17/07/2021
Elecciones 2021

Para Bodart, “es bueno que la izquierda tenga una Paso”

Sobre la posición del MST de ir a internas dentro del FIT-U.

En una entrevista en radio Realpolitik, Alejandro Bodart afirmó que «es bueno que la izquierda tenga una Paso», luego de manifestar que es «lo más probable» que el MST presente una lista propia para competir en una interna del Frente de Izquierda – Unidad contra los otros tres partidos que componemos la alianza: el Partido Obrero, el PTS e Izquierda Socialista.

La reivindicación que hace Bodart de una presentación dividida del FIT-U en las Paso convive paradójicamente con una postura crítica respecto de que «hace falta más unidad». Presenta el recurso a las internas como un mecanismo «sano» para expresar los «matices» de las distintas fuerzas, que en el caso del MST estaría dado porque reflejan «la amplitud».

El Partido Obrero también brega por una mayor amplitud. Es el objetivo que nos planteamos con la propuesta de convocar a un congreso abierto del FIT-U para impulsar el frente único con quienes están protagonizando las luchas contra la catástrofe social en la que nos han sumergido. Acercarlos a una acción común con una fuerza que lucha por la independencia política de los trabajadores, en la perspectiva de su propio gobierno, es una amplitud que introduce una evolución en la situación, una superación del hecho de que luchan junto a la izquierda pero no la sostienen en el terreno político -y obviamente en el electoral. Es una apuesta a la movilización política del activismo del movimiento obrero, de las mujeres y la diversidad sexual, estudiantil, ambiental o de los derechos humanos, que se desengañan de manera acelerada con el gobierno del Frente de Todos, tras el fracaso estrepitoso del mandato macrista.

Pero para Bodart la amplitud parece tener otro significado  La presentación de una lista propia sería la ocasión para manifestar que bregan por «una izquierda más abierta», «menos dogmática» y «menos sectaria», y que en la cuestión del programa «hay que renovarse y evolucionar para ser una fuerza que no solo compita por una o dos bancas sino por el poder». De ello se infiere que para «postularnos como una fuerza que quiere gobernar» estamos obligados a flexibilizar las bases políticas que sostenemos desde la fundación del FIT en 2011: la independencia política y la lucha por un gobierno de trabajadores. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿esto haría crecer a la izquierda para colocarla como alternativa de gobierno?

La preocupación tiene un punto de partida válido, porque el desastre social y sanitario que vivimos en Argentina tiene como responsables directos a las mismas fuerzas que hoy polarizan el panorama electoral, luego de sucederse unas y otras en el gobierno. El hecho de que en este cuadro la izquierda siga siendo minoritaria ejerce una presión de adaptación al régimen, que en el planteo del MST se expresa en su forma más aguda. Pero la posibilidad de una superación de esta limitación no está dada por la integración de fuerzas ajenas a la clase obrera. La ola de rebeliones que sacude América Latina, y que ha tenido cierta expresión en procesos electorales como en Chile y Perú, tendrá también sus capítulos en nuestro país, y ello confirma las chances de ganar a las masas a una salida obrera y socialista, a condición efectivamente de superar la crisis de dirección de la izquierda revolucionaria.

El lugar político conquistado por la izquierda en el escenario político-electoral argentino es en buena medida el fruto de haber defendido desde la constitución del FIT una fisonomía propia a partir de esta delimitación nítida con todos los bloques políticos patronales; en contraste con un declive manifiesto de la centroizquierda. Sin ir más lejos, quienes eran en 2011 los aliados del MST, como Pino Solanas o Luis Juez, culminaron enrolados en los armados del peronismo y el macrismo, respectivamente.

La propuesta de Bodart es entonces una involución programática que, postulada como premisa para «sumar fuerza social» y en nombre de que «no hay que pedir homogeneidad en la izquierda», incluso permitiría avanzar en la conformación de un «partido amplio de tendencias» que agrupe fracciones distintas -o sea manteniendo cada una su propio programa. Es la experiencia del PSOL de Brasil, cuya «heterogeneidad» terminó amparando en las últimas elecciones la firma de un programa de gobierno común con el PT de Lula; allí, la pretendida pluralidad interna sirve solo a los fines de encubrir, detrás de su presentación como un partido en disputa, de que se trata de un rejunte dominado por una orientación pequeñoburguesa de conciliación de clases.

Es lógico este derrotero, porque la indefinición de límites de clase y respecto del carácter clasista del Estado es el punto de partida para la adaptación a las instituciones y las fuerzas del régimen, conduce al centrismo democratizante y a la disolución detrás del nacionalismo burgués y la centroizquierda. Los ejemplos abundan. El resultado de los gobiernos de Syriza en Grecia o de Podemos en España son la confirmación de que sin romper con el capital no hay posibilidad de encarar una transformación social progresiva. Quienes adoptan este camino terminan fagocitados y desapareciendo.

Afirmar que las Paso sirven para expresar los debates entre izquierda «de cara a la sociedad, para que sea la sociedad la que termine decidiendo» es convertir a la democracia burguesa en el terreno de una libre determinación de la población (cuando en realidad encubre una dominación de clase). Confirma además que sería superficial reducir a una disputa por lugares en las listas la posición del MST, por cuánto las bancas son rotativas, y que tiene motivaciones más profundas. Todo el planteo vislumbra que el FIT-U es una estación de paso. El MST viró hacia un frente con la izquierda revolucionaria pero sobre una base oportunista, no mediante un balance del fracaso de su propia política de asimilación al centroizquierda.

Así las cosas, el perjuicio de unas Paso del FIT-U quedó demostrado en el propio reportaje al que nos referimos, cuando apunta contra una nueva candidatura de Del Caño, aduciendo que su reiteración es un bloqueo para la atracción de otros sectores y de activistas que no están organizados en partidos pero que simpatizan con la izquierda. Cuesta imaginarse cómo una competencia interna por las candidaturas puede ser un factor de acercamiento de activistas no agrupados políticamente, y más bien sucede lo contrario. Repite de hecho la campaña del propio Del Caño en las Paso de 2015, con una formulación que lleva a emparentar a los referentes de la izquierda con la «casta política» de los partidos tradicionales, por lo que desdibuja las barreras de clase con las variantes de la burguesía, y en ese sentido es contrario al desafío central de la izquierda en esta elección.

Pongamos por delante las tareas que nos reclama la magnitud de las crisis sociales, del ataque de los capitalistas y sus gobiernos, y el cuadro explosivo que atraviesa toda América Latina. Para concentrar las energías en combatir a las fuerzas políticas del régimen de saqueo y pobreza que gobierna este país desde hace décadas, necesitamos listas unitarias del Frente de Izquierda – Unidad.

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