Políticas
14/9/2026
Las alarmas de la IA
Una carrera imparable hasta la extinción masiva.

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No son filósofos apocalípticos como el francés Eric Sadin. Tampoco son quienes propugnan la necesidad de ralentizar o detener el desarrollo tecnológico. No son los vecinos de los distintos pueblos de Estados Unidos o del mundo que reclaman para que no les levanten monumentales centros de datos en el patio, ruidosos y ruinosos con el medio ambiente. Son investigadores estrella de las grandes compañías de inteligencia artificial y, más aún, son sus propios CEOs, Sam Altman o Dario Amodei, quienes confiesan la necesidad de frenar la descontrolada competencia en IA porque podría llevarnos a un desastre. En palabras de Jacob Coxon, el joven investigador que renunció a Anthropic: “Quienes desarrollan la IA creen sinceramente que podría acabar con todos nosotros para finales de la década”.
Hubo una primera alarma en julio pasado cuando, en un experimento, varios agentes o sistemas de software de OpenAi hackearon otros servidores de una empresa. Nadie los había instruido para que hicieran eso. Desde entonces se vienen produciendo situaciones similares: los agentes se asocian con otros, planifican ataques en enjambres de centenares de agentes, hackean o intentan hackear a cadenas de suministros de software y hasta se han reconocido intentos para avanzar en investigaciones científicas ligadas a la producción de armas biológicas. De pronto, la tecnología asume las tan humanas prácticas del engaño o del sabotaje, pero con una velocidad de ejecución potencialmente muy superior. Como si no bastaran las noticias que prenuncian pérdidas de trabajo en ramas enteras de la industria y pronostican desocupación masiva, ahora aparecen advertencias según las cuales una IA mucho más autónoma podría poner en riesgo nuestra supervivencia en pocos años.
Humo
Paralelamente, analistas y agentes de bolsa se preguntan todos las mañanas si las millonarias inversiones estatales y privadas en IA aseguran o no ganancias futuras. Los más optimistas señalan que las revoluciones tecnológicas requieren tiempo para que empecemos a ver sus efectos en la organización de las empresas o en la vida económica. Los escépticos recuerdan el estallido de las puntocom a principios de los dos mil y afirman que los multimillonarios dueños de estas empresas son… vendedores de humo.
Por eso, muy probablemente, estas declaraciones que sacudieron la semana expresan una preocupación menos por la humanidad que por el curso de sus compañías que, como en el caso de OpenAi y Anthropic, estaban por cotizar en la bolsa, aunque ya la primera resolvió postergar la salida. En ese sentido, la carrera no sería solo descontrolada sino agotadora, de allí que Altman y Amodei hayan pedido un break, algo así como un freno antes de estrellarse contra ellos mismos. La excepción es Alex Karp, el CEO supremacista de Palantir, que no quiere detener ni un minuto las guerras imperialistas en Gaza o donde mejor se le pague por sus servicios de inteligencia militar.
Libertarios
Estos CEOs piden frenar la carrera criminal que nos llevaría, según afirman, a la extinción masiva. Ahora bien, siendo los mayores publicistas del capitalismo crudo y duro, que hacen su religión laica de la evasión impositiva y de la celebración de la mano invisible del mercado, que sueñan con un mundo sin trabajadores pero con plusvalía, ¿a quién le reclaman? Y aquí viene lo notable.
Amodei se reclama a sí mismo y sus colegas. Imagina una declaración de armisticio que blinde cada compañía mientras un grupo de auditores o evaluadores externos revisa y sugiere medidas de control. Altman, por su parte, solicita al gobierno que fije un marco regulatorio. Incluso si estos oligopolios pudieran llegar a acuerdos y regulaciones, subsiste un problema: cómo involucrar a las compañías chinas para que no sigan avanzando mientras las estadounidenses se detienen.
Parafraseando un chiste popular, podríamos concluir: CEOs de las mayores compañías del mundo descubren la lógica de la competencia capitalista en la que nadie puede dejar de correr incluso a riesgo del desastre. Eso, si el asunto no fuera serio. Porque lo que queda cada vez más claro es que estos líderes del capitalismo digital global solo tienen para ofrecernos un futuro donde habrá ejércitos de desocupados o donde todos estemos muertos.





