31/03/2021
CORONAVIRUS

Buenos Aires: al menos 9 clínicas privadas cerraron durante el 2020

En plena pandemia se cierran establecimientos de salud.

El reciente cierre de la Clínica San Andrés puso sobre la mesa la realidad de muchos centros de salud: en medio de la pandemia, allá por mitad del 2020, al menos 9 clínicas privadas de la Provincia de Buenos Aires fueron clausuradas por tiempo indeterminado o, en algunos casos, cerradas definitivamente, dejando al sistema de salud con menos profesionales y centros de salud activos y a cientos de trabajadores en la calle, como en Zona Norte, donde la Municipalidad de Vicente López cerró tanto el Centro de Salud Norte como el Sanatorio Mariano Pelliza y culminó con el despido de cerca de 500 trabajadores.

En algunos casos se procedió a la clausura por falta de cumplimiento de protocolos de Covid y ocultamiento de contagios; en otros, el vaciamiento lento pero constante por parte de las patronales desencadenaron en el cierre de los centros de salud, cómo es el caso de la San Andrés.

A estos nombres (San Andrés, Centro de Salud Norte y Sanatorio Mariano Pelliza) se suman la Clínica Sagrado Corazón (Hurlingham), la Nueva Comahue (Temperley), la San Carlos (Escobar), la Brandsen (Quilmes), el Sanatorio Plaza (Escobar) y la Clínica Los Almendros (Don Torcuato). Todas ellas atienden por PAMI, Obra Social que en algunos casos llevó adelante las denuncias pero no encaró ningún reclamo por su reapertura ni expresó preocupación por que no se cierren los centros de salud de los afiliados. Es el mismo proceso que ocurrió con el Hospital Español en CABA, donde la titular del PAMI se limitó a responsabilizar a Larreta por Twitter y no dirigió investigación alguna sobre por qué el Hospital Español o el resto de los centros clausurados se encontraban en dichas condiciones.

Un punto que tienen que común es que, excepto en el caso de la Clínica San Carlos que fue tomada por el Municipio, ninguna gobernación se hizo cargo del resto de los centros, dejándolos como peso muerto en una situación sanitaria sumamente aguda. Incluso, si sumamos el hecho de que muchos cerraron durante los meses de junio y julio de 2020, en medio del pico de casos de la primera ola, la responsabilidad de los gobiernos se vuelve doble.

La situación sanitaria de la provincia de Buenos Aires va de la mano del vaciamiento y abandono en materia de salud que reflejan estos cierres. Los mismos chocan con un dato alarmante: hace tres semanas, había 570 camas de Covid ocupadas; hoy, hay 100 camas ocupadas más, llegando a un total de 670. Si este ritmo de ocupación de camas continúa, en pocas semanas nos espera un colapso sanitario peor que el de 2020.

Las “restricciones” parciales que se anunciaron esta semana son un parche frente al aumento desmedido de casos, que el domingo pasado reflejaron una suba del 215% con respecto al mismo día de la semana anterior. Daniel Gollan, ministro de Salud de la PBA tuvo que salir en conferencia a dar explicaciones, pero continuó apelando a la responsabilidad y el cuidado de todos y todas las bonaerenses, aunque nadie cree que la tasa de aumento pueda verse disminuida por cerrar las actividades de 2 a 6 de la madrugada y limitar las reuniones a 10 personas.

Según el Ministerio de Salud de la PBA, con estas medidas esperan reducir el ritmo de contagios para “conseguir todo el tiempo posible para seguir vacunando”. Durante los últimos meses, la única estrategia sanitaria a la que apuntó el gobierno nacional fue la inoculación, pero nunca se puso en marcha un ritmo adecuado, y ni hablar de la escasez de dosis que predomina actualmente, aunque Argentina es una gran productora de vacunas con la capacidad de poner en pie una producción masiva que pueda solventar la demanda de nuestro país y de América Latina. Eso sí, siempre que se pongan los recursos, cosa que el gobierno no estaría haciendo.

Tampoco han servido estos meses de disminución de casos para poner en marcha un sistema de salud centralizado, que junte los recursos privados, públicos y de las obras sociales, de manera que se maximice la llegada a la salud por parte de la población y los elementos esenciales, como respiradores, camas, etc., estén efectivamente al servicio de la población. El abandono de los trabajadores de la salud, tanto en materia salarial como en condiciones laborales es brutal, como lo muestra la pérdida de cientos de puestos de trabajo en cada una de las clínicas, pero también los masivos contagios de profesionales, como ocurrió en la Clínica San Carlos, mencionada previamente.

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