19/08/2020

Naftazo, la señal de largada del tarifazo

Finalmente, YPF aumentó el precio de los combustibles en un 6% para el Área Meropolitana, mientras que en el interior del país el incremento promediará el 4,5%. El resto de las empresas seguirá ahora sus pasos. Este naftazo es el punto de partida de un esquema de tarifazos que golpeará los ya pauperizados ingresos de la población trabajadora.

El gobierno cede así nuevamente a la extorsión de las petroleras, que esta vez tuvo su voz cantante en la propia empresa de mayoría accionaria estatal. Fue el mismo Guillermo Nielsen, presidente de YPF, quien advirtió públicamente a Alberto Fernández que «peor que la nafta cara, es que no haya nafta». Ello porque -a pesar del subsidio de barril criollo-, las productoras se dedicaron estos meses a exportar petróleo, aprovechando la fuerte reducción de las retenciones. La consecuencia de esto fue que las refinadoras empezaron a presentar solicitudes de importación de crudo. Como la máxima del gobierno es retener la mayor cantidad de dólares para garantizar el repago de la renegociada deuda externa, sería un tiro en el corazón del «plan económico».

A la espera del naftazo y los tarifazos, y nuevos subsidios, los pulpos paralizaron por completo la producción, que en el caso del petróleo lleva una caída interanual del 11%. Para graficar esta huelga de inversiones basta tomar nota de que los equipos en actividad suman alrededor de un 15% de los niveles de agosto del año pasado (cuando el gobierno de Macri debió congelar los precios de los combustibles tras el shock devaluatorio y el golpe de mercado que siguió a las Paso). De nuevo, YPF lidera esta huelga, con casi todos los equipos parados.

El impacto, por supuesto, no solo lo sufrirán los conductores de autos, sino todos los consumidores con el acicate de una inflación que se acelera. Pero toda la matriz energética del país está siendo acoplada a las exigencias de los pulpos de los hidrocarburos, porque la generación eléctrica del país es mayormente a base de combustibles. Ejemplo de ello es el nuevo Plan Gas con el que el gobierno va a subsidiar a las gasíferas por un precio que duplica el precio internacional, lo cual tendría un costo cercano a los 1.300 millones de dólares. Como lo comprometió frente a las distribuidoras el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, ese mayor precio será trasladado a su turno a las tarifas. Será además una condición que pondrá el FMI en la negociaciones para cerrar un nuevo programa.

La conexión entre los tarifazos y el pago de la deuda no es colo una cuestión de disputa por la caja del fisco. Es que si sigue la parálisis en la producción de gas el próximo invierno deberían importase unos 400 millones de dólares para hacer frente a la demanda, y los mismo vale -como vimos- para la refinación de combustibles. Para ello el gobierno necesita estimular las inversiones en base a otorgar mayores ventajas a los pulpos, que a su vez extorsionan al gobierno para que ceda la libertad de girar dividendos al exterior.

Más allá de la frazada corta que implica la necesidad de subsidiar a los pulpos de la energía cuando debe hacer frente a vencimientos de deuda, asoma otra contradicción que interesa a los trabajadores. Es que la amenaza de desabastecimiento de combustibles por la exportación del crudo muestra que la política definida por Alberto Fernández como «exportar todo lo que se pueda» repercutirá con mayores costos en el mercado interno. Es un preaviso de lo que puede suceder con el «pacto Chevron» que se cocina con el Consejo Agroindustrial, con el agravante de que en este caso se encarecerán directamente los alimentos.

El acuerdo colonial con los bonistas y el FMI hecha nafta al fuego de las contradicciones mortales de la política económica del gobierno. Todo el peso del esquema, desde ya, se apoya en una mayor confiscación a las familias trabajadoras. La única salida es una reorganización productiva de todo el sistema energético, que parta de la apertura de los libros de toda la cadena al control popular, lo cual mostraría de inmediato la necesidad de la nacionalización de la industria hidrocarburífera, bajo control obrero, como punto de partida para un desarrollo nacional. El rol de liderazgo de YPF como agente de los reclamos patronales vuelve a demostrar que la falsa renacionalización solo sirvió de vehículo para una asociación subordinada a los pulpos imperialistas.

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