21/09/2018

La Pastoral Social y el astillero

Por la vía de las provocaciones, la represión, las dilaciones y el incumplimiento sistemático de sus promesas, Macri y Vidal se encuentran empecinados en golpear la extraordinaria pelea de los trabajadores de Astilleros Río Santiago y avanzar con sanciones, despidos masivos y el vaciamiento de la empresa. En este marco, los hombres del Vaticano se han colocado como mediadores, con la orientación de poner “paños fríos” a la lucha.


Clarín (19/9) destaca que este martes la Iglesia “logró que se levantara la toma del ministerio de Economía bonaerense que durante diez horas ocuparon trabajadores del estatal Astilleros Río Santiago”, en protesta porque no se había cumplido nada de lo comprometido por el gobierno de Vidal días atrás. El levantamiento se hizo a cambio de un acta entre funcionarios y representantes gremiales (dirigentes de ATE Ensenada, pero también del PCR y del PTS) muy cuestionada por las bases del Astillero, por haberse firmado sin debate y por su carácter precario y sumamente limitado (por detrás incluso de lo prometido por el gobierno la semana pasada). En ese documento, se establece que la Pastoral Social de la Arquidiócesis de La Plata –que preside Víctor “Tucho” Fernández, hombre de confianza del Papa Francisco– pasará a integrar una “mesa de concertación”, mientras se coloca el funcionamiento de esta (más allá de sus resultados) como la condición para que no haya nuevos descuentos –una extorsión para que los obreros aflojen con las medidas de lucha. “Detrás de la intervención eclesiástica –encarada por el secretario de la Pastoral Social, padre Rubén Marchioni– estuvo el arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, muy próximo al Papa Francisco. Fernández –de fluido diálogo con la gobernadora María Eugenia Vidal- había celebrado misa en la planta el 7 de agosto pasado, festividad de San Cayetano, ocasión en la que aceptó ser padrino” (Clarín, 19/9).


La injerencia de la Iglesia en el Astillero no es novedosa. La conducción de ATE Ensenada y el PCR ya habían asociado íntimamente al anterior arzobispo de La Plata, el ultramontano Héctor Aguer, a la fábrica de barcos. En una misa que presidió “Tucho” Fernández en el Astillero en agosto, el secretario adjunto de ATE Ensenada, Pablo Rojas, apuntó: “Se le pidió [a Fernández] que siga con la tradición de Aguer y él accedió de buena manera. Y también le pedimos que sea el padrino del Astillero” (Infocielo, 6/8). La asunción de Fernández, en la órbita de los curas villeros, ha sido saludada por estos sectores y por el kirchnerismo local –como es el caso de la conducción de la Federación Universitaria de La Plata. 


El artículo de Clarín citado describe este episodio como un ejemplo de que “la Iglesia católica está jugando un papel cada vez más activo ante la creciente conflictividad social”. Este rol de contención de una potencial rebelión popular –ante la insoportable degradación de las condiciones de vida– fue justamente la prenda de cambio que ofreció la Iglesia al macrismo y los gobernadores del PJ a cambio de que se frustre la legalización del aborto en el Congreso. En esa sintonía, el cardenal Mario Poli, mientras la “marea verde” se desplegaba de a millones en las calles, le advirtió a Macri en el Tedeum del 25 de mayo que la crisis debía “atravesarse con una buena dosis de religiosidad”. Consumada la votación del Senado favorable a la clandestinidad del aborto, este rol de mediación es ahora la moneda con que se pagaría el freno a una educación sexual laica, científica y obligatoria: otro hombre del clero, el Pastor Jorge Sennewald –en este caso de las Iglesias Evangélicas– se jactaba días atrás de que había obtenido el compromiso de Vidal y de Macri de bloquear en la Legislatura Bonaerense y el Congreso Nacional iniciativas en ese sentido, a cambio de la participación de los evangélicos en el Plan de Asistencia Alimentaria –que apunta a calmar la bronca de los desocupados y precarizados ante el ajuste.

En este escenario, la Iglesia echa mano de sus vínculos con sectores de la directiva gremial del astillero para frenar las medidas de acción directa más radicales de los trabajadores –claves para el triunfo del conflicto. 


Contraponemos a esta “paz social” que allana el vaciamiento del Astillero la necesidad de someter el acta a la deliberación de la fábrica y de profundizar esta lucha fundamental para toda la clase obrera que enfrenta el ajuste, para garantizar la defensa del salario, el convenio colectivo y las fuentes de trabajo.