30/09/2020 | 1606

Las ocupaciones de tierra achican la brecha entre “populistas” y “derechistas”

Acerca de un tuit de Cristina Kirchner.
Por Cintia Frencia Concejal electa por el FIT en la Ciudad de Córdoba

Tras dos meses de iniciada la ocupación de tierras más grande del país en Guernica, Cristina Fernández se pronunció con un polémico tuit en relación con el problema político del momento. En su publicación, la vicepresidenta hace una comparación de las ocupaciones en nuestro país con las más de 104 nuevas tomas de tierras en Chile, para terminar afirmando que “la ocupación de tierra por vivienda no es una cuestión populista”. Su declaración es toda una confesión de parte, en la medida que asimila las consecuencias sociales de las políticas económicas de su gobierno nacional y popular con las del derechista Sebastián Piñera.

 

 

Efectivamente, la crisis habitacional que golpea a la Argentina se inscribe en una problemática creciente a nivel global, con expresiones dramáticas en Latinoamérica. Según el Reporte Mundial de las Ciudades de ONU-Hábitat, un tercio de la población mundial vive en asentamientos precarios. En 2010, alrededor de 980 millones de personas a nivel mundial carecían de una vivienda decente, a los que se proyecta se sumarán otros 600 millones hacia 2030. El mismo informe indica que, en nuestra región, una de cada cuatro personas vive en villas miserias, asentamientos y favelas, y que 113 millones de personas carecen de vivienda digna.

Sin embargo, la crisis generalizada no exime al gobierno de los Fernández; por el contrario, revela que las políticas “populistas” no solo con incapaces de resolver el problema habitacional sino que las medidas adoptadas en el terreno laboral y habitacional empalman con las de los gobiernos más conservadores de la región. En Chile, el estallido de las ocupaciones es producto del agravamiento de las condiciones de vida de la población debido al desempleo creciente, el congelamiento salarial y la burbuja especulativa que dominó el mercado inmobiliario durante años.

 

Varios estudios indican que el costo de la vivienda en Santiago de Chile creció en estos últimos meses el doble que el ingreso promedio de los trabajadores. Esto ha impactado particularmente en el acceso a las viviendas sociales, que no se ven beneficiadas por las bajas en el interés de créditos hipotecarios, pero sí son alcanzadas por el alza generalizada de los precios del mercado. Así las cosas, al igual que en nuestro país, el mercado inmobiliario queda en manos de un puñado de especuladores que se concentran en el suelo urbano, incrementando el valor de compra, construcción y alquileres, expulsando de los centros urbanos a las mayorías populares. Este fenómeno es el detonante de las ocupaciones en Chile. Nada muy alejado a lo que vivimos en Argentina en los últimos meses.

CFK finaliza su tuit llamando a “debatir en serio para resolver el problema”, cuando las más de 2.500 familias de Guernica permanecen en alerta por las incesantes órdenes de desalojo lanzadas por el gobernador Axel Kicillof. Lo que queda claro del asunto es que la crisis habitacional que estalla en pandemia lleva incubándose décadas en la región, fomentada por una política de especulación inmobiliaria favorecida por gobiernos “populistas” y “derechistas”, quienes hoy buscan aplicar la misma receta: desalojos y represión. Es lo que busca el gobierno de Piñera en Chile, es el mecanismo que aplicó recientemente el gobierno de Jair Bolsonaro contra las movilizaciones del Movimiento Sin Tierra en Brasil, y es lo que busca el gobierno kirchnerista en la provincia de Buenos Aires.

Frente a ello, ratificamos nuestro apoyo a las luchas por tierra y vivienda, en Argentina y todo América Latina.