Políticas

7/2/2026

Más que acuerdo comercial, es la imposición colonial de un imperialismo en crisis

Las concesiones que Milei firmó a Trump agravan la inflación, el saqueo y el desmantelamiento industrial.

Los trabajadores tenemos que rechazar este acuerdo.

El acuerdo comercial que firmó Milei con el gobierno de Trump es otro hito de la entrega colonial de Argentina al imperialismo. Le sirve en bandeja el saqueo de las riquezas naturales, favorece la entrada de productos norteamericanos al país, ni siquiera elimina los aranceles a los principales bienes industriales que se exportaban a Estados Unidos, y anticipa choques importantes con los capitalistas criollos por las patentes de propiedad intelectual sobre la industria farmacéutica. La "gran noticia" sobre la considerable ampliación de la cuota para exportar carne responde al intento de Trump por mejorar el humor de los consumidores estadounidenses ante la suba de precios, pero en estas tierras va a recalentar la inflación en alimentos. Tenemos que rechazarlo de plano.

Hasta en los medios de comunicación más abiertamente capitalistas señalaron la disparidad entre el centenar de obligaciones a que se compromete la Argentina y los nulos compromisos asumidos por Estados Unidos. En otras palabras, el carácter colonial del acuerdo no pudo pasar desapercibido. Empresarios industriales expresaron algo de preocupación, en medio de los chispazos que estos días enfrentan al pope de Techint o las cámaras textiles con los ministros mileístas que intentan convencer que el cierre de empresas no genera pérdida de empleo. La "euforia" por el acuerdo solamente alcanzó por eso a los grandes frigoríficos y a los ganaderos, y aún ahí habrá que ver cómo impacta.

El canciller Pablo Quirno anunció que la cuota de exportación de carne criolla hacia el mercado estadounidense subirá de 20.000 a 100.000 toneladas, pero parece que eso no está en el texto del acuerdo. Sería un compromiso "de palabra", que si sale mediante una resolución aparte podría darse de baja en cualquier momento. Lo que sí consta en el documento es que Argentina abre su mercado al ingreso de ganado bovino vivo y aves de corral, a la vez que elimina todo control sobre la entrada de carnes y lácteos. De hecho, se fija que quedarán exentos de aranceles cupos anuales de mil toneladas de queso y papas, 870 toneladas de almendras, 80 toneladas de pistachos, 80.000 litros de vino y 10.000 automóviles; todos artículos de los que hay producción local.

Nada de esto va a beneficiar al grueso de los consumidores argentinos, porque no son los precios más competitivos del mercado mundial. Por eso mismo recurren a la presión imperialista sobre los países semicoloniales en su guerra comercial contra China. Más bien el efecto se anticipa inflacionario, como en el caso de las carnes porque favorece la equiparación con los precios internacionales aún cuando cae el consumo en el mercado interno. Sucedió el año pasado, en que el encarecimiento de carnes más que duplicó al IPC. Esto cuando en la primera semana de febrero las consultoras registraron una suba de los alimentos del 2,5%, la mayor desde marzo de 2024, con fuertes incrementos en panificados, cereales, carnes y lácteos.

"Argentina deberá..."

Este es el tenor de todo el acuerdo firmado. Trump se asegura la colocación de exportaciones norteamericanas, mientras que solo favorece el ingreso de productos argentinos que necesitan en el norte porque no los producen. El mejor ejemplo es el convenio por los llamados minerales críticos, al que el de Milei se sumó junto con otros 54 gobiernos en una reciente cumbre en Washington. El objetivo declarado por el imperialismo yanqui es eliminar la completa dependencia de China en este eslabón esencial para la fabricación tecnológica, automotriz y militar, organizando su propia cadena de suministros mediante la imposición de precios de referencia mínimos que garanticen la rentabilidad a las mineras occidentales para que puedan hacer frente al cuasi monopolio chino en el procesamiento de estos minerales.

Para nuestro caso, Argentina se compromete a favorecer y priorizar a las multinacionales estadounidenses en la exploración y explotación sobre todo de litio y cobre. Esta preferencia se extiende también a servicios de generación de energía, telecomunicaciones, transporte e infraestructura; rubros claves en los que el imperialismo intervino fuertemente para bloquear la injerencia china, como con la Hidrovía o el 5G. Aún así, la realidad de los últimos años es que las empresas yanquis rematan sus activos y se van del país, incluso de Vaca Muerta, y que por el momento Trump no logra convencer a la petroleras norteamericanas que inviertan en Venezuela y en general se guíen menos por su rentabilidad y más por objetivos estratégicos geopolíticos. Es el capitalismo...

Como fuera, lo que sí se arroga Estados Unidos es la potestad de bloquear el comercio argentino con sus rivales. Impide la compra de reactores nucleares, barras de combustible o uranio enriquecido a países como Rusia o China; y hasta buscan diseñar un mecanismo de revisión de las inversiones extranjeras para expulsar los capitales chinos de aquellos nichos que considere sensibles "para la seguridad nacional"... yanqui.

Más crisis

Para varios sectores industriales que ya vienen en retroceso enciende nuevas alarmas. La propia Cancillería admitió en sus comunicados oficiales que habrá varios heridos por la eliminación de aranceles a la importación en maquinaria, dispositivos tecnológicos, medicamentos, insumos médicos, productos químicos, autopartes, entre otros. Las consecuencias las sufrimos los trabajadores, como ya ocurre con la ola de despidos y cierre de plantas. En paralelo, ni siquiera se rebajan los aranceles extraordinarios que desplazaron del mercado estadounidense al acero y aluminio argento. Incluso los campos en que se fijan condiciones recíprocas son una burla: se quitan impuestos al software y plataformas de streaming, donde el poderío norteamericano es indiscutido.

En medio de los choques del gobierno de Milei con industriales que se quejan por los efectos de la apertura importadora y el desplome del consumo, con la UIA y las cámaras patronales presionando por una devaluación, Estados Unidos impuso una cláusula que obliga a la Argentina a consultarle antes de establecer cualquier subsidio a empresas manufactureras. Esto vale aún para la depreciación del peso como mecanismo de ganar competitividad a base de licuar salarios y otros costos en pesos: la potencia del dólar busca evitar devaluaciones que afecten su hegemonía, y ahí tenemos los rescates del FMI y Bessent para evitarlo. El sistema monetario internacional está en crisis, y Milei hace que nos hundamos con él.

Uno de los rubros a mirar de cerca es el farmacéutico, donde la presión norteamericana para doblegar a los laboratorios locales a pagar regalías por derechos de propiedad intelectual a pulpos como Pfizer o Bayer viene de hace rato. El poder de lobby de los Sigman, Roemmers y Bagó mostró su peso en los diferentes gobiernos, aún con este mismo, volteando decretos. Ahora se vienen nuevos episodios de la pulseada, porque a la par que Argentina despeja toda autorización a la comercialización de dispositivos médicos y productos farmacéuticos estadounidenses, se asume el compromiso de enviar al Congreso la ratificación de un tratado en materia de patentes antes del 30 de abril. Es sintomático que se expresen con fuerza estas divisiones en el frente patronal en medio de la avanzada para imponer un retroceso enorme al movimiento obrero con la tan ansiada reforma laboral.

Derrotemos a los esclavistas

Párrafo aparte merecen los aspectos ambientales y laborales entre estos dos gobernantes antiobreros y promotores de la depredación ambiental. Es la prueba de que en boca de los políticos capitalistas estas normas se convierten apenas en otro mecanismo del proteccionismo imperialista. Así, los impulsores de una reforma laboral esclavista asumen el compromiso de evitar la importación de artículos producidos con trabajo forzoso (como si las multinacionales yanquis no se valieran del mismo en todo el mundo) y un plan para erradicar el trabajo infantil (como forma de evitar la "competencia desleal" argentina en textiles y otros). Las medidas para combatir la tala ilegal y la pesca excesiva son meras salvaguardas a la producción norteamericana, en fuerte crisis.

La bota del imperialismo apretando sobre Argentina no soluciona ninguno de los problemas que afronta la hegemonía yanqui en América Latina. Si se intensifica la guerra comercial, las invasiones golpistas y el despliegue militar es sencillamente porque se agrava la crisis del capitalismo y su epicentro es la mayor potencia, con todo el orden internacional erigido por ella. Con Milei no solo nos someten más al saqueo colonial, sino que nos asocian a las aventuras bélicas y comerciales de la corona en declive.

Todas las contradicciones que esto pondrá sobre la mesa no ocultan que la burguesía argentina carece de cualquier rumbo alternativo en el escenario mundial, y por eso aún con críticas las patronales no rompen con el gobierno y el peronismo no pasa de algunas palabras de pesar por este acuerdo infame sin plantear ninguna perspectiva para rechazarlo. Es, por eso, una tarea que solo pueden llevar adelante los trabajadores, en medio de la pelea por impulsar una gran movilización popular para derrotar la reforma esclavista y todo el régimen antiobrero de Milei y Trump. Esa es la perspectiva que planteamos desde el Partido Obrero y el Frente de Izquierda.

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