01/07/2021
Vacunas contra el Covid-19

¿Qué traba la fabricación de las segundas dosis de Sputnik Vida?

Hay principio activo en el país pero una solo empresa se encarga de envasarlo.

Todos aquellos que fueron vacunados con la primera dosis de Sputnik se encuentran en vilo ante la incertidumbre de cuándo llegarán las segundas dosis, fundamentales para lograr la inmunidad frente a la variante Delta, que viene en camino. El gobierno ruso ya confirmó que habrá demoras dado que priorizará avanzar en la vacunación al interior de su territorio. Sin embargo, el laboratorio Richmond, que está a cargo de la fabricación de la Sputnik en Argentina, cuenta con grandes cantidades del principio activo del segundo componente que podría envasarse y distribuirse ¿Por qué no ocurre?

El empresario Marcelo Figueiras, presidente del laboratorio Richmond -el cual tiene un convenio con el laboratorio Gamaleya (Rusia) para producir localmente la Sputnik Vida- anunció que cuenta con 100 litros del principio activo del segundo componente, los cuales todavía no han sido envasados. A su vez, dijo que el lunes recibirá 560 litros más. Es decir, sumando ambas cantidades, en pocos días contará con principio activo suficiente como para fraccionar en 1 millón de segundas dosis.

Ahora bien, el envasado lo terceriza en el laboratorio MR Pharma, ubicado en Tortuguitas. Según sus palabras, fue el único que aceptó realizar la tarea puesto que otros laboratorios dedicados al fraccionamiento, llenado y envasado no lo vieron como un negocio redituable y prefirieron seguir despachando otros productos médicos. No obstante, MR Pharma se lleva 1/2 dólar por vacuna, y, hasta el momento, produjeron con Richmond 450 mil dosis.

Es evidente que si todo el envasado del componente 2 recae en un solo laboratorio se tardará más en que las dosis lleguen a la población. Una demora muy costosa en términos sanitarios ya que el tiempo apremia: al país llegaron hasta el momento 8.234.670 dosis del componente uno de Sputnik y apenas 1.890.160 del segundo componente, y, como dijimos anteriormente, para estar protegido frente a la llegada de la variante Delta, de mayor transmisibilidad, es necesario estar vacunado con ambas dosis. Vale aclarar que el segundo componente de Sputnik es diferente al primero ya que se utilizan dos adenovirus distintos, Ad26 y Ad5 respectivamente.

No podemos saber a ciencia cierta si el verdadero motivo de que no haya otra empresa local dedicada a envasar la Sputnik Vida es la «poca» rentabilidad del negocio o el afán de concentrarlo en menos manos. Lo que sí sabemos es que existe la capacidad técnica en el país para que más laboratorios se puedan ocupar del envasado de la misma, y, de este modo, agilizar la producción y distribución de las tan ansiadas segundas dosis. Si seguimos de este modo, el «cuello de botella» se agravará a medida que continúen enviando desde Rusia más vuelos con el principio activo para la fabricación de la vacuna en suelo argentino.

Lo que no hay es voluntad alguna por parte del gobierno de Alberto Fernández de tocar los intereses de los laboratorios privados. Lo que correspondería en esta situación, es una intervención estatal de aquellos establecimientos que estén equipados para envasar vacunas y ponerlos a disposición de completar la producción del millón de dosis, cuyo medio activo terminará de arribar a la Argentina el próximo lunes. Esto ayudaría a acelerar el plan de vacunación, garantizando una mayor protección para la población.

Esta medida está lejos del horizonte oficial. En primer lugar, el gobierno firmó un acuerdo confidencial con Gamaleya a la medida del laboratorio; sin ir más lejos, de las 30 millones encargadas solo llegaron 10.124.830 y tamaño incumplimiento no trajo aparejado ningún punitorio. Por otra parte, contamos con la experiencia de lo que ocurrió con el laboratorio del grupo Sigman, en Garín, el cual el oficialismo se negó a intervenir, permitiendo un enorme retraso en la llegada de las vacunas de AstraZeneca fabricadas allí y envasadas en México. Es decir, en la gestión de la pandemia por parte de Alberto Fernández primó siempre la defensa del negociado de las farmacéuticas, a costa de la salud de la población.

Nuevamente el gobierno opta por aletargar el envasado de dosis en función de priorizar los intereses de los empresarios. En ese sentido, dar paso a una producción nacional de vacunas, poniendo a disposición todos los recursos públicos y privados del país, bajo control de un comité médico-científico se hace más necesario que nunca. Esto debe ir acompañado de la liberación de patentes y poner fin al secretismo de los contratos con los laboratorios. Es fundamental romper con el FMI, repudiar la deuda externa usuraria y aplicar un impuesto progresivo y permanente al gran capital para financiar este plan.

 

 

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