21/01/2021
CORONAVIRUS

Amesetamiento alto de casos y un ritmo bajo de vacunación

La situación sanitaria del país.

Con bombos y platillos Axel Kicillof salió a festejar el leve descenso y amesetamiento de casos de los últimos 10 días, luego de 4 semanas seguidas de aumento.

Si bien es cierto que la última semana el promedio de casos diarios en la Provincia de Buenos Aires descendió cerca de 300 contagios (de 4.510 a 4.215), la tendencia no se termina de confirmar. De hecho, el día de ayer se registraron unos 4.898.

El actual gobernador de la Provincia de Buenos Aires lo atribuyó a la «política de restricciones» del gobierno nacional. Lo cierto es que las restricciones impuestas han sido prácticamente nulas: apenas se ha impulsado la suspensión de las actividades de 1 a 6 de la madrugada en algunas localidades, no sin una gran resistencia patronal, sobre todo en aquellos sectores donde el turismo es la principal actividad económica del verano.

Algo similar se replica en la Ciudad de Buenos Aires, donde Fernán Quirós anunció también una baja en el promedio de casos diarios, de 1.300 a 1.100. Sin embargo, lo atribuyó al «cuidado individual» de cada ciudadano.

El festejo por un descenso tan leve como el mencionado sin saber si es una tendencia que va a continuar es, mínimamente, irresponsable. Incluso festejar por un amesetamiento con números tan altos lo es. En el marco de la puja por la vuelta a clases sin condiciones sanitarias, los gobernantes intentan mostrar que la responsabilidad se encuentra en el comportamiento de la población, es decir, cuanto se cuide cada uno; también le meten fichas a la vacuna, pero sin un plan concreto de vacunación masiva, empezando por el hecho de que hoy Argentina no cuenta con las dosis necesarias para lograr la famosa inmunidad de rebaño ni está cerca de eso.

En ese punto, el gobierno hace agua. El sábado pasado llegaron las segundas dosis de la Sputnik V, a los pocos días trascendió un plan de vacunación que lejos está de poder ser cumplido por el gobierno. El mismo contiene un cronograma con las fechas estimadas de llegada de las vacunas: 4,7 millones de dosis para antes de fin de mes de la rusa y 50 millones para mitad de año de la de AztraZeneca y del popurrí que ofrece el fondo Covax de la OMS.

Pero lo concreto hasta ahora es que vacunaron a casi 248 mil personas (según Our World Data) en 25 días; menos de 10 mil personas por jornada. Incluso aunque las 4,7 millones de dosis que promete el gobierno llegaran, tardarían más de 470 días en aplicarlas al ritmo actual. Ni hablar de las 50 millones para julio; en ese caso, serían 5.000 los días (lo que es igual a 13 años).

Evidentemente el gobierno no puede escapar a la parálisis y la improvisación propias del fracaso en la política sanitaria aplicada durante toda la pandemia. Los problemas en el proceso de vacunación están a la vista, pero se profundiza en cuanto se pone sobre la mesa la falta de medidas sanitarias desde el Estado, que cae en el eslogan de la «Cuidadania» y deja a la población a su suerte. Mientras, el presupuesto 2021 presentado por el gobierno a finales del año pasado y aprobado en noviembre por el Congreso plantea un recorte en salud del 10% en términos reales, a la vez que el grueso de los recursos del país se fugan en el pago de la deuda y en las verdaderas prioridades del gobierno, como el aumento del 30% del presupuesto de la AFI para poner en pie la represión necesaria para hacer pasar el ajuste.

Nada le ofrece a aquellos trabajadores que se exponen en sus lugares de laburo sin protocolos de bioseguridad, al personal de salud que hoy vive uno de los mayores ataques al salario o a los docentes y alumnos de la comunidad educativa a quienes enviarán de vuelta a clases sin la inversión indispensable para poner en pie escuelas en condiciones.

La forma de forma de hacerle frente a estos problemas es sobre la base de una reorientación estratégica de los recursos hacia los intereses que defienden los trabajadores y no la clase capitalista.

 

 

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