02/06/2021

Los impactos psicológicos del Covid y la falta de políticas en salud mental del gobierno

La ministra de Salud afirmó públicamente que “todos vamos a tener problemas de salud mental”.

La ministra de Salud nacional Carla Vizzotti hizo declaraciones públicas este lunes respecto a la salud mental de la población en medio de la pandemia y una segunda ola de contagios. Las mismas se produjeron en el marco de una entrevista con el programa “Desde el Llano”, transmitido en Todo Noticias. Allí, la funcionaria habló de la situación de las clases presenciales y de cómo el aislamiento afecta a los distintos grupos etarios. Hizo hincapié en que “todos vamos a tener problemas de salud mental, pero hay una pandemia”. De esta manera, dio por sentados los impactos psicológicos que dejará la pandemia por Covid-19, dando a entender que estas consecuencias no entran dentro de las prioridades del gobierno.

Así la funcionaria afirmó que “problemas de salud mental vamos a tener todos, porque estamos viviendo una situación crítica, humanitaria, que no hay precedentes en el siglo”. Vizzotti, lejos de problematizar el enorme impacto que sufrirá la salud mental, intenta naturalizar las secuelas que esto va a significar para la población.

Pero los efectos de la pandemia y el aislamiento en la salud mental de la población mundial son un hecho, y deben ser parte de las políticas en salud del gobierno. Hay estudios que comprueban que durante el 2020, las tasas de suicidio en todo el mundo aumentaron exponencialmente. De acuerdo a una encuesta de Unicef que contó con la participación de más de 8 mil jóvenes latinoamericanos entre 13 y 19 años, el 27% reportó haber sufrido de ansiedad y el 15% de depresión en el transcurso de la pandemia.

Hace apenas una semana, se hicieron públicos los resultados de una investigación realizada por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA). De una muestra de 742 casos a nivel nacional, el 64,4% de los participantes reportó fallas cognitivas (entre leves, moderadas y severas). A su vez, más del 56% percibió síntomas compatibles con depresión clínica y más del 45% aseguró haber tenido sintomatología ansiosa entre moderada y severa. [1]

Aún más recientes son los estudios que hicieron públicos especialistas de la Universidad de Oxford, que hablan de lo que denominaron un “tsunami cerebral”. Las formulaciones parten, por un lado, de lo que los profesionales observan en su práctica clínica cotidiana y, por otro, de un estudio publicado el mayo pasado en la revista The Lancet Psychiatry. Esos estudios arrojan que 1 de cada 3 personas que tuvo Covid luego tuvo algún problema neurológico o psiquiátrico, seis meses después de la infección aguda. El concepto de “tsunami cerebral” en sí mismo hace referencia a las consecuencias a largo plazo que podría tener el Covid. Entre ellas psicosis, esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno delirante o paranoia. Esto en correlación con que el Sars-CoV2 es un virus que tiene “predilección” por el sistema nervioso central así como por otros tejidos. [2]

Comprobados los efectos e impactos psicológicos de la pandemia, es fundamental un plan estatal que aborde las problemáticas de la salud mental del conjunto de población, especialmente en los sectores más pobres, que además de tener que sobrellevar esta pandemia con escasos recursos tienen que luchar contra la miseria y el hambre en los que nuestro país se ve sumergido. Esto lógicamente no es sin consecuencia en la subjetividad de este sector de nuestra sociedad, la cual prácticamente no ha tenido acceso al sistema de salud mental producto del histórico vaciamiento y desfinanciamiento que han llevado adelante los gobiernos de las últimas décadas. Esta política hoy más que nunca muestra sus consecuencias.

Según la ley de Salud Mental sancionada en el año 2010, el Estado nacional debe destinar el 10% del gasto total de salud a salud mental. Sin embargo, lejos de ser así, los gobiernos optan por una tendencia a la baja presupuestaria. Para este año se destino el 0,5% del PBI a salud y solo el 1,47% de ese presupuesto fue para la salud mental. El ajuste es escandaloso porque, mientras se destinan solo en lo que va del año más de $400.000 millones en concepto de pagos de intereses de Leliq, el presupuesto anual para la Salud Mental está por debajo de los 200 millones de pesos. Los números hablan por sí solos. [3]

En este cuadro, es urgente avanzar con un plan de salud mental integral, comunitario, desmanicomializador e interdisciplinario en cada uno de los barrios y efectores de salud, para poder trabajar en lo inmediato con la población afectada por la pandemia. Para que todo esto suceda, se requiere de un presupuesto acorde, que deje de violar la ley de Salud Mental. Sin presupuesto para salud mental no hay cuarentena ni, mucho menos, salud integral.

Fuentes

[1] https://www.telam.com.ar/notas/202105/555406-ansiedad-depresion-falencias-neurocognitivas-secuelas-coronavirus-uba.html

[2] https://www.lanacion.com.ar/sociedad/tsunami-cerebral-nueva-advertencia-sobre-efectos-psiquiatricos-a-largo-plazo-en-recuperados-de-covid-nid01062021/

[3] https://argentinasinmanicomios.acij.org.ar/wp-content/uploads/2020/11/Presupuesto-y-salud-mental-l-2020.pdf

 

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