Políticas

16/5/2022

Inflación

La ropa y el calzado proyectan un aumento del 73% anual

Con un 9.9% en abril, se posicionó como el rubro de mayor aumento entre todos los que mide el Indec.

Enormes aumentos en prendas de vestir y calzado

Por segundo mes consecutivo, las prendas de vestir y el calzado se ubican por encima del nivel general de inflación. La ropa lleva meses entre los primeros puestos de los sectores que más aumentan y, en el caso de abril, se posicionó como el rubro de mayor aumento entre todos los que mide el Indec con una suba de 9,9%, proyectándose en un 73% anual. De esta manera, y con una inflación que se mantiene en un 6% mensual, se profundiza el carácter restrictivo en el consumo de los trabajadores mientras se preserva la tasa de ganancia de las empresas.

Según un informe elaborado por la ONG Fundación ProTejer, “hay una presión sobre los precios locales vía aumento de precios internacionales de insumos textiles” y agregaron “entre marzo de 2020 y el mismo mes de 2022 el algodón subió un 108% en dólares, el poliéster un 45%; la viscosa, un 58%; el nylon un 41%, el acrílico un 48% y el petróleo un 184%”.

Salta a la vista, en primer lugar, lo precario de la industria textil en Argentina porque depende en gran medida de importaciones. Actualmente, frente a un BCRA quebrado y una fuga de capitales incesante, las importaciones se encuentran restringidas con el objetivo de evitar la salida de dólares del país para cumplir con las metas impuestas por el FMI, lo que genera una tendencia recesiva. Según datos oficiales “en cuanto a comercio exterior, esta cadena es estructuralmente deficitaria, explicada en gran parte por la fuerte demanda de importación de tejidos. En 2021, se observa un mayor déficit comercial de 13% respecto de 2020 y de 30% respecto de 2019” (Ministerio de Economía 2022)

En segundo lugar, la hilandería es la actividad que mayor capital concentra en toda la industria textil, donde la fibra de algodón es la principal materia prima. Argentina produce algodón a gran escala pero los productores engordan sus bolsillos acoplando los precios internacionales en alza de las commodities a los precios del mercado interno, lo que genera ganancias extraordinarias que terminan pagando los consumidores.

Además, la industria textil es una de las industrias más flexibilizadoras, donde la precarización laboral, los salarios de miseria y la sobreexplotación están a la orden del día a la hora de garantizar la tasa de ganancia de la patronal. De esto pueden dar cuenta las trabajadoras y extrabajadoras de Textilana-Mauro Sergio, fábrica textil ubicada en Mar del Plata, quienes han denunciado múltiples episodios de violencia de género laboral y despidos arbitrarios por parte de la empresa donde además deben soportar ritmos de trabajo extenuantes para alcanzar los objetivos de producción que exige la patronal, la cual se rehúsa a contratar más personal y apela a una superexplotación de la mano de obra, provocando numerosos problemas de salud en quienes trabajan allí y negándose a otorgar las licencias médicas correspondientes.

Las textiles alegan altos costos por el alza de los precios internacionales en los insumos, pero a su vez mantienen una tasa de explotación altísima. El gobierno habilita que aumenten los precios de manera exhorbitante, afectando a los consumidores, sin proceder a la apertura de los libros de toda la cadena para ver los márgenes de costos y ganancias, manteniendo inalterable el ordenamiento económico al servicio de los capitalistas formadores de precios y de aquellos que concentran la tierra y el complejo agroexportador, lo cual está en la base de la inflación.

Queda claro que el acuerdo con el Fondo Monetario y las políticas de ajuste del gobierno chocan de lleno con cualquier tipo de reactivación del consumo interno o del desarrollo productivo del país. De la mano de la burocracia sindical, las patronales buscan descargar la crisis sobre los trabajadores y hacerles pagar el costo del choque de sus intereses contra los del FMI. El gobierno tampoco está dispuesto a boicotear el negocio de los pulpos del agro, que se llenan los bolsillos a costa de los consumidores, porque también necesita esos dólares para cumplir con el pago de la deuda.

Siguiendo los pasos que exige el FMI solo se profundiza un régimen de saqueo y pobreza. Para combatir la inflación es preciso someter al control obrero los libros de la cadena de valor a fin de evaluar los costos reales y reorganizar el país sobre nuevas bases, donde los recursos estratégicos -banca, comercio exterior, industria energética- estén en manos de los trabajadores al servicio del desarrollo y las necesidades sociales. Mientras tanto, es necesario un plan de lucha para recomponer los ingresos de la población trabajadora, exigiendo un salario mínimo igual a la canasta básica.