Sociedad
31/8/2026
¿Crisis de demanda? Un nuevo episodio de la burbuja de la IA
El auge de la inteligencia artificial oculta inversiones ficticias, empresas deficitarias y contradicciones financieras crecientes.
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Durante el mes de agosto, distintos medios especializados en finanzas (desde el prestigioso Bloomberg hasta la sección financiera de Yahoo!) se han entusiasmado con lo que parecían los primeros “brotes verdes” de la industria de la inteligencia artificial. El motivo de festejo fueron los reportes de ganancias de pulpos como Amazon, Microsoft y Google; sus cloud segment (la sección del reporte de ganancias que agrupa los ingresos de computación en la nube) tuvieron crecimientos récord de ingresos.
Sin embargo, con el paso de las semanas un escrutinio más profundo de esos números fue demostrando que apenas se trata de fuegos de artificio en medio de la profundización de la burbuja de la IA.
La hora de los depredadores… y los chantas
Según críticos como Ed Zitron, el supuesto crecimiento en negocios-IA que muestran titanes como Google se apoya solo en dos clientes, OpenAI y Anthropic. Son las dos “start-ups” estrella del mundo IA: la primera es famosa por ChatGPT; la segunda, por Claude.
Ross Sandler (de la casa de análisis Barclays) calcula que Anthropic y OpenAI representan el 73% de todos los ingresos de IA de Amazon en 2026. Stephen Ju (de UBS) estima que Anthropic y OpenAI suponen el 28% de la totalidad de los ingresos de Google Cloud en 2026, con una proyección hacia más del 48% para 2027. Michael Turrin (de Wells Fargo) calcula que los ingresos de IA de Microsoft que provienen de Anthropic y OpenAI deben ser cercanos al 70%.
Anthropic y OpenAI, sin embargo, son laboratorios profundamente deficitarios. El gasto en la construcción o alquiler de los “data centers” y en el desarrollo y entrenamiento constante de nuevos modelos de IA es mucho mayor a los ingresos que generan sus productos. Los grandes capitales monopólicos del circuito (Google, Amazon, Microsoft, Meta) subsidian sus pérdidas en el desarrollo de IA con las ganancias de otras ramas. En cambio, las startups, mucho más pequeñas, sólo pueden pagar sus facturas mediante un flujo de crédito (deuda) y de inversiones nuevas (capital de riesgo).
Ahora bien (o “ahora mal”), buena parte de los paquetes de dinero que las startups necesitan como respirador artificial proviene de esos mismos pulpos. Google metió más de 10.000 millones de dólares en Anthropic; Amazon aportó 5.000 millones a Anthropic y 50.000 millones a OpenAI; un ejecutivo de Microsoft declaró en el juicio Musk-Altman que su relación con OpenAI le había costado más de 100.000 millones. Estos números significan que no existe una demanda para las empresas de IA que haga que el circuito pueda funcionar.
La prensa ya había señalado con preocupación que Nvidia, proveedor de hardware, le giraba inversiones a OpenAI… solo para que la start-up comprara con esos fondos los componentes que le vendía Nvidia. Ese círculo vicioso era un juego de niños al lado del de estos titanes. Estamos ante una masa de capitales, cada vez mayor, que no encuentra condiciones de valorización.
Microsoft, botón de muestra
En el año fiscal que terminó en junio, los ingresos totales vinculados con IA de Microsoft fueron estimados en 34.500 millones de dólares (según Wells Fargo). Sin embargo, el mismo titán gastó 115.900 millones de dólares en inversiones en activos fijos del rubro IA (data centers, chips, infraestructura eléctrica para sostener los servicios). ¡Gastó más de tres veces sus ingresos!
Dentro de esa facturación, el producto que debía demostrar que la IA se vende bien era “Microsoft 365 Copilot” (un asistente motorizado por IA). El precio de lista del producto es de 360 dólares anuales y cuenta con 30 millones de licencias de pago, por lo cual debería facturaría alrededor de 10.800 millones de dólares. Pero su balance del año fiscal fue de apenas un tercio de la cifra.
Esto significa que la empresa está enchufándole el producto a todos sus clientes con descuentos… o directamente gratis, sin que la mayoría de los clientes esté interesado o siquiera se dé cuenta (¡es probable que el lector de estas líneas tenga acceso al servicio sin saberlo!).
Si Microsoft no logra vender un software con IA acoplado a los programas más utilizados del mundo (Word, Excel, Outlook/Hotmail, etc.), difícilmente lo consiga el resto de la industria. Contra las fantasías de que el mercado sería el mejor método para “asignar recursos”, la anarquía de la producción capitalista armó la peor asignación de capital desde el crack de 1929.
Contradicciones en espiral
Los pulpos parecen pretender seguir sosteniendo indefinidamente a OpenAI y a Anthropic. Si una de las dos startups llega a caer, se evaporaría entre el 40% y el 73% de toda la demanda de cómputo de IA.
Las consecuencias de dicha caída se propagarían a las llamadas “neoclouds”, proveedores de cómputo en la nube especializados exclusivamente en cargas de trabajo de IA como CoreWeave, Nebius, y Cipher Mining. Las neoclouds, en la práctica, están apalancadas sobre estas dos startups. A partir de ahí, la crisis golpearía a la banca y al circuito de crédito privado, sectores que han colocado miles de millones en préstamos para la construcción de los famosos data centers.
Sería exagerado plantear que la inteligencia artificial de frontera sea solo una “ficción”, o que no involucre la posibilidad de que distintos capitales aumenten su productividad en un futuro cercano. No obstante, este hecho tampoco niega que se ha formado una peligrosa burbuja en torno suyo (como sucedió con la expansión de internet en su momento).
Lo que muchos han presentado como una supuesta nueva revolución industrial esconde contradicciones explosivas. Distintos críticos, como el brillante Ed Zitron, sugieren algún tipo de regulación jurídica o estatal para controlar la situación. Pero estos temblores potenciales provienen de la lógica del modo de producción capitalista. El único sujeto que puede desarrollar la organización y planificación consciente de las nuevas tecnologías al servicio del despliegue humano es la clase obrera, con la expropiación del capital como objetivo y el gobierno de los trabajadores como método.




