22/06/2021
coronavirus

La variante Delta y los ritmos de vacunación

La necesidad de aplicar las dos dosis y la política sanitaria oficial.

La nueva variante del coronavirus, primero denominada india y luego Delta, se está llevando todas las miradas por ser la causante del importante aumento de casos de Covid-19 en el hemisferio norte, incluso en aquellos países con un alto porcentaje de su población inmunizada. Aparentemente, la administración de una sola dosis tendría una eficacia disminuida ante esta variante, de tan solo el 33%.

Originada en India a finales de 2020, fue la responsable de la crisis sanitaria que vivió dicho país en mayo de 2021, con promedios de 400 mil casos y 4 mil muertes diarias (Our World In Data). Hoy, es la causante de casi el 100% de los casos en Reino Unido y el 10% en Estados Unidos. En Europa su aparición es desigual: 80% en Portugal, 10% en España, 4% en Alemania (El Mundo, 22/06).

Este escenario, que algunas regiones ya lo denominan “tercera ola”, implica que los países imperialistas se encuentren presionados a redirigir sus estrategias sanitarias en tanto se ven amenazados por una variante entre 40% y 60% más transmisible que la originada en Wuhan. Además, según los datos rescatados de los países azotados por esta cepa, estaría asociada a un mayor riesgo de hospitalizaciones y síntomas más leves, lo que hace más sencillo para la población confundirla con un resfriado. Para la OMS es una variante de alto interés y ya advirtió que “tiene el potencial de ser más letal” (Telam, 21/06).

Los esquemas de vacunación en la mira

La preocupación de los países del hemisferio norte es que, incluso con la vacunación avanzada, los contagios siguen en franco ascenso. El caso más emblemático es el de Reino Unido. Allí, se aplicaron ambas dosis al 47,2% de la población y una al 64,7%. Si bien aún no alcanzaron la “inmunidad de rebaño”, durante mayo se registraron los promedios más bajos desde septiembre del año pasado. En junio, a solo un mes del recrudecimiento de la pandemia en India, los casos aumentaron hasta llegar al día de hoy a un promedio de 9.500 diarios (70% más). Vale destacar que el 68% de los contagios se dieron en personas no vacunadas, y particularmente en el grupo etario de 10 a 29 años. Para las hospitalizaciones, las edades más afectadas fueron de los 25 a los 44 años, lo que puso en jaque la política aperturista de Boris Johnson y obligó al gobierno británico a retrasar la apertura de las restricciones hasta el 19 de julio, a solo una semana de eliminar el uso obligatorio de barbijo.

La tendencia se está extendiendo lentamente al resto de Europa, y se espera que para la segunda parte del año sea la variante dominante en todo el continente. Varios virólogos ya alertaron que Italia será una de las próximas afectadas, especialmente en el periodo septiembre-octubre, cuando finaliza el verano y las temperaturas más bajas comienzan a sentirse. En España esperan su llegada a mediados de julio, pero la tranquilidad de la población radica en que su política de administración de vacunas fue distinta a la de Reino Unido y hoy se consagra como una de las naciones europeas con más segundas dosis administradas.

También llama la atención el caso del país más vacunado del mundo, Israel. El uso de barbijo fue eliminado hace una semana, sin embargo las autoridades tuvieron que dar marcha atrás en dos localidades por rebrotes en escuelas, sumado a que este lunes reportaron 123 casos nuevos, el número más alto desde abril. El 90% de ellos era portador de la nueva variante y el 40% estaba vacunado, así como lo está el 60% de la población.

Esta vez, el aumento de casos no se vio acompañado de un aumento de igual magnitud en las formas graves,  hospitalizaciones y muertes, lo que prueba que la vacunación atenuó los efectos del virus en aquellas personas con dos dosis. Pero también que el capítulo del coronavirus no se cerrará hasta que la gran mayoría de la población mundial esté vacunada, difícil de llevar a cabo si se tienen en cuenta las nuevas trabas en la vacunación mundial, que incluye el acaparamiento de dosis y la monopolización de insumos claves. Hasta la OMS tuvo que admitir el «fracaso mundial» en la distribución de vacunas, que finalmente es el fracaso de los organismos de coordinación internacional, de los Estados capitalistas y sus gobiernos de ponerle en pie estrategias en común que centralicen los recursos y los conocimientos.

Argentina: pocos con una dosis y aún menos con dos

La ministra Carla Vizzotti declaró este lunes en conferencia de prensa que “es posible que se necesite una tercera dosis de refuerzo”. Sin embargo, Argentina está aún muy lejos de ese esquema de vacunación. En nuestro país, solo 3.719.982 personas fueron vacunadas con las dos dosis, apenas por encima del 8% de la población total. Ni siquiera alcanza para cubrir a la población de riesgo, aproximadamente 15 millones de personas, entre las que se incluyen los mayores de 65 y grupos con comorbilidades.

En este escenario, es evidente que se debería, al menos, repensar los esquemas que defiende el Ministerio de Salud y sobre todo apuntar a una política de producción y adquisición masiva de vacunas para administrar la segunda dosis con prioridad a los grupos de riesgo y avanzar en la inmunización del resto. Pero el gobierno ha insistido incontables veces en que la estrategia elegida es la de vacunar a la mayor cantidad de gente posible difiriendo las dosis por períodos de tiempo mayor a los recomendados originalmente.

Aunque estos probablemente se puedan extender conservando la inmunidad, la amenaza de la variante Delta y las experiencias del hemisferio norte son algo que se debe observar, sobre todo teniendo en cuenta que Argentina reportó 3 casos de la nueva variante, aún sin circulación comunitaria. El gobierno ya fracasó en prevenir la segunda ola, que se transitó sin reforzamiento del sistema de salud y sin vacunación asegurada.

Al igual que en aquel entonces, las declaraciones de la ministra y las flexibilizaciones de las medidas de restricción dan cuenta de que no hay un esquema de prevención para la posible llegada de la variante Delta.

El problema de fondo es el ajuste imperante que se expresa, por un lado, en no poner en pie ni garantizar la inversión que requiere el desarrollo de una vacuna estatal bajo control de los trabajadores, que daría por terminado el negociado que están armando los pulpos farmacéuticos en el país.

Por el otro, se expresa en la disminución del ritmo de vacunación de la última semana, un 20% menos que la anterior. En lo concreto, esto significa que, incluso aunque tengamos las 42 millones de dosis necesarias para garantizar la inmunidad efectiva y completar los esquemas de todos los mayores de 18, a este ritmo se tardaría 182 días en administrarlas, que puede ser muy tarde si la variante ingresa al país. Es decir que, ante la posibilidad de que las vacunas sean menos eficaces, no solo es necesario poner todos los recursos para la instalación de más vacunatorios, contratación de personal y la logística en la distribución de las dosis, sino también para el reforzamiento del sistema de salud, que ya demostró las limitaciones presupuestarias que tiene en la actualidad.

 

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