracia sindical cegetista, con una marcha aislada y sin perspectiva de continuidad, sino la organización independiente y la lucha por una salida, con el paro nacional y el plan de lucha, que haga pagar la crisis a quienes se benefician con ella: los grandes capitalistas y el capital financiero. Este es el camino que viene emprendiendo el Plenario del Sindicalismo Combativo y la izquierda.

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