Políticas

31/8/2022|1652

EDITORIAL

No hay vallas entre Juncal y la Casa Blanca

La jornada del sábado 28 estuvo al servicio de volcar “épica” y confrontación que no existen a la hora de apoyar el ajuste en curso y la hoja de ruta del FMI

Recoleta se convirtió, durante unos días, en el centro político del peronismo

Lo único irreal es la grieta. El pedido del fiscal Luciani de encarcelar y proscribir de la función pública a la actual vicepresidenta Cristina Fernández sirvió a los fines de un verdadero operativo político. El kirchnerismo lo usó para construir un relato combativo que lo despegue del ajuste pasado, presente y futuro de su propio gobierno, en un acto pérfido por donde se lo mire. Que le dé “algo por qué pelear”. Todo mientras su “superministro” viaja a Estados Unidos para arreglar los números, sin la “gente adentro”, por supuesto. Larreta, por su parte, buscó tomar vuelo y lo cruzaron los “halcones” del PRO. La polarización no discute la línea del FMI ni permite que las demandas de la clase trabajadora se metan en la discusión.

Juncal y Uspallata

El barrio de Recoleta se convirtió, durante unos días, en el centro político del peronismo, o al menos parte de él. Curiosa elección geográfica de los autoproclamados “nacionales y populares”: solo a unas cuadras se libraba lo que ellos mismos denunciaban como “las cacerolas de Callao y Santa Fe”. No hay calle Juncal que se vista de pueblo.

El “operativo clamor” por CFK dejó un intento claro de volver a la polarización política con “la derecha”, en tiempos en los que la embajada yanqui llegó con el PJ a la Rosada. Por un lado, busca aprovechar las incongruencias del fiscal (que no toca en su investigación a Macri, a Caputo ni a ningún vínculo posible con la gestión Cambiemos) para exculparse o, peor, para sostener que los negociados de la obra pública son inherentes a todo un régimen que lavaría culpas a algunos de sus integrantes individuales. El kirchnerismo es responsable indudable de los Schiavi, Jaime, Pedraza, López (José y Cristóbal), De Vido, Báez. Persecución y corruptelas no son opuestos, sino parte de un mismo régimen que tiene al kirchnerismo en el gobierno en 15 de los últimos 19 años.

Además, el “relato” busca despegar al “cristinismo” de una agenda ajustadora. El apoyo a Massa y a su recorte de 210 mil millones de pesos lo dio Andrés Larroque, cuando dijo esta semana que “por primera vez en tres años de gobierno tenemos ministro de Economía”. Juan Marino, diputado nacional del FdT, fue más a fondo: “quienes denuncian que ‘Massa ajusta más que Guzmán’, ¿qué esperan de un ministro al que le pedimos que estabilice la situación? ¿Que aumente el gasto público? Eso sería desconocer el ABC de la economía y que hay un consenso pro-FMI en la mayoría del Congreso”.

El arte de apoyar un ajuste indisimulable. El “17 de octubre” al que llaman es en la City. No hay más “poder fáctico” que el peronismo.

Del otro lado de la contienda dice posicionarse Larreta, que más allá de su postura represiva en la conferencia de prensa de la sede de Uspallata, no parece afianzarse con los “halcones”. Bullrich le critica a Larreta su “dialoguismo”, mientras que Mariana Zuvic colocó a Miguel Pichetto como cómplice. La interna de JxC se recrudece, lo que explica el afán del peronismo por obturar las Paso del año que viene, con el fin de dificultar el armado de su contrincante. El debate sobre ir o no con un sector del peronismo aparece en el centro del debate, pero de fondo se encuentra algo más problemático: Massa en persona les disputa el apoyo del imperialismo y de Estados Unidos. Ahí radican las denuncias de Carrió y la disgregación política de la coalición.

A la oposición le sirve el affaire judicial para polemizar con Cristina y evitar hablar del rumbo ajustador del gobierno de Fernández-Massa, del que no podría reprochar nada. A la vecina de Juncal le sirve para trazar una línea paralela que le permita confrontar sin responsabilizarse de un ajuste que la tiene como responsable. No hay vallas entre Juncal y Uspallata.

Casa Blanca

El viaje de Massa a Estados Unidos ameritará la atención de los próximos días. Gabriel Rubinstein, su vice, armó reuniones previas para discutir los números. Será una suerte de guía en el tour de Massa. La hoja de ruta del actual viceministro se difundió en la semana: reducción del déficit fiscal primario (a eliminar “en forma inmediata”), devaluación del 50%, suba de tarifas (gas, agua y transporte) (IProfesional, 30/8). La capacidad de implementar o no estas medidas será algo a verificar, pero la hoja de ruta tiene la firma que nadie niega.

Precisamente sobre las divisas presiona un sector grande de la burguesía agropecuaria. Esta semana, Coninagro pidió “un solo tipo de cambio” (frente al desdoblamiento) y un shock devaluatorio. Álvarez Agis, cercano al peronismo, sugirió que nadie va a liquidar su cosecha con este tipo de cambio. Parece que cuando Rubinstein dice “hasta el jueves”, para sostener la moneda, hay que tomarlo literal.

La gira de Massa por Washington y Houston lo verá como anfitrión del imperialismo y el capital financiero, del gobierno de Biden, de funcionarios del FMI y del US Chamber of Commerce. En este lugar se reunirá con empresas petroleras como Chevron, Exxon, Shell y Total, compañías automotrices como Volkswagen y mineras como Río Tinto y Livent. Con esta última se esperan anuncios de entrega del litio del norte argentino. Seguramente, lo acompañará el embajador Jorge Argüello, quien hace dos semanas, en el “Council of Americas”, lo llamó, con una suerte de furcio sincero, “presidente Massa”.

Vamos por lo nuestro

La situación política se dirime entre un intento de polarización que no encuentra diferencias en una hoja de ruta fondomonetarista y la necesidad de romper con esa extorsión. El gobierno de Fernández-Massa prometió un bono para no hablar de paritarias y no hizo ni una cosa ni la otra. La agenda de los trabajadores, está claro, no entra en esos márgenes.

Esto solo agrava la posición de todo un sector de la izquierda que elige colocarse en un campo de esa polarización. El PTS, al decir que “Cristina mostró un entramado de corrupción” que es “inherente al sistema capitalista” o desligando a CFK de la corrupción, solo embellece a un sector político que busca agudizar la entrega del país al capital financiero y se da todas las mañas para intentar ocultarlo. Un debate serio en la izquierda requiere abordar la cuestión: no son solo posturas aisladas, está en juego la independencia política de una referencia como el FIT-U que es necesario defender.

Pelear por lo nuestro y organizar la lucha del movimiento popular marca otro camino. Es lo que hace la Unidad Piquetera, en lucha contra el ajuste, el hambre y la pobreza, que vuelve a movilizarse el 8 de septiembre. Lo mismo, la docencia de Santa Fe y los obreros del neumático con el Sutna, en lucha por la defensa del salario. Ir por lo nuestro es estar con las luchas populares y no con los partidos ajustadores. Pongámosle una valla a la entrega al FMI.