04/03/2021
CORONAVIRUS

Brasil es el nuevo epicentro de la pandemia

Colapso sanitario, pico de muertes y un virus que no da respiro.

Brasil está registrando los peores números desde que inició la pandemia. En solo 24 horas, alcanzó su pico de muertes diarias: 1.910. Acumula casi 11 millones de contagios y más de 250 mil muertes desde el comienzo de la pandemia.

Con 71.704 nuevos casos, este miércoles superó a Estados Unidos en cantidad de contagios diarios, transformándose en el nuevo centro de la pandemia.

La nueva cepa brasileña y la falta de medidas sanitarias es una combinación mortal.

Colapso sanitario

La posibilidad de colapso es lo más preocupante de la situación sanitaria de Brasil. En Manaos, capital del Estado de Amazonas, el coronavirus golpeó fuertemente al inicio de la pandemia. Incluso se creyó que su población había alcanzado la inmunidad de rebaño, pero a mitad de enero de este año los casos empezaron a subir nuevamente y los hospitales se quedaron sin reservas de oxígeno, aunque el Ministro de Salud del país fue avisado cuatro días antes que el suministro se estaba agotando.

El nuevo pico de contagios en Manaos es obra de la cepa brasileña recientemente descubierta. Según el Centro Brasil-Reino Unido para el Descubrimiento, Diagnóstico, Genómica y Epidemiología de Arbovirus (Cadde), la variante es entre 1,4 y 2,2 veces más transmisible y puede reinfectar a quienes ya cursaron la enfermedad.

Ahora se teme que algo similar a lo que ocurrió en Manaos se replique en capitales aún más grandes, lo que podría generar una catástrofe sanitaria.

San Pablo tiene todas las fichas para ocupar ese lugar. El Estado más rico y poblado de Brasil (46 millones de habitantes) hoy también es el de mayor cantidad de muertes acumuladas (60 mil) y de contagios (2 millones, 20% de los totales). El gobernador João Doria asumió que “están al borde de un colapso sanitario” y se vio obligado a declarar la vuelta a la fase roja, es decir, una cuarentena estricta solo con actividades principales.

Vacunación

Vale la pena preguntarse entonces por qué no se está poniendo en pie una de las estrategias más importantes de prevención. Una de las razones del desmadre sanitario es el accionar negacionista de Bolsonaro desde el comienzo de la pandemia, cuando la llamó “gripecita”, hasta sus declaraciones del miércoles, donde rechazó nuevamente las cuarentenas. Parte de su política fue la de utilizar los fondos de emergencia para comprar fármacos que no estaban aprobados contra el Covid a la vez que rechazó las ofertas de venta de las vacunas.

Por lo que la campaña de vacunación no solo comenzó tarde, a mitad de enero, sino que también se está desarrollando a un bajo ritmo, con menos del 4% de su población vacunada.

Incluso Bolsonaro rechazó las cuarentenas porque iba a haber muertos “por hambre y depresión”, cuando su gobierno se encargó de profundizar la descarga de la crisis sobre la clase obrera, con la disparada del desempleo, la pobreza y el descalabro económico más general. La responsabilidad también es de los gobiernos estaduales, donde se aplicaron cuarentenas limitadas que fueron levantadas frente a los reclamos de los distintos sectores patronales.

La situación del país vecino significa también un peligro para el delicado sistema de salud argentino. Ya se registraron dos casos de la nueva cepa brasileña en nuestro país. Sin embargo, el gobierno actúa como si la pandemia estuviese terminada y reabre más actividades sin condiciones sanitarias garantizadas, como es el caso de las escuelas que vienen acumulando casos de Covid nuevos todos los días. El ritmo de vacunación se asemeja al de Brasil; este se encuentra en 0,12 cada 100 habitantes y Argentina 0,13.

La segunda ola en el país limítrofe es una advertencia para el conjunto de Latinoamérica. Hoy la clase obrera debe redoblar la lucha por un aumento presupuestario en materia de salud para reforzar los sistemas sanitarios, aumentar la cantidad y de testeos y garantizar mejoras salariales para el personal de salud; el dinero debe provenir del no pago de la deuda externa para que la crisis no la paguen los trabajadores.

 

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