21/07/2021

Vuelve el trueque, un síntoma del aumento de la pobreza

La gente intercambia productos a cambio de comida, una muestra devastadora del derrumbe social.

En los últimos días viene ocupando un lugar destacado en los medios de comunicación el resurgimiento del trueque, un método de rebusque muy común durante la crisis del 2001. El mismo reaparece en un cuadro de iguales -o incluso peores- condiciones que los que reflejaba la miseria generalizada de aquel entonces.

La canasta básica, que divide a la población en situación de pobreza, se sitúa en los $65.000. Ello lleva, según el último informe del Indec, a que la mitad de los hogares del país perciba ingresos por debajo de este umbral. Las estimaciones del Instituto también dan cuenta de que en mayo una familia tipo necesitó más de $27.000 para no estar bajo la línea de indigencia, el mismo monto en el que actualmente se ubica el salario mínimo (cuando junio acarreó una inflación del 3,2%, y aún desconocemos la de este mes). Las jubilaciones corren la misma suerte: los haberes previsionales mínimos, los que cobran la mitad de los jubilados del país, oscilan entre los $20.000 y los $23.000. Sumando dos jubilaciones mínimas o dos salarios mínimos por hogar, como se ve, ni así una familia supera la línea de pobreza.

En los años previos a la crisis y el estallido de la rebelión popular del 2001, el trueque de productos y servicios por alimentos, fundamentalmente, pero como también por bienes de primera necesidad, comenzó a crecer en correlación con el aumento de la pobreza, la indigencia y el hambre. Se estima que ya desde aproximadamente 1995 se dio paso en el país a los denominados “clubes de trueque”, lo que todavía era en una menor parte una salida para paliar la miseria. Los mismos se organizaban por diversos motivos, incluso eran hasta una iniciativa de distintos ecologistas para reutilizar productos y así -en una visión errada sobre la economía capitalista- reducir la producción de bienes de consumo.

Sin embargo, ya para 1998 los clubes de trueque se multiplicaron frenéticamente, y eran un método recurrente de las familias más empobrecidas para intercambiar unas zapatillas usadas, un cuento infantil o hasta servicios por un poco de comida. Luego del corralito y el estallido del Argentinazo en 2001, los clubes de trueque eran miles y sus concurrentes millones. Ahora, los mismos vuelven a cobrar notoriedad ante el cuadro generalizado de miseria. Ya desde 2016 se empezó a registrar la reaparición de algunos de ellos, fundamentalmente en la zona oeste del conurbano bonaerense. Ahora, este fenómeno se trasladó rápidamente al resto del conglomerado. Esto no es casual: el conurbano es un verdadero epicentro de la pobreza en el país, donde 6 de cada 10 niños viven bajo esta condición.

Desde fundamentalmente 2018 y 2019 a esta parte, la licuación del poder adquisitivo de los salarios, los despidos o la escasa asistencia social están conduciendo a un nuevo “auge” del trueque. Ferias populares, clubes de barrio y redes sociales funcionan como el punto de encuentro entre trabajadores empobrecidos que se deshacen de sus bienes -o se ofrecen en absoluta desesperación a trabajar sin que la remuneración sea necesariamente monetaria- para poder tener un poco de comida al final del día. A diferencia del 2001, la población cuenta ahora con otros recursos tecnológicos y digitales a su disposición. En este caso, Facebook es la herramienta predilecta en la que proliferaron miles de grupos de trueque por distritos, llegando en algunos casos a contar con varias decenas de miles de participantes. Esta masividad está inequívocamente ligada a la magnitud de la pobreza.

El hecho fue advertido por el diputado macrista “Toty” Flores en una entrevista con RePerfilAr, donde parece desentenderse de la responsabilidad que le cabe a su bloque político, que gobernó cuatro años pulverizando las condiciones de vida de los trabajadores. Se trata de un señalamiento demagógico al gobierno de Alberto Fernández en las vísperas de la contienda electoral, pero lo cierto es que tanto unos como otros son responsables de esta situación. Los clubes de trueque son la viva expresión de un régimen social que condena a millones al hambre y a la miseria, y que luego del moderado repunte económico que se produjo tras el estallido de la crisis de 2001, fogoneado por la suba internacional de los precios de las commodities, volvió a demostrar toda su naturaleza con el crack financiero de 2008, tras el cual la pobreza solo crece año a año y se torna más cruda; dando lugar a la reaparición de estos intercambios. Es hora de ponerle punto final al régimen de todos los que nos gobernaron en las últimas décadas y nos empujaron a esta barbarie: un régimen de hambre y de saqueo.

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