30/11/2021
pandemia

Ómicron: la nueva variante de coronavirus que pone en alerta al mundo

Tiene más de 30 mutaciones en comparación con la cepa original.

Reuniones del G7, vuelta del barbijo obligatorio y cierre de fronteras, son algunas de las respuestas oficiales de los países frente a la amenaza de la nueva variante de coronavirus, Ómicron. Desde su declaración como variante de preocupación por la Organización Mundial de la Salud el viernes pasado, los gobiernos han demostrado que ninguno tiene certeza sobre qué medidas tomar frente al surgimiento de una nueva cepa, mientras muchos países que ahora registran casos de Ómicron aún siguen bajo el efecto de la variante Delta y están sufriendo sus consecuencias en estos momentos.

Por su parte, el gobierno argentino resolvió que quienes lleguen del continente africano y las zonas afectadas deberán cumplir con un PCR negativo desde el origen, un test de antígeno a su llegada y cuarentena obligatoria de 7 días. La improvisación de las medidas sumado al desmantelamiento de los dispositivos para detectar el Covid-19 desde hace varias semanas causaron que se “colara” un barco desde Cabo Verde sin controles donde habría un caso positivo. Más allá de las versiones que indican que la confusión fue porque las autoridades encargadas no sabían donde quedaba Cabo Verde -algo que la ministra de Salud y la directora de Sanidad de Fronteras se encargaron de desmentir-, lo cierto es que no quita lo inerme de las medidas para enfrentar la llegada de la nueva variante.

La preocupación por Ómicron radica en su alta tasa de mutaciones, lo que la asociaría con “un potencial de escape inmunológico y una mayor transmisibilidad”, según la OMS. La primera imagen obtenida de la variante por el hospital Bambino Gesù en Roma demostró que las mutaciones son más de 55, de las cuales 30 se concentran en la proteína Spike, responsable del reconocimiento de las células humanas y de la entrada del virus a ellas y flanco de acción de las vacunas y los anticuerpos monoclonales. Es por eso que ya se comenzó a testear la efectividad de las vacunas actuales sobre la misma, y varios laboratorios -entre ellos Pfizer y Moderna- comunicaron las posibles fechas de lanzamiento de las dosis adaptadas, avizorando la gran comercialización que tendrán en todo el mundo.

Fuente: Hospital Bambino Gesù de Roma.

Para la OMS “el riesgo global general relacionado con la nueva variante de preocupación Ómicron se evalúa como muy alto”. Aunque todavía falta recabar información al respecto, los números de Sudáfrica demuestran que la circulación de la variante aumentó la positividad de menos del 1% al 30% en tres semanas y rápidamente se está extendiendo por el mundo. Además, por las particularidades de las mutaciones, los expertos afirman que es probable que cuente con un mayor riesgo de reinfección. Los países de Europa responden cerrando fronteras, pero lo hacen de manera tardía y a costa de aislar al continente africano, compuesto por las naciones más pobres en términos económicos y sanitarios.

La irresponsabilidad de todo un sistema

En este sentido, una de las razones por las que se sugiere apareció la variante Ómicron es debido a la alta tasa de contagios en una zona con bajos porcentajes de vacunación. “Probablemente ha surgido en otro país y se ha detectado en Sudáfrica, que tiene muy, muy buena capacidad y capacidad de secuenciación genómica… bien podría ser una consecuencia de un brote, probablemente en algunas partes del África subsahariana, donde no hay una gran cantidad de vigilancia genómica y la tasa de vacunación es baja”, afirmó Michael Head, investigador principal en salud global en la Universidad de Southampton, a CNN. Solo el 7% de los 1.300 millones de habitantes de África recibieron el esquema completo y únicamente 1 de cada 4 profesionales de la salud; según Our World In Data, en el mundo el 5,9% de las personas en países de bajos ingresos recibieron al menos una dosis.

Son cifras que responden al reparto desigual de las vacunas producto del acaparamiento de las dosis por parte de los países centrales y las dificultades en la logística detrás del proceso de vacunación para los países menos desarrollados. Los mismos laboratorios que dicen tener la capacidad de lanzar una nueva vacuna en menos de 100 días se niegan a liberar las patentes y la tecnología de manera que se pueda poner en pie una producción masiva que permita vacunar a toda la población y así evitar, al menos parcialmente, la aparición de nuevas variantes. Incluso han desarrollado fármacos para evitar las formas graves de la enfermedad que serían producidos justamente en aquellos países con menos posibilidades de comercializar vacunas, pero sin garantía de que lo fabricado vaya a su población ni de los precios de dichos medicamentos.

Esta lógica de mercado fue avalada por los Estados capitalistas, quienes impulsaron a través de subsidios y financiación la colocación de los laboratorios en el mundo, dándoles ventaja a los privados por sobre cualquier desarrollo estatal. Junto a eso, llenaron los bolsillos de las empresas firmando acuerdos de confidencialidad con cláusulas especiales que les garantizaron inmunidad frente a posibles efectos adversos a espaldas de la población, sin conocimiento público de los precios, el cronograma de entregas ni de lo pactado entre ambas partes, muchos de ellos en pos de hacerse antes con las vacunas. Así, los países centrales obtuvieron dosis para cubrir dos o hasta tres veces su población relativamente rápido, mientras que otros tantos quedaron en el olvido de la campaña mundial de inmunización.

Para Ayoade Olatunbosun-Alakija, vocera de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas, “la falta de voluntad política y la inexistencia de una campaña global de vacunación -es decir, un esfuerzo que logre que todos los habitantes de este planeta tengamos acceso a las vacunas- hizo que emergiera esta variante en zonas muy vulnerables de África”. El caso recuerda a lo sucedido en India, donde los primeros meses del año se vivió uno de los mayores rebrotes de la pandemia debido a las bajas tasas de inmunización, aunque el país es el mayor productor de vacunas a nivel mundial.

Efectivamente, cualquier intento de organización bilateral como la iniciativa Covax de la OMS demostró su fracaso en tanto no tuvo intenciones de ir a fondo con planteos como la liberación de patentes, principalmente porque está compuesta por los máximos mandatarios de los Estados defensores de los laboratorios. En cambio, funcionó como una fachada de cooperación internacional mientras facilitaban la firma de contratos leoninos para los países con menos capacidad de negociación.

El modus operandi utilizado para el desarrollo de vacunas es aplicable al resto de los avances científicos para la detección, prevención y tratamiento de Covid-19, como demuestra el nuevo negocio con las píldoras entre gobiernos, Estados y laboratorios. Es el régimen político y social capitalista en su conjunto el responsable de que, cada vez que parece que vamos a superar la pandemia, surja una nueva cepa más letal y transmisible. Es por eso que está más vigente que nunca el planteo de liberación de las patentes, insumos y tecnología, no solo porque choca con los intereses de los mencionados negocios, sino también porque es la única salida viable y humana a la pandemia. La lucha por esta debe venir acompañada de todo un programa sanitario mundial que contemple la expropiación de los laboratorios productores y su control obrero, de manera que se pueda cubrir las necesidades de vacunación mundial, y el acondicionamiento de las plantas que aún no tienen la capacidad.

En Argentina, uno de los reclamos centrales del próximo periodo será el aumento presupuestario en materia sanitaria y la preparación del sistema de salud para enfrentar la posible tercera ola, incluida la vuelta de los centros de testeos y de vacunación cerrados. También aumento del presupuesto para ciencia y técnica de manera que podamos desarrollar una vacuna nacional con financiamiento estatal y bajo control de sus trabajadores, y que se pueda extender su producción a todas las plantas del país. Para ello, es necesaria la estatización de toda la industria farmacéutica y la centralización del sistema de salud. La financiación de todo este programa en defensa de las vidas obreras debe venir de la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda.

 

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