Salud
28/11/2025
Antivacunas en el Congreso, para encubrir el ajuste y la responsabilidad política en la crisis sanitaria
Por la caída de las vacunaciones regresan enfermedades que se tenían virtualmente erradicadas.

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Un evento organizado por una diputada "liberal" del Pro.
La diputada del Pro, Marilú Quiroz, organizó un evento antivacunas en el Congreso de la Nación, dejando imágenes desopilantes como la del “hombre imán”, en medio de un rebrote de diversas enfermedades y patologías como resultado de una caída histórica de los índices de vacunación y del ajuste sobre la salud pública y las campañas sanitarias. Los discursos antivacuna funcionan como un marco teórico de las políticas de ajuste sobre la salud, invitando a la población a “desafiar los establecido” infligiéndose un daño, con una conducta peligrosa para la sociedad y la salud comunitaria y beneficiosa para los ajustadores como Milei.
El evento fue convocado bajo la consigna “¿Qué contienen realmente las vacunas?”, alimentando de entrada intrigas y sospechas infundadas sobre las vacunaciones, y tuvo lugar en el auditorio del Anexo A de la Cámara de Diputados, donde participaron distintos expositores en paneles sobre “Vacunas calendario y autismo” y “Víctimas ignoradas por el Estado: sangre de vacunados al microscopio”. El trasfondo de todo este circo es el reclamo de la diputada –que se reconoce liberal- de eliminar la obligatoriedad del Calendario Oficial de vacunas, lo que solo sirve al interés del ajuste oficial.
Esta actividad de propaganda contra las vacunas y el combate de epidemias sanitarias e infecciosas se da a mismo tiempo que las autoridades nacionales y los organismos especializados detectan un reaparecimiento de enfermedades casi erradicadas, como producto de una abrupta caída de la vacunación justamente por culpa de la desinformación y las tendencias anticientíficas contra las vacunas y por responsabilidad del Estado y el ajuste en las campañas sanitarias de información y vacunación de la población.
Según Florencia Cahn, directora de vacunas de la Fundación Huésped, “estamos cursando un brote de sarampión. La teníamos controlada. Necesitamos vacunarnos para protegernos”. Mientras aparece latente la amenaza del rebrote de otras enfermedades y patologías donde la vacunación ha caído a niveles alarmantes, por debajo de la mitad de la población indicada.
La imagen más destacada del evento fue quizás el momento donde fue presentado el “hombre imán”, quien supuestamente exhibió las “secuelas” de la aplicación de dos dosis de la vacuna contra el Covid-19 de AstraZeneca, abonando la tesis infundada de una supuesta magnetización como efectos secundario de las vacunas. O la llamativa vinculación de la vacunación de la Triple Viral con un supuesto aumento de los casos de autismo. Y otros desbarranques como la supuesta presencia de aluminio en sangre como resultado de la aplicación de vacunas.
Todo el evento estuvo dominado por el espíritu que rodea las convocatorias de este tipo, donde un puñado de personas, con profesiones diversas –alguno que otro con título universitario- realiza afirmaciones infundadas y categóricas sobre el sistema sanitario y las vacunas, sin evidencia científica alguna y/o respaldo académico con un mínimo nivel de validación y constatación entre pares, apelando a supuestas pruebas sin chequeo alguno y datos de dudosa procedencia. Un discurso que solo puede ganar terreno y encajar debido al desprestigio y la desconfianza de las instituciones del poder, en el que anidan todo tipo de teorías conspiranoides las cuales, en su mayoría, son funcionales al mismo poder.
Esta desconfianza también surge del caracter oligopólico de la producción de vacunas en manos de un puñado de farmacéuticas y capitalistas internacionales, cuyo interés privado ha dado lugar a diversos problemas sanitarios, incluidos casos de medicamentos con efectos secundarios y adversos y/o contaminados por procesos productivos defectuosos y controles laxos. Esto demanda la necesidad de promover la producción pública e independiente de las patronales, con propósitos sanitarios y los controles en manos de los trabajadores y profesionales.
Estas políticas negacionistas se inscriben en una lógica de atentado directo contra la salud pública, justificando las políticas de ajuste del gobierno nacional y la restricción de vacunas y límites al acceso a la salud en nombre de la “libertad”. No solo afectan a la exposición directa de quienes no se vacunan sino también a la afectación de aquellos grupos vulnerables que no pueden vacunarse y que son expuestos al contagio de diferentes enfermedades que se creían controladas.
Hay que terminar con estos discursos anticientíficos y negacionistas, develando su verdadero trasfondo que intenta justificar el ajuste en Salud, y poner en pie una fuerte campaña sanitaria y de vacunación para revertir el cuadro crítico actual y la emergencia de viejas epidemias y enfermedades. Una idea que choca contra el Presupuesto de ajuste del Milei y que requiere de más fondos para la salud pública y las políticas sanitarias.




