Políticas
28/10/2026
Los “autorriesgos” del Presupuesto de guerra de Milei y Caputo
Llamemos a movilizar cuando se trate, paro activo y plan de lucha.

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El Presupuesto 2027 reconoce defensivamente que “la economía se encuentra inmersa en una transformación de su matriz productiva”, es decir que se trata de la reconversión capitalista destinada a que el eje de la economía sea la exportación, centralmente primaria y extractivista. Esto a su vez tiene un objetivo supremo, que es el repago de la deuda a los acreedores privados, a la banca internacional, al FMI y otros organismos multilaterales.
Estos objetivos dictan todas las hojas y cifras del Presupuesto. De tal manera que no se fija siquiera un techo al gasto: es dinámico, puede bajar aún más si el repago de la deuda así lo requiere. En este contexto importa caracterizar el “dibujo” de una inflación del 18% para 2027, cuando este año estará en el 30%, y un crecimiento del PBI del 4% cuando 2026 rondará el 1%.
Se requiere la continuidad del plan de guerra contra la mayoría trabajadora nacional para sostener el superávit fiscal, destinado a la deuda exclusivamente; con el consumo, la industria, el comercio y la construcción en caída; desde una economía basada solamente en la exportación hidocarburífera, agroganadera, minera y en alguna medida del “conocimiento”.
La deuda y las dudas de la Banca Morgan
Es un presupuesto a la medida de la Banca Morgan y el FMI, sin embargo el riesgo país que elabora la BM se ha disparado a más de 700 puntos en estas horas, lo que obligaría a tomar deuda al 12%, absolutamente inviable. Es que el Presupuesto proyecta un endeudamiento de u$s34.500 millones, que se suma a los u$s31.500 que ya tomó este año. Si Argentina no vuelve al mercado internacional de deuda, como prometió Milei, el repago de la deuda no cierra. Y no puede volver por las tasas siderales que debería pagar.
De ahí vinieron las bazookas de dólares y todas esas pavadas de la “batalla cultural” que nadie se cree. Tampoco los pocos ahorristas criollos, que se están comprando u$s2.600 millones en promedio todos los meses y además se van a vacacionar al exterior, lo cual se agravaría este verano si se consolida la fuerte devaluación del real tras la victoria de Lula.
No soltemos el tema deuda todavía. El ratio de deuda que informa el gobierno es falso. La relación de la deuda con el PBI está medida en un dólar mentiroso, por lo mismo que los salarios medidos en dólares simulan lo que no son, porque hay que comprar los precios en pesos. El PBI se produce en pesos, la medida en dólares es para tener un patrón de comparación internacional, pero la deuda es en dólares verdaderos. Ese es un motivo de fondo del “riesgo país”. Pero hay otros.
Las deudas que se están emitiendo son enormes y fundamentalmente en pesos, lo cual aliviaría la cuestión externa, y efectivamente el presupuesto supone emitir en dólares sólo el 18% de la deuda. Pero esa deuda multibillonaria está indexada (CER) o, en menor medida, linkeada al dólar. En un punto es más explosiva la atada al CER porque el dólar en lo que va del año aumentó un 3% y el costo de vida un 23,6% hasta setiembre en ambos casos.
Con todo, la tensión con el FMI es muy importante: Georgieva presiona para que el Banco Central compre dólares. Las divisas no sólo se van por la ventanilla de la fuga de capitales, sino que son usados a menudo interviniendo en el mercado de cambios sea por la ventanilla del Central o por la del Tesoro. ¿Por qué? Para evitar todavía más inflación de la que hay.
Tengamos en cuenta que además de los bienes transables, las tarifas están dolarizadas. Viene a cuento señalar acá que la renta petrolera, minera y agroexpotadora es ajena, como las vaquitas. Y agreguemos un problema en ciernes: el Súper RIGI habilita a término quedarse con los dólares en el exterior por parte de los exportadores, lo que suma otro problema para el FMI y los acreedores.
Agreguemos que un presupuesto que hace sangrar a los jubilados, a las personas con discapacidad, a los empleados públicos, a las provincias, a las universidades, a la obra pública, a la salud y ni hablar a la vivienda, para lo que es cero, sin embargo, prevé 14 billones en obligaciones negociables del Tesoro, sin uso determinado. Notable. Tengamos en cuenta que el CIN pide para las universidades cuatro billones más para cumplir la ley a partir del año que viene, sin retroactividad alguna. Y anotemos también que por vigencia del RIGI (todavía no del súper) se dejan de percibir u$s8.400 millones (según la consultora EcoGo, de Dal Poggetto), unos u$s1.500 anuales. Se ve en estas comparaciones dónde están las prioridades del gobierno, de los recursos y del inenarrable sacrificio de la mayoría de los argentinos.
La deuda tiene un crecimiento exponencial a pesar de los pagos a los bonos en dólares y al FMI porque el resto se renueva pasando la totalidad de los intereses al capital. Y apuntemos que es un problema de todos los políticos capitalistas: la Buenos Aires de Kicillof, gobernada por décadas por el peronismo, tiene u$s7.500 millones de deuda de jurisdicción extranjera y otros cuatro mil quinientos de jurisdicción local. Lo dice el Presupuesto: el 85% del stock de deudas de las provincias es de jurisdicción extranjera. La patria la “venden” todos.
La única corriente que plantea el no pago y la ruptura con el FMI es el Frente de Izquierda, por eso el Presupuesto termina siendo votado y el peronismo que no lo vota es insustancial en el debate: tiene el mismo punto de partida y la llegada no puede ser muy distinta.
Los “cinco riesgos” de Caputo
La literatura presupuestaria de Caputo nos habla de cinco riesgos: “el precio del petróleo, el precio de la soja, el Niño o la Niña, la tasa de interés en Estados Unidos y el tipo de cambio”. Se curan en salud. Pero le echan la culpa del fracaso anunciado a todos los demás, nada sería responsabilidad del gobierno argentino.
Para empezar, el precio del petróleo les juega a favor porque está dando un superávit comercial enorme, porque somos exportadores. Sólo hay dos problemas, acá pagamos los combustibles cerca del precio internacional, cualquiera sean los costos locales, y la renta petrolera se la llevan los grupos económicos, en ambos casos porque todo está privatizado en la Vaca Muerta del oro negro, desde que Kicillof firmó el pacto YPF - Chevron en adelante.
De El Niño, sin comentarios, una Argentina que depende de la lluvia o de su ausencia. El precio de la soja y otros cereales, altos por diversos motivos, les van jugando a favor. Pero como bajaron las retenciones y la renta de exportación es de un puñado de cerealeras internacionales, otra vez, ni alcanza ni garantiza nada, aún cuando no bajen esos precios. Los ganaderos de fiesta, pero tampoco es pareja la rentabilidad en el campo y la agroindustria está en quiebra por la importación. Por lo pronto los obreros rurales están al tope del trabajo en negro, lo cual viene de la facturación en negro, malas noticias para el Presupuesto. La tasa de interés en Estados Unidos, perjudica, obviamente, por la extrema vulnerabilidad argentina. No fue para abajo como quería el patrón de Milei, Donald Trump.
Vamos al tipo de cambio, la madre del borrego de las divisiones y debates al interior del gobierno y de la burguesía. Una devaluación haría saltar todo por los aires y la no devaluación sigue quebrando la industria, acentuando la balanza turística negativa y contribuyendo a la destrucción de todo el tejido productivo. Todo estallaría por el aumento de los bienes exportables y los importables, de los alimentos, por un mayor aumento de los combustibles y por el aumento de las tarifas dolarizadas lo que impactaría en los subsidios que a su vez harían estallar el precario superávit fiscal.
Colocar el riesgo del tipo de cambio en el presupuesto es sólo buscar dar garantía al capital financiero para el carry trade o bicicleta financiera de los que especulan en pesos con las altas tasas de interés domésticas, para luego irse con un dólar subvaluado. Pero es también una advertencia ante la posible rebelión popular. Han llegado muy lejos en este punto y no tienen chances políticas del volver al cepo, cuando buena parte de su voto en las elecciones intermedias mudó de los barrios bajos a la recoleta. Tampoco pueden habilitar el libre movimiento de capitales removiendo el cepo parcial a las empresas que llevaría a una devaluación. Están entrampados en una lógica que acelera el retroceso económico.
Los riesgos, en cambio, son intrínsecos de Milei y Caputo, no depeden de shocks externos como reza el presupuesto. Se fumaron u$s1023 millones, con un seguro absurdo contra la posible baja del precio del oro, que probablemente le hayan pedido los mismos banqueros que pidieron que vaya a una cuenta suiza con sede en Londres –nada menos, por parte de estos malvineros de última generación-. Eso para ofrecerlo en garantía de préstamos que no les otorgaban de otra manera.
Pero el mayor riesgo, que es hoy el tembladeral político en el que está el gobierno, por el cual le huyen hasta los amiguitos del exterior, es el derrumbe de la actividad económica. Argentina terminó setiembre en recesión, tras dos trimestres de caída económica. Al caer el consumo durante 10 meses seguidos, la recaudación por exportaciones no compensa. El aumento del trabajo en negro al 44,6%, tampoco.
Y vamos al presupuesto: han tenido que postergar la vigencia del FAL (Fondo de Asistencia Laboral) hasta dentro de un año para ser usado en indemnizaciones. Ahora esa recaudación de u$s3.000 millones irá sólo al mercado de capitales, o sea a bonos de la deuda pública. De la Anses a deuda pública. Es un presupuesto de guerra y saqueo monumental.
A movilizarnos contra este festival del negociado y la súperexplotación capitalista
El Fonid quedó en el recuerdo. Obra pública no hay. Así todo la mayoría de los gobernadores están acordando. ¿Quién se beneficia? Veamos.
Toyota anunció una inversión de u$s1.200 millones para un vehículo híbrido. Un rayo en el cielo sereno de una tasa de inversión en el subsuelo de 16% del PBI, que no alcanza para renovar siquiera el parque de capital en maquinarias disponible. Pero es una inversión vía RIGI y vía reforma laboral con el banco de horas que firmó Pignanelli, podríamos decir que es una inversión liberperonista, que anticipa lo que será cualquier variante de recambio 2027. La condición es que la mitad será comprada a proveedores locales, pero del montaje de la línea, no de autopartes. Entonces tendremos una armadora con piezas importadas en un porcentaje enorme (ya son el70%) para exportar el 70% de la producción, porque el mercado local está completamente hundido. Y el acuerdo RIGI los autoriza a importar bienes de capital con franquicia, porque no se fabrican acá. Al servicio de esta política está el presupuesto de hambre y guerra contra los trabajadores.
En la Argentina la evasión es del 5,1% del PBI. Y con este presupuesto y esta política, sigue el baile. Pero además, institucionaliza la evasión vía RIGI y súper RIGI, donde la caída de impuestos desfinancia a la mayoría de las provincias que no participan de esos proyectos, porque se trata de rebajas de impuestos coparticipables por un lado, por otro lado se desfinancia el sistema jubilatorio al que van el IVA, Ganancias, impuesto al cheque y cargas sociales, entre otros afectados por el RIGI. El rubro “gastos tributarios” que son las exenciones impositivas del Presupuesto es enorme: $51.014 billones, el 3,67% del PBI. El FMI propone bajarlo en todo lo que corresponde a IVA por alimentos y otros rubros “sociales” y aún si fuera posible los regímenes como el de Tierra del Fuego. El FMI le debate por derecha a Milei y Caputo, para que lleven su política hasta el final en función de la deuda. Uno y otro debaten cómo profundizar el plan de guerra.
No cabe discusión alguna que no sea el rechazo en bloque de esta “ley de leyes” de la agenda del capital. Y corresponde llamar a movilizar cuando se trate, que por ahora sería el 18 de noviembre. Por la salud, por la educación pública, por los trabajadores. Denunciemos a la burocracia sindical que debería llamar un paro activo y un plan de lucha. Fuera el presupuesto de guerra, fuera Milei.



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