Políticas
16/9/2026
La privatización de Aysa se juega entre amigos de Milei, la patria contratista y Mekorot
El "prebendario" Roggio, asesorado por la empresa israelí, compite contra la oferta de financistas de La Libertad Avanza y actuales proveedores.

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Como parte del proceso de privatización de AySA que impulsa Milei, dos consorcios disputan la licitación por el 90% del paquete accionario de la empresa estatal que brinda servicio a más de 14 millones de usuarios en CABA y GBA. Uno está encabezado por la firma Rowing, de lazos con el gobierno nacional, y el otro está vinculado al Grupo Roggio, que vive de las dádivas del Estado hace décadas y además está relacionado con la compañía sionista Mekorot.
Originalmente hubo 17 jugadores, pero el pliego habría sido organizado en función de los intereses de uno (Tiempo, 15/9). Según el ministro de Economía, Luis Caputo, la empresa que se termine imponiendo tendrá que hacer una inversión de más de 2.000 millones de dólares en cinco años y, al finalizar el plazo de concesión de 30 años haber alcanzado ciertas metas de cobertura en agua y saneamiento.
También aseguró que, durante los primeros cinco años, las tarifas se ajustarán a los ritmos de inflación, garantizando que la empresa no sufra pérdidas mientras los salarios caen. Desde que asumió Milei, el agua aumentó en un 698%, más que duplicando los niveles de inflación acumulados. El gobierno vino preparando el terreno para la privatización de AySA mediante tarifazos.
Entramado
Uno de los consorcios es Rowing-Arcos-Transclor-PHX. Al frente está Rowing, que compone el conglomerado de Walter Román, amigo del gobierno libertario y señalado por haber aportado 40 millones de pesos a la campaña de La Libertad Avanza en 2023. Una de sus compañías, Servimagnus, salió ganadora en la licitación de la Hidrovía. Otra, Urbano Express, ganó la licitación de la provisión de pañales para adultos mayores en Pami, proceso con denuncias judiciales por sobreprecios.
Rowing es el mayor prestador de servicios de infraestructura a gran escala en ciudades estratégicas de Argentina desde hace más de 30 años (IProfesional, 15/9). Arcos es una empresa brasileña que opera los servicios de agua potable y alcantarillado en Río de Janeiro. Transclor, del empresario Mauricio Filiberti –dueño de Edenor junto a José Luis Manzano y Daniel Vila-, ya es el principal proveedor de policloruro de aluminio para la potabilización en AySA. Y PHX es un fondo de inversión holandés.
El consorcio Roggio Roass S.A.U. está integrado por otras firmas del grupo de Benito Roggio, ligadas al agua, la construcción y la electricidad. Roggio ha venido siendo beneficiado por los sucesivos gobiernos capitalistas y haciendo negocios en varios rubros. Es el grupo que tiene la concesión del Subte (a través de Emova/Metrovías), donde mantiene a sus trabajadores expuestos al asbesto. Además, el Grupo Roggio se vio involucrado en la causa de los Cuadernos y recibió denuncias por irregularidades en perjuicio de la Anses y por apropiarse de subsidios millonarios del subte sin realizar las inversiones correspondientes.
Como si fuera poco, la empresa estatal israelí Mekorot, denunciada por ser utilizada por el gobierno sionista para controlar y restringir el acceso al agua de la población palestina –práctica genocida-, brinda asesoramiento técnico al Grupo Roggio. Mekorot desembarcó en Argentina gracias a los acuerdos impulsados por el gobierno peronista del Frente de Todos, venía asesorando a AySA y firmó convenios secretos en materia hídrica con una docena de provincias.
Viejas recetas
El gobierno usará los dólares que entren por la venta de la empresa para pagar deuda externa y mantener el carry trade que beneficia a un puñado de banqueros y especuladores financieros. La privatización de AySA, así como la de otras empresas, fue habilitada por la Ley Bases votada por la oposición socia de Milei, incluyendo al peronismo. Milei justifica la privatización diciendo que AySA recibió millonadas de dinero estatal y aun así dejó "un tercio del área concesionada sigue sin acceso a agua potable y cloacas". Pero él también redujo las inversiones.
Como lo demuestra la experiencia de las privatizaciones (Edesur y Edenor, ferrocarriles, Aerolíneas, etc.), los capitalistas avanzan en procesos de vaciamiento y ataques contra los trabajadores sin tener en cuenta los intereses y las necesidades de la población laboriosa, ya que priman el lucro y el interés por obtener ganancias. En varias ocasiones, el vaciamiento se tornó insostenible y las empresas tuvieron que ser reestatizadas.
Planteamos la apertura de los libros de Aysa, para que el pueblo conozca sus movimientos económicos y pueda ver el despilfarro de los gobiernos. Además, que quede bajo control de los trabajadores, que no harán negocios en función de intereses particulares, sino que desarrollarán una política para atender las demandas de sus pares en las barriadas y las ciudades sobre la base de un verdadero plan de inversiones.




